sábado, 15 de abril de 2017

El capitalismo como sucesor espiritual del cristianismo



El capitalismo no es más que una evolución del cristianismo, la adaptación de un mismo espíritu a unos tiempos nuevos. Probablemente, con el paso del tiempo y con los nuevos avances, el capitalismo irá, poco a poco, perdiendo su influencia social, igual que le ocurrió al cristianismo, para dejar paso a un nuevo sistema de ideas, bajo el que subyacerá el mismo espíritu. De hecho, lo que en su día dio forma a la idea del paraíso celestial, y más tarde a la del Estado del bienestar, es lo mismo que hoy está detrás de internet; no hay tanta diferencia entre la antigua mojigatería, el materialismo burgués y la moderna adicción a las cibernéticas redes sociales.

"Somos seres muertos desde el momento de nacer. Además, hace ya mucho tiempo que no nacemos de padres vivos, lo que nos complace sobremanera. Pronto descubriremos el modo de nacer directamente de las ideas." (Fiódor Dostoyevski, Memorias del subsuelo, Parte II)

http://www.ivoox.com/capitalismo-como-sucesor-espiritual-del-cristianismo-audios-mp3_rf_18041294_1.html

Material adicional incluido en el audio:
Extractos de películas
- La chaqueta metálica (1987), dirigida por Stanley Kubrick
- The game (1997), dirigida por David Fincher, escena interpretada por Michael Douglas y Armin Mueller-Stahl
Tema musical
- El centro de tus ojos, del grupo musical Amaral

------------------------------------------

Recomendaciones complementarias

Trainspotting - Prefiero el trapecio



Y para terminar, os invito a meditar con este sugestivo tema musical

lunes, 27 de marzo de 2017

La homosexualidad, un efecto colateral del ginocentrismo (audio)

"¡Ay, ay! ¡Oh altaneras, destructoras de las familias, Erinis de la muerte, que habéis aniquilado de raíz el linaje de Edipo!" (Esquilo, Los siete contra Tebas)



https://www.ivoox.com/homosexualidad-efecto-colateral-del-ginocentrismo-audios-mp3_rf_17763818_1.html

La homosexualidad no es una tendencia sexual natural; si lo fuera, hace tiempo que nos habríamos extinguido como especie. Se trata simplemente de un fenómeno cultural, lógico y comprensible en una sociedad donde la virilidad viene siendo satanizada desde hace siglos. La popularidad de la que hoy goza esta tendencia sexual es consecuencia directa de la radicalización del sistema de ideas imperante (ginocentrismo), expresión, a su vez, del estado de decadencia extrema en el que nos encontramos.

Material adicional incluido en el audio:
Extractos de películas
- Marnie la ladrona (1964), de Alfred Hitchcock, escena interpretada por Sean Connery
- Demolition man (1993), de Marco Brambilla, escena interpretada por Wesley Snipes
Tema musical
- After the flesh, del grupo musical My life with the thrill kill kult

(Para complementar con más detalles lo aquí expuesto, recomiendo la lectura del artículo La homosexualidad, un efecto colateral del ginocentrismo)

miércoles, 8 de marzo de 2017

Saúl Craviotto, la violencia de género y twitter, el Gran Hermano en la era cibernética

"Pero en ese mismo instante, produciendo con ello un hondo suspiro de alivio en todos, apareció el rostro del Gran Hermano, con su negra cabellera y sus grandes bigotes negros, un rostro rebosante de poder y de misteriosa calma y tan grande que llenaba casi la pantalla." (George Orwell, 1984, parte I, capítulo I)


Recientemente, el piragüista olímpico español Saúl Craviotto, miembro a su vez del Cuerpo Nacional de Policía, publicó en su cuenta de twitter un vídeo animando exclusivamente a las mujeres a que denunciaran a sus parejas masculinas en caso de malos tratos. Inmediatamente, todos los grandes medios de comunicación (televisión y radio principalmente) se hicieron eco de las declaraciones de este medallista olímpico y policía nacional, dando así a sus palabras una repercusión mediática mucho mayor que si éstas se hubieran quedado en el ciberespacio.

Estas declaraciones, como tantas otras realizadas en los últimos tiempos por importantes personajes públicos, han contribuido muy eficazmente a aumentar el alarmismo social en torno a algo que no debería ocupar más espacio que la página de sucesos de los periódicos, al tratarse de un fenómeno marginal y bastante minoritario, además de por ser algo que debería considerarse como de la esfera privada de los individuos y no un circo mediático. Crear todo este alarmismo con la excusa de tratar de solucionar algo tan complejo como esto -tan o más complejo que el suicidio-, es un auténtico ejercicio de futilidad. Es como si se tratara de evitar que la gente se volviera loca mediante el uso de propaganda gubernamental, diciéndoles algo así como: "Por favor, amigos, no os volváis locos".

Hace unos años, cuando aún había un cierto respeto por la dignidad de los individuos, todo esto habría sido impensable o considerado propio de una sociedad infrahumana. Ni los curas se metían tanto en la vida privada de las personas. Y si lo hacían, eran mucho más discretos y no armaban el escándalo que arman hoy las feministas y los feministos. Aún así, los curas eran vistos con malos ojos por la mayoría de la población precisamente por eso, por meterse en alcobas ajenas a pontificar.

El objetivo de crear alarma social en torno a la violencia intrafamiliar, hablando sólo de aquellos casos en los que las víctimas son mujeres y pasando por alto todas las causas de lo sucedido (incluso la defensa propia), no es otro que el de moralizar al conjunto de la población masculina a través de la presión social. Al presentarnos la violencia intrafamiliar como un fenómeno causado exclusivamente por los varones, lo que se busca es culpabilizar, avergonzar y, de este modo, convertir al conjunto de la población masculina en sujetos acomplejados y fáciles de manipular. No nos engañemos, el bienestar de las mujeres les importa muy poco a los promotores de este maquiavélico plan; si les importara, no habrían convertido todo este asunto en una paranoia colectiva, pues eso sólo las está neurotizando.

Lo llamativo de este caso es el hecho de que haya sido un policía el elegido como personaje principal para representar toda esta gran farsa mediática.

Que un policía, que además es un personaje público con repercusión mediática, anime tan alegremente a las mujeres (y sólo a las mujeres) a presentar denuncias como si tal cosa, sin pararse si quiera a pensar que éstas podrían actuar, en muchos casos, movidas por otros intereses (conseguir un divorcio express, quedarse con la custodia de los hijos y con parte de los bienes del marido o, sencillamente, por venganza), no es simplemente un inocente y espontáneo acto por parte de un individuo aislado, sino un paso más, perfectamente orquestado por el Estado, en la actual campaña de criminalización e intimidación de la población masculina. La mejor prueba de la existencia de una premeditación gubernamental es que, al tratarse de un miembro de los llamados cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, Saúl Craviotto debería haber sido inmediatamente cesado por su irresponsabilidad, por sembrar alarma social y por lo tanto inseguridad, cosa que no ha sucedido ni sucederá nunca.

La gente no es tonta. No hace falta que salga un madero para decirles que denuncien. Si un madero sale públicamente animando a la gente a que denuncie, concretamente a que las mujeres denuncien a los hombres a la más mínima sospecha, se da a entender que no habrá consecuencias jurídicas para la delatora, con independencia de que las denuncias pudieran ser consideradas verdaderas o falsas, concediendo impunidad a la maldad de muchas mujeres y aumentando así el nivel de intimidación hacia los hombres.

En cualquier caso, no hay mal que por bien no venga, y el vídeo publicado por Craviotto en su cuenta de twitter nos concede una oportunidad única para analizar las técnicas y los mecanismo de control social de los que se vale el poder en las complejas sociedades del siglo XXI, donde no se duda lo más mínimo en utilizar todos los subterfugios legales posibles para alcanzar un control totalitario de la población (especialmente de la masculina).

La policía, como institución, no puede decir abiertamente, a través de un medio de comunicación de masas, que la gente no dude en denunciar a su vecino a la mínima, pues resultaría demasiado obvio que nos encontramos bajo un sistema policial no muy diferente al estalinismo, y eso pondría a casi todo el mundo en su contra, más, cuando desde todos los sitios se nos repite una y otra vez que el capitalismo es una especie de paraíso de las libertades, donde la invisible mano del mercado actúa como si fuera la Divina Providencia. Por eso necesita actuar con una gran discreción. Y ¿qué es lo que hace? Pues un miembro del cuerpo, relativamente famoso y con cuenta en twitter, pone un mensaje en ese sentido y, posteriormente, los medios de comunicación de masas se hacen eco de él. Nadie puede ser acusado de nada porque nadie es culpable de nada, pero el objetivo se ha conseguido: intimidar al conjunto de la población masculina. Cravitto puede alegar en su defensa que su intención no era que los medios masivos recogieran sus palabras, y la policía, que simplemente se trata de la opinión aislada de un miembro del cuerpo que ha hecho uso de su legítimo derecho a la libertad de expresión, y que por lo tanto, nada tiene que ver con un acto de propaganda policial. Sin embargo, todo esto no es más que un tremendo ejercicio de cinismo, pues un miembro de un cuerpo militar como es la policía no puede actuar como un simple civil, y más, tratándose de un tema tan delicado como éste. Es de sobra sabido que, una vez ingresas en la policía, tus intervenciones públicas quedan supeditadas a la policía; si cada uno fuera a su bola, sería un cachondeo. Todo este modo de proceder tan cínico es muy parecido a lo que Orwell llamaba el doblepensar [1], cuyo objetivo consistía en camuflar todo lo posible un modo de proceder absolutamente totalitario. Por último, siempre nos pueden decir que, al tratarse de una campaña virtual, todo fue absolutamente aséptico: "nadie resultó herido porque nadie fue obligado a nada a punta de pistola"; que la culpa no es de quien habla, sino de quien escucha, por querer escuchar pudiendo no hacerlo: "nadie obliga a la gente a ver la tele o a mirar internet, ¡sólo faltaba que el sacrosanto derecho a la libertad de expresión fuera puesto ahora en duda! Lo próximo sería abolir la propiedad privada, y entonces, ya no habría forma legal de amparar este sistema, los amigos del comercio tendrían que inventar otra forma más sutil de seguir esclavizando a la "plebe" sin que se dieran cuenta."

El poder político es por esencia totalitario; necesita someter a los individuos en su totalidad, de un modo integral, desde su nacimiento hasta su muerte, pasando por el resto de las etapas de la vida; y especialmente necesita someter a los hombres, por tratarse del mayor recurso productivo con el que cuenta. Además, al tratarse de un modelo social milenario, que se ha estado retroalimentando a sí mismo durante siglos -de oriente a occidente-, el propio sistema ha entrado en una dinámica totalitaria consigo mismo (en esto consiste la decadencia de la que hablan los historiadores), autorregulándose y perfeccionándose por sí solo. En este sentido, la ideología de género sería sólo una evolución de los antiguos totalitarismos, destinada a sustituir a las religiones antiguas y a las ideologías decimonónicas, que ya estaban muy desgastadas y habían perdido prácticamente toda su influencia.

En el fondo, la ideología de género no es más que una adaptación del viejo sistema moral judeocristiano a los nuevos tiempos. El hecho de que su principal objetivo sea el disciplinamiento de los hombres mediante la satanización de la virilidad y la neurotización de las mujeres en su contra, es la mejor prueba de ello. Igual que el judeocristianismo, busca un control total e integral de los individuos a través de su debilitamiento psíquico (complejos de culpa, represión sexoafectiva, adoctrinamiento, etc.). La actual virulencia de este nuevo sistema moral se debe a que nos encontramos en el período culminante de la transición entre la desaparición definitiva de uno y la implantación del otro. Muchas personas han visto en esta naciente religión una forma de escalar posiciones en la pirámide social, y la competencia es feroz: todo el mundo quiere hacer méritos con el fin de ocupar los mejores puestos, todos quieren ser reconocidos como los mejores representantes de la nueva casta sacerdotal.

Este tipo de voluntad de poder, por ser una voluntad de poder que se afirma en la negación de la vida, acabará por conducir al "generismo" y a todos sus representantes al mismo lugar que a sus predecesores: al vertedero de la historia. Tarde o temprano, la gente, agotada por esta nueva forma de nihilismo [2], acabará igual de harta que lo acabó del cristianismo, y entonces su influencia comenzará a descender, y volverán a rodar cabezas... para dar paso a una nueva forma de totalitarismo... aún más perfecto. 

"Lo torcido no puede enderezarse" (Eclisiastés 1, 15)



Notas:
[1] George Orwell, debido a su condición de corresponsal de la BBC y de colaborador habitual de los servicios secretos británicos, era un gran conocedor de las entrañas del sistema que derrotó primero al nazismo y posteriormente al comunismo, y en su obra "1984" dejó plasmadas algunas de las claves de la superioridad de dicho sistema. El doblepensar sería una de ellas. "Doblepensar significa el poder, la facultad de sostener dos opiniones contradictorias simultáneamente, dos creencias contrarias albergadas a la vez en la mente. (...) El doblepensar está arraigado en el corazón mismo del Ingsoc, ya que el acto esencial del Partido es el empleo del engaño consciente, conservando a la vez la firmeza de propósito que caracteriza a la honradez. Decir mentiras a la vez que se cree firmemente en ellas. (...) El gran éxito del Partido es haber logrado un sistema de pensamiento en que tanto la conciencia como la inconsciencia puedan existir simultáneamente. (...) Si uno ha de gobernar, y seguir gobernando siempre, es imprescindible que desquicie el sentido de la realidad. (...) En nuestra sociedad, aquellos que saben mejor lo que está ocurriendo son a la vez los que están más lejos de ver al mundo como realmente es. En general, a mayor comprensión, mayor autoengaño: los más inteligentes en esto son los menos cuerdos. (...) Estas contradicciones no son accidentales, no resultan de la hipocresía corriente. Son ejercicios de doblepensar. Porque sólo mediante la reconciliación de las contradicciones es posible retener el mando indefinidamente. (...) Si los Altos, como los hemos llamado, han de conservar sus puestos de un modo permanente, será imprescindible que el estado mental predominante sea la locura controlada." (1984, parte II, capítulo IX). En el fondo, George Orwell, con el término doblepensar, sólo estaría describiendo el milenario fariseísmo de las castas sacerdotales judeocristianas, algo identificado por Nietzsche de forma mucho más precisa varias décadas antes: "Ese disimulo de sí mismo, ocultándose detrás de una santidad; ese disimulo, monstruosamente genial, que no se ha alcanzado nunca en otro lugar, ni en los libros ni en los hombres; esa falsificación de palabras y de hechos convertida en arte, no son producto de un don individual, de un temperamento de excepción. Eso es debido a la raza. El arte de mentir santamente, que es tan propio del judaísmo y cuyo aprendizaje es uno de los más difíciles y exige un perfeccionamiento técnico de muchos siglos de duración, ha alcanzado el grado más elevado de perfección en el cristianismo." (El Anticristo, 44). Sería asunto para otra reflexión, pero es muy probable que la propia novela de Orwell fuera también un ejercicio de doblepensar, donde, utilizando el recurso literario de la ciencia-ficción, se tratara de hacer pasar como algo totalmente ajeno a este mundo un sistema que sus contemporáneos tenían justo delante de las narices, igual que hacen hoy quienes utilizan el género de la conspiranoia, cuyas bases sentó en los 70 Robert Anton Wilson (otro colaborador habitual de los servicios secretos anglofilos y apóstol del transhumanismo) en su obra Illuminatus!
[2] Tanto el cristiano como el capitalista o el socialista son expresión de esta voluntad nihilista, de esta voluntad de fin, pues necesitan negar la vida para imponerse; en lugar de dejarse arrastrar por ella, necesitan dominarla. El poeta inglés William Blake llegó a la conclusión de que los que están en la cima del poder son los individuos más débiles y enfermos, los más reprimidos, porque poseen una capacidad de la que no dispone la mayoría: la de negarse a la vida, la de no dejarse arrastrar por las energías vitales. "Los gigantes que dieron a este mundo existencia sensible, y que ahora parecen vivir en él encadenados, son, en verdad, la causa de su vida y la fuente de toda actividad. Mas las cadenas son la astucia de mentes débiles y sumisas que tienen poder suficiente como para resistir la energía. De acuerdo con el proverbio, el débil en coraje es fuerte en astucia." (El matrimonio del cielo y el infierno)

martes, 28 de febrero de 2017

La homosexualidad, un efecto colateral del ginocentrismo

"Yo siempre he creído que son muy pocos los que sobreviven a una madre. (...) Mi libro trata sobre los valores en decadencia, ¿comprendes? Verás, resulta que hace años escribí un cuento sobre mi madre, titulado "La sionista castradora", y quiero convertirlo en una novela." (Woody Allen, Manhattan)

Las teorías oficiales sobre la homosexualidad, las llamadas teorías de género, parecen más próximas a la religión que a la ciencia. Y es que, según lo que sostienen estas teorías, parecería que los homosexuales fueran homosexuales debido a una especie de intervención sobrenatural. La homosexualidad aparecería en determinadas personas de repente, sin más, como por arte de magia; a unos les tocaría ser homosexuales y a otros no, y ya está, no hay más que hablar, se trata de una simple cuestión de azar. Sin embargo, las cosas no son tan sencillas.

Hasta la fecha, todas las civilizaciones han sido esencialmente ginocentristas, es decir, se han venido estructurando poniendo en el centro a la mujer, o mejor dicho, su vagina. Esta adoración y sobrevaloración de todo lo femenino, en los períodos de decadencia, acaba degenerando en misandria (odio al hombre), ante lo cual, muchas personas acaban optando por la homosexualidad como una vía de escape a las tensiones sociales, como una forma de adaptarse a una sociedad en la que todo lo masculino es visto cada vez con mayor repulsión. Muchos niños, desde muy pequeños, debido a este clima de misandria, inconscientemente castrarán sus tendencias sexuales naturales con el fin de ganarse algo tan importante para ellos como es el afecto y el amor de una madre, de una hermana o de cualquier otra mujer con la que se críen.

El creciente auge de la homosexualidad en nuestros tiempos no es sino una consecuencia lógica de una sociedad ginocentrista que se hunde en su decadencia debido a la continuada y progresiva condescendencia con todos los caprichos de las mujeres.

El sistema sabe que no puede combatir la decadencia. No puede decirles a las mujeres que se han vuelto unas misándricas insoportables y que ellas son las culpables de la homosexualidad de sus hijos o hijas (hermanos o hermanas), porque perdería su apoyo; por eso prefiere nadar a favor de corriente. Esta sería la razón por la que hoy la homosexualidad es vista con tan buenos ojos. No es que la homosexualidad se esté promocionando con el propósito de convertirnos a todos en maricas, esto es algo que no se puede conseguir a través de la propaganda; lo que se pretende es ganarse el favor de unas masas hiperginocentristas que, inconscientemente, perciben la homosexualidad como el ideal de doma masculina o de liberación femenina.

Además, esta promoción de la homosexualidad es muy útil al sistema para avergonzar a los individuos sexualmente sanos y convertirles en siervos aún más dóciles y productivos. Al poner al mismo nivel algo normal y algo que no lo es y lanzarse con furia inquisitorial contra todo aquel que se niega a aceptar semejante estado de cosas, se consigue generar un profundo sentimiento de inseguridad entre los individuos, haciéndoles así mucho más vulnerables a la manipulación sistémica [1]. Todo muy parecido a lo que lleva haciendo la religión durante siglos, ensalzando, como un ideal, la castidad de curas y monjas y asociando las pulsiones sexuales naturales con lo demoníaco.

A pesar de que hoy muchos ven la homosexualidad como algo liberador, ésta no es más que una consecuencia de la represión sexual ejercida por una civilización radicalmente ginocentrista y misándrica [2]; y, como toda represión, ésta sólo puede acabar teniendo consecuencias devastadoras sobre la psique humana, tanto sobre la de quienes la practican como sobre la de aquellos a los que se les obliga a aceptarla como una tendencia sana.

Una cosa es que haya que respetar a los homosexuales por tratarse de personas cuya tendencia sexual obedece a un trauma infantil irreparable ya a cierta edad (un respeto que no implica ignorar el enorme resentimiento del que están cargados estas personas, fácilmente apreciable en las campañas inquisitoriales lanzadas por el lobby gay contra todo aquel que osa cuestionar pacíficamente sus teorías de "género"), y otra muy distinta es tomarnos a todos por idiotas y hacernos comulgar con ruedas de molino, obligándonos a aceptar como algo natural y propio de personas sanas y equilibradas aquello que no lo es.

"Hay demasiada gente con miedo a hablar contra los maricas, intelectualmente. Lo mismo que hay demasiada gente que tiene miedo a hablar contra la izquierda, intelectualmente. No me preocupa el rumbo que tome el asunto, sólo sé que hay demasiada gente con miedo." (Charles Bukowski, Escritos de un viejo indecente)

Notas:
[1] Algo parecido ocurre con todo el tema de la llamada violencia de género. Al convertir en alarma social algo que no deja de ser un mero suceso (al año mueren más personas durante el coito, por deficiencias cardíacas, que por violencia intrafamiliar), y al hablar sólo de los casos en los que la víctima es una mujer, lo que se busca es criminalizar y avergonzar al conjunto de la población masculina; el objetivo es moralizar a los hombres para que, por miedo a ser considerados machistas o maltratadores, ni siquiera se les pase por la cabeza la idea de llevar la contraria a sus "doñas" y se sometan por completo al carácter femenino, convirtiéndoles así en sujetos débiles y pusilánimes, fáciles de manipular.
[2] En el fondo, los hombres homosexuales son individuos tremendamente atemorizados con el sexo femenino y necesitados, para todo, de su continua aprobación y validación. No es casualidad que las asociaciones de homosexuales trabajen codo con codo con las asociaciones feministas, o que los presentadores o colaboradores de los programas para "marujas" sean mayoritariamente homosexuales.

martes, 14 de febrero de 2017

La mediocratización sexual como condición necesaria para el desarrollo del capitalismo

"Yo sabía muy bien que los grandes amantes son siempre hombres ociosos. Yo follaba mejor cuando era vagabundo que cuando tenía que fichar todos los días." (Charles Bukowski, Factótum)

Hoy en día, para el ciudadano medio es bastante complicado identificar el terrible clima de miseria y frustración sexual en el que vivimos inmersos. Y es que, debido al avanzado estado de decadencia -casi de putrefacción- en el que se encuentra nuestra civilización, se han terminado por normalizar tantas aberraciones [1], que se hace imposible reconocer hasta lo más obvio.

En nuestros días, y a pesar de que se predique todo lo contrario, existe una enorme represión y frustración sexual. La razón de ello es muy sencilla: hoy (como ha ocurrido prácticamente siempre) el sexo se encuentra supeditado a otras cosas que no son el sexo.

Según dicen algunos, hoy el sexo se ha democratizado (o liberalizado) y ello permite que muchas más personas tengan muchas más posibilidades de desarrollar su sexualidad que en el pasado. ¿Es esto cierto? ¿Supone la democratización del sexo un aumento del grado de la salud sexual de una sociedad? En mi opinión, no; precisamente conduce a todo lo contrario.

La democracia (ya sea política o, como en este caso, sexual) no es más que un recurso utilizado históricamente por los plutócratas para homogeneizar a las masas, de tal forma que sean más fáciles de controlar [2]. La sexualidad, como tantas otras cosas en la naturaleza, no puede ser democrática; si la sexualidad se somete al juego democrático, automáticamente pierde su esencia y deja de ser sexualidad.

Sólo se podría hablar de una verdadera liberación sexual cuando los individuos aceptaran ser realistas y asumieran de forma natural su mayor o menor capacidad para desarrollar su sexualidad; cuando reconocieran sencillamente, sin sentimientos de orgullo o de rencor, sus auténticas potencialidades o limitaciones. Que tienen capacidad y posibilidades, pues adelante, sin problemas; que no, pues a otra cosa mariposa, no pasa nada. Más o menos como hacen los jóvenes o el resto de especies del mundo animal, para quienes follar o no follar no constituye, ni mucho menos, un drama existencial, pues unos y otros tienen muchas otras cosas interesantes de las que preocuparse.

El problema de nuestra sociedad es que, si esto ocurriera, descendería considerablemente la producción y el consumo. Nuestra sociedad necesita tener altamente motivados al mayor número posible de individuos durante el mayor tiempo de sus vidas; de ahí, la sobrevaloración cultural que se hace del sexo (por ejemplo, con la narrativa cultural que etiqueta a unos como "ganadores" y a otros como "perdedores" en función de su mayor o menor actividad sexual) y la democratización o liberalización del mismo (el espíritu burgués y el feminismo ha fomentado de tal modo la avaricia entre las mujeres y ha satanizado de tal forma la virilidad, que el poder adquisitivo de un hombre se ha convertido, prácticamente, en la única llave que da acceso al coño de forma regular). Al convertir el sexo en una especie de ideal social, y al facilitar a todos el acceso al mismo, se ha conseguido que haya siempre una mayoría de individuos permanentemente dispuestos a entregar sus vidas al trabajo, condicionados por el temor a quedarse sin follar durante más de una semana; dando así cuerda a la "maquinaria" como si de burros de noria se tratase, produciendo y consumiendo incansablemente hasta prácticamente el final de sus días.

En el fondo, esto no es más que una adulteración del sexo, pues, al final, lo que tenemos es a muchos hombres deseando tener relaciones con mujeres con el fin de conseguir estatus social (prestigio) y a muchas mujeres follando por dinero (seguridad); es decir, unos y otras dejan de ver el sexo como un fin en sí mismo, para, consciente o inconscientemente, supeditarlo a otra cosa bien distinta (gregarismo o confort). Esta supeditación de la sexualidad tiene un nombre, se llama represión sexual.

La democratización o liberalización de la sexualidad puede que permita el acceso al sexo a un mayor número de hombres, pero eso no significa que sea un sexo sano, pues, al manipularlo y no dejarlo fluir libremente, al pretender aplicar al sexo ese sueño liberal de la igualdad de oportunidades, lo que se consigue es una mediocratización general.

No somos iguales (aunque el sistema, con el fin de conseguir la mayor homogeneidad posible, se empeñe en hacernos creer lo contrario), y es una auténtico absurdo pensar que todo el mundo puede experimentar el mismo tipo de vida sexual o que ésta puede durar eternamente. Esto sólo despierta falsas esperanzas en la mayor parte de los individuos, lo cual acaba generando, inevitablemente, frustración sexual.

Puede parecer contradictorio que, a pesar de todo lo que hoy se predica en favor de la libertad sexual, pueda existir algún tipo represión sexual en nuestra sociedad; sin embargo, no lo es, pues esta prédica no es más que pura demagogia. Es como si, en medio de un desierto, tratáramos de convencer a un numeroso grupo de personas de que pueden beber agua hasta hartarse. No se puede hablar de liberación sexual en un sistema que, por su propia naturaleza, la reprime de raíz, al convertirla en un medio para alcanzar un fin, y no en un fin en sí mismo.

Al convertir la sexualidad en un medio, ésta, inevitablemente, pierde toda su esencia, pues el resultado conseguido es el de un gran número de individuos aspirando a mantener relaciones sexuales por otras razones bien distintas al sexo, algo que en circunstancias más naturales, y menos artificiales, no harían. Todo esto imposibilita un desarrollo libre y espontáneo de la sexualidad.

Ni aunque todos los hombres fueran de putas a diario, o todas las mujeres se convirtieran en prostitutas, no se podría hablar de liberación sexual mientras los individuos no dejaran de considerar al sexo como un medio para "puntuar" socialmente: ya fuera para adquirir prestigio en su comunidad (en el caso de los hombres) o para ganar dinero (en el caso de las mujeres).

Muchos dirán que la civilización no es algo natural, y que es preciso llevar a cabo este tipo de medidas con el fin de asegurar su supervivencia. No seamos hipócritas. El objetivo de engañar a las masas diciéndolas que hoy son libres sexualmente cuando no lo son, no es evitar que la civilización colapse, sino tratar de hacer pasar lo más desapercibido posible un mecanismo de manipulación social milenario, al que nos vemos sometidos prácticamente desde que nacemos, basado en la manipulación sistemática de nuestros instintos con el fin de convertirnos en dóciles esclavos de un puñado de lunáticos [3].

Se podría concluir diciendo que, llegar a entender que hoy es prácticamente imposible alcanzar un nivel medianamente óptimo de salud sexual, debido al elevado número de zombies reprimidos que te rodean, es, en cierto modo, una forma de liberación.

Una sociedad en la que todo está supeditado a la producción y al lucro económico, sólo puede engendrar individuos sexualmente frustrados, algo parecido a lo que ocurría bajo el cristianismo, donde todo estaba enfocado a la búsqueda del perdón de dios y a la salvación. Y es que, en el fondo, en ambos casos subyace el mismo resentimiento contra la vida y el mismo espíritu decadente. La diferencia entre uno y otro es que, mientras que para el cristianismo, el sacrificio y la renuncia a la vida eran medios para alcanzar un fin, el capitalismo ha convertido estos medios en fines en sí mismos. La humanidad ha alcanzado tal grado de enajenación, que ya no necesita un fin para justificar su propia autodestrucción. El transhumanismo tecnológico en el que hoy vivimos inmersos (nunca mejor dicho) no es más que el continuador de esa misma renuncia a la vida hecha por el cristiano y por el capitalista, un nuevo estadio de nuestra decadencia, un paso firme y decisivo de la humanidad hacia su extinción...

Notas:
[1] En nuestros días se ha llegado a elevar a la categoría de ideales colectivos lo que no son otra cosa que pulsiones puramente masoquistas. Esto se aprecia muy claramente al ver como el 99% de la población considera como un privilegio el ser elegido por un empresario para ser explotado durante el mayor período de tiempo posible durante los mejores años de la vida.
[2] Un ejemplo paradigmático es la Unión Soviética, donde, gracias a los ideales igualitaristas y democráticos, se consiguió que la población rusa pasara del medievo a la era atómica en menos de cuarenta años. Bajo el comunismo y el fascismo subyace el mismo propósito homogeneizador que bajo la democracia liberal; la razón de que esta última se haya terminado por imponer a los dos primeros se debe a su mayor nivel de eficacia; es decir, su capacidad para homogeneizar a las masas es aún más totalitaria que la del comunismo o el fascismo.
[3] Esta función, de la que antes se encargaban  exclusivamente los curas, hoy les está encomendada principalmente a los expertos en Relaciones Públicas o profesionales del marketing. Edward L Bernays, considerado como el padre de esta profesión y asesor de importantes empresarios y políticos (como los magnates Ford y Rockefeller o los presidentes de los Estados Unidos Eisenhower y Roosevelt), dice en su obra "Cristalizando la opinión pública": "Los elementos básicos de la naturaleza humana están fijados en lo relativo a deseos, instintos y tendencias innatas. Sin embargo, las direcciones hacia las que estos elementos básicos pueden orientarse con las influencias apropiadas son infinitas. La naturaleza humana es fácilmente modificable". Esta hábil manipulación de nuestro ego es lo que hace que el actual sistema de dominación sea tan poderoso: porque se trata de una Conspiración Abierta, es decir, realizada a plena luz del día y con un alto grado de complicidad por parte de los sometidos.

martes, 31 de enero de 2017

La represión sexual de la juventud, una muestra del carácter psicopático de la civilización

"Mostradle que sólo una vez pasa la juventud, y que después no vuelve nunca" (Lord Byron, Don Juan, tercera parte, IV)



http://www.ivoox.com/represion-sexual-juventud-muestra-audios-mp3_rf_16707335_1.html

La humanidad parece estar condenada a repetir eternamente los mismos errores. La represión de los jóvenes, que se ha venido produciendo en todas las épocas hasta la fecha, es uno de ellos. Generación tras generación, y a pesar de los esfuerzos por evitar cometer los mismos abusos que sus padres, las nuevas generaciones acaban desarrollando actitudes inquisitoriales muy similares a las de sus predecesores. Cambian los métodos, cambian los  discursos, pero finalmente el resultado es siempre el mismo: la represión de nuestros instintos más primarios, especialmente en los jóvenes. Parece que la civilización, para poder sobrevivir como tal, necesitara, como Saturno, devorar el alma de sus hijos.

--------------------------------

Lectura recomendada para entender el carácter inquisitorial de nuestros tiempos: Las charos: definición de ciertas generalidades y acotación del término

Recomendación musical de la semana: Not for you - Pearl Jam

Otra recomendación: La tormenta de arena - Dorian

lunes, 9 de enero de 2017

La libertad de expresión: un mito al servicio de los demagogos

"Quien desea tener razón, de fijo la tendrá con sólo tener lengua" (Goethe, Fausto, primera parte)



http://www.ivoox.com/libertad-expresion-mito-al-servicio-audios-mp3_rf_15971581_1.html

En este podcast expongo alguna de las razones por las que considero que el derecho a la libertad de expresión está sobrevalorado en nuestras sociedades, las capitalistas, donde el secreto del éxito consiste en destruir al oponente usando todos los medios al alcance. En muchas ocasiones, tal derecho constituye una garantía de éxito para aquellos que no dudan en usar la demagogia como un medio para alcanzar sus objetivos. Esta demagogia es fácilmente apreciable en nuestros días en temas como el feminismo, el ecologismo, el discurso antiterrorista o la más reciente paranoia en torno al tema de la pedofilia, cuyos resultados han acabado siendo bastante parecidos a los obtenidos antiguamente por la Inquisición.

La operación "MindFuck", enmarcada en el programa COINTELPRO del FBI, es un buen ejemplo de cómo el lenguaje puede ser utilizado como un arma para destruir psicológicamente a oponentes o sumir a poblaciones enteras en estados alterados de conciencia -de angustia, desesperación o paranoia extrema- con el fin de que sean más fáciles de manipular.

El audio inicial pertenece a la película "En el nombre del padre" (1994), de Jim Sheridan, y el tema musical final, "Los periódicos de mañana", es del grupo M clan.

"Todas las naciones vendidas por mentirosos y cobardes. Mentirosos que quieren tiempo para revelar negativos futuros os calman con más falsas ofertas mientras que calientes hombres-cangrejo realizan una guerra de exterminio con la película de Roma. Estos informes apestan a nova, traición, mierda de nacimiento y muerte. Vuestro planeta ha sido invadido. Sois perros en todas las cintas. El planeta entero está siendo dirigido hacia la identidad terminal y la capitulación definitiva." (William Burroughs, Nova Express)

lunes, 19 de diciembre de 2016

Sobre las diferencias hombre-mujer y cómo el sistema las explota en beneficio propio



http://www.ivoox.com/sobre-diferencias-hombre-mujer-como-el-audios-mp3_rf_15107916_1.html

"Ella (la iglesia) ha sido la madre y educadora de innumerables generaciones; su experiencias es única y, si se me permite decirlo, infalible." (Leonid Andréiev, El diario de Satanás, primera parte)

El sistema, a pesar de su permanente retórica feminista, es el último interesado en la consecución de una igualdad total entre hombres y mujeres, básicamente porque si esto ocurriera, se le acabaría el chollo.

Actualmente el sistema, a través del feminismo, explota de un modo demagógico y victimista las diferencias naturales (tanto físicas como psicológicas) entre hombres y mujeres con el fin de ganarse el apoyo incondicional de éstas; de tal modo que, al ganarse a las mujeres, todos aquellos hombres que aspiran a tener algún tipo de relación con ellas, no tengan más remedio que someterse al sistema. Si tales diferencias se borraran, el sistema de producción perdería un recurso tremendamente efectivo para someter la masculinidad a sus intereses.

El objetivo del sistema al utilizar el discurso feminista, no es el de separar totalmente a un sexo del otro (el sistema sabe que esto es igual de imposible que evitar que el ser humano sienta hambre), sino dificultar a los hombres el acceso a las mujeres. Al empoderar a éstas, aquéllos no tendrán más remedio que someterse al sistema de producción y aumentar su rendimiento si quieren estar a la altura de las expectativas de las mujeres, quienes, debido a este empoderamiento por decreto ley y a su natural hipergamia, ya no se conformarán con alguien con un estatus socioeconómico igual o más bajo que el de ellas. ¡Pura biopolítica aplicada a la producción capitalista!

A la larga, esta brutal estrategia de explotación podría provocar que muchos hombres acabaran perdiendo el interés hacia unas mujeres cada vez más exigentes e insoportables. Para evitar este inconveniente y poder seguir utilizando a su favor la sexualidad humana, el sistema promueve masivamente el erotismo (moda femenina cada vez más sugerente) y la pornografía (totalmente gratuita en internet), manteniendo así a los hombres constantemente excitados.

La promoción de la homosexualidad (usando la misma retórica victimista que el feminismo) no es una estrategia del sistema para convertirnos a todos en maricas, como sostienen algunos analistas, sino un medio para recuperar productivamente (reciclar) a aquellos que, por distintos motivos, no sienten atracción por el sexo opuesto (antiguamente este problema se resolvía promocionando la vida monacal). Además, gracias a la retórica victimista del homosexualismo, el sistema consigue ganarse el apoyo de los homosexuales para acomplejar aún más a los hombres heterosexuales, aumentar su sentimiento de culpa y, así,  conseguir esclavos amedrentados y dóciles. Como ya he dicho al principio, el sistema no está interesado en que hombres y mujeres pierdan el interés por el sexo opuesto, o en convertirnos a todos en seres andróginos, pues si lo hiciera, perdería la oportunidad de seguir manipulando a su favor algo que, hasta ahora, le ha venido dando excelentes resultados. Si las relaciones homosexuales fueran masivas, la productividad descendería considerablemente: ya no habría más hombres bravucones dispuestos a lo que fuera por complacer los estúpidos antojos de damitas caprichosas.

Algo parecido pasa con el matrimonio y la familia. A pesar de la aparente crisis de ambas instituciones, el sistema es el mayor interesado en que las dos perduren lo máximo posible en el tiempo. No es casualidad que, en su día, se pusiera tanto empeño en la promoción del matrimonio también entre los homosexuales. Nada mejor que la familia (ya sea coparental o monoparental) para programar a los hijos en los valores del sistema, pues el mayor interés del 99 % de los padres (sobre todo si se trata de padres biológicos) será siempre la supervivencia de sus vástagos, y harán todo cuanto esté en su mano por "adaptarlos", para que no se conviertan en rebeldes antisistema o en anacoretas vagabundos. Por otra parte, los hijos suelen ser el saco en el que los padres "descargan" (consciente o inconscientemente) una buena parte de sus frustraciones existenciales, lo cual termina siempre traumatizando de un modo u otro a aquéllos. Estos traumas infantiles, que resultan de gran utilidad al sistema para manipularnos a su antojo, sólo pueden ser introducidos en los individuos a través de la institución familiar (por ejemplo, el complejo de Edipo). Además, un hombre casado, con una mujer a la que satisfacer y unos hijos a los que alimentar, es un hombre cogido por los cojones, dispuesto a sacrificar lo que sea (incluida su dignidad personal) por el bienestar de su familia; se podría decir que es casi tan fácil de manipular como un yonqui.

Cambiar algo que lleva funcionando tan maravillosamente bien durante siglos, sería de estúpidos; lo único que hay que hacer es adaptar las cosas a los inevitables cambios que se van produciendo. Y si lo que se quiere es aumentar la producción, se hará siempre de tal modo que no se altere la esencia de esta milenaria y efectiva mecánica.

Antiguamente, la religión era un método muy eficaz para canalizar la sexualidad masculina en favor del sistema, pero en nuestros días, y debido a diferentes razones (principalmente debido a que el misticismo religioso no encaja demasiado bien con el espíritu práctico del capitalismo o del socialismo), ha perdido completamente su utilidad, por lo que era necesario inventar otro método que se adaptara a los nuevos tiempos y cumpliera la misma función represiva... así surgió el feminismo. Como ya he dicho al principio, el sistema, a través del feminismo, no pretende borrar totalmente las diferencias entre hombres y mujeres, entre otras cosas, porque no le interesa, se le acabaría el chollo, algo parecido a lo que le hubiera pasado a la iglesia si no hubiera podido recurrir al "comodín" del demonio. La verdadera finalidad del feminismo es la misma que la de la religión: contener los impulsos sexuales masculinos -sin anularlos del todo- y canalizarlos según los intereses del sistema.

La victoria de Trump en las últimas elecciones estadounidenses viene a confirmar todo esto. El sistema tenía una oportunidad única de dar un paso más en la feminización de la sociedad poniendo a Hillary como presidenta de EEUU, sin embargo, finalmente optó por el candidato masculino, pues ello le permitirá seguir explotando durante otros cuatro años más la efectiva estrategia del victimismo feminista.

La finalidad de hacernos creer que las relaciones heterosexuales o la familia están en crisis no es otra que la de hacer creer a los hombres que el coño se encuentra en peligro de extinción, generando con ello ansiedad entre éstos y haciendo que sean ellos mismos los que voluntariamente se pongan las cadenas (o las esposas). Nunca antes el nivel de baboseo de los hombres hacia las mujeres había sido tan vergonzoso como lo es en la actualidad, tal y como se puede apreciar echando un vistazo a las redes sociales o saliendo un sábado por la noche por los garitos de moda; esto permite al sistema contar, en todo momento, con una legión de fanáticos huelebragas dispuestos a lo que sea con tal de catar coño, convirtiéndose así en prácticamente indestructible.

El capitalismo, como buen sucesor que es del calvinismo judeocristiano [1], concibe la existencia humana como una deuda, y hará todo cuanto esté en su mano por hacértela pagar con sangre, sudor y lágrimas, hasta el final de tus días. Las mujeres, las comodidades materiales o el anhelo de reconocimiento social son algunos de los cebos preferidos por el sistema para cobrarse esta deuda.

Notas:
[1] Max Weber "La ética protestante y el espíritu del capitalismo"

lunes, 28 de noviembre de 2016

La Inquisición continúa viva (máximas heréticas)

- La clave de la supervivencia de la Inquisición hasta nuestros días -y la de la iglesia en general- se debe a su capacidad para canalizar adecuadamente, a lo largo de los siglos, el rencor y el resentimiento femeninos*, adaptando los viejos métodos a los nuevos tiempos.
*Un rencor y un resentimiento que crecen proporcionalmente según aumenta la edad y disminuye el atractivo físico; aunque, en la actualidad, todo esto se manifiesta mucho antes y con mucha mayor virulencia que en el pasado, al haber criado a las mujeres modernas como princesitas. 


- El único medio que tiene la gran mayoría de los hombres para poder follar -por no ser lo suficientemente guapos durante su juventud o por no tener el suficiente dinero en su madurez- es siendo condescendientes con todos los deseos de las mujeres. Esto les incapacita para analizar el carácter femenino con una cierta objetividad y, por lo tanto, les impide comprender las verdaderas causas de los grandes dramas de la humanidad y de su propia tragedia existencial.

- Para un hombre es muy sencillo identificar a un potencial enemigo, basta con observar a nuestros semejantes y ver quién le hace la pelota a las mujeres (victimizándolas o criminalizando a los hombres). En las actuales ginocracias, la actitud de estos individuos es comparable a la de los peores esquiroles.

- Cuando un hombre analiza fríamente y sin tapujos la naturaleza femenina, y otro le acusa por ello de misoginia, el problema no es del primero, sino del segundo, pues, debido a su idealista visión del mundo, el hostión de realidad será mucho más dañino para éste. A no ser que sea gay o cura, principales interesados -junto a las mujeres- en mantener viva toda esta farsa.

- Una de las pruebas más evidentes de que las mujeres tienen una jeta que se la pisan, se aprecia fácilmente al ver cómo, en las feministas sociedades occidentales, donde tienen las mismas o incluso más posibilidades que los hombres de acceder a cualquier puesto de trabajo, aquéllas siguen rehuyendo, masivamente, los más penosos: minería, pesca, construcción, recogida de basuras, etc. Pero, sin duda alguna, donde más claramente se pone de manifiesto el carácter egocéntrico e interesado de las mujeres, es en las relaciones sentimentales, pues ninguna elegirá como compañero de vida a alguien con menos recursos económicos, independientemente de que esta mujer tenga el suficiente dinero como para no tenerse que preocupar durante el resto de su vida por cómo conseguirlo.
Empeñarse en negar las particularidades de la naturaleza femenina puede ser muy útil a los actuales gestores del sistema para seguir explotando las potencialidades masculinas en beneficio propio, pero para la mayoría de los hombres heterosexuales, suele ser la forma más segura de acabar sus días con una soga al cuello (metafórica o literalmente).

- No hay hombre más estúpido que aquel que considera a las mujeres más estúpidas que él. Una manifestación de este tipo de estupidez masculina en nuestros tiempos, es la credibilidad que muchos conceden a las teorías que dicen que las mujeres han estado históricamente oprimidas por los hombres. La superioridad de la mujer para el engaño se debe a su capacidad para creerse sus propias mentiras.

- Es totalmente comprensible que un hombre homosexual se alíe con las mujeres, en contra de los hombres heterosexuales, para conseguir sus objetivos. Pero, por ese mismo motivo, ese hombre homosexual debería de comprender que los hombres heterosexuales le odien con todas sus fuerzas. La actual campaña contra la llamada homofobia demuestra una total falta de espíritu deportivo, ¡una actitud muy común en los inquisidores de todos los tiempos!

--------------------------------


Canción recomendada de la semana: I'M ALRIGHT

lunes, 14 de noviembre de 2016

La victoria de Donald Trump o el triunfo de los farsantes

"Eres como un sacacorchos: tan pronto estás dentro como fuera... Arriba es abajo, lo blanco es negro..." (Muerte entre las flores, hermanos Coen, 1990)

La victoria de Donald Trump en las últimas elecciones estadounidenses es una buena muestra del enorme parecido que existe entre la política y el arte de la estafa.

Nadie esperaba la victoria de Donald Trump en las últimas elecciones estadounidenses, igual que nadie esperaba la victoria del Brexit, el NO al proceso de paz en Colombia o un nuevo gobierno del Partido Popular en España. Este tipo de sucesos, inesperados y no deseados por la mayoría de la población, son muy útiles para crear estados de ansiedad y desasosiego entre las multitudes [1]. Con ellos, se busca generar malestar entre las masas, enfurecerlas, con el fin de conducirlas (pastorearlas) con la menor resistencia posible hacia el lugar deseado; se pretende que sean los propios ciudadanos los que, creyendo que luchan por su libertad, se coloquen ellos mismos la soga al cuello.

Evidentemente, siempre será mucho más efectivo que sea uno mismo el que se ponga voluntariamente las cadenas a que se las ponga por la fuerza un completo desconocido. Esto es precisamente lo que se pretende al colocar como presidente de Estados Unidos a Trump (o a Rajoy en España), que sean los propios ciudadanos los que, creyendo luchar contra el tirano, acaben convirtiéndose en siervos de la tiranía (control de la disidencia).

Después de varios meses de intensa propaganda, gracias a la cual, la figura de Trump se ha convertido en prácticamente indistinguible de la del demonio para el ciudadano medio, el magnate norteamericano contará con una brutal oposición popular desde el minuto cero de su gobierno, lo cual hará que tenga que ceder a prácticamente todo lo que se le pida desde la oposición demócrata (o desde cualquiera de las muchas otras disidencias controladas), quien se arrogará el papel de salvador (algo parecido a lo que sucederá en España, donde los podemitas de Soros gobernarán desde la sombra de la oposición). De esta forma, los ciudadanos, alineados con la oposición, creyendo ir a la contra del sistema, no harán sino apoyarlo. Sobra decir que Trump sólo es un compinche en todo esto, un histrión más en esta farsa teatral, y que ceder a las presiones demócratas, en nada perjudicará sus intereses particulares, más bien, todo lo contrario.


Esta técnica es muy parecida a la que los grandes timadores han venido usando desde tiempos inmemoriales; se asemeja bastante al viejo truco del poli bueno y el poli malo. Básicamente, el éxito de esta estratagema consiste en saber jugar adecuadamente con las pasiones de la víctima (ambición, orgullo, egoísmo, vanidad, resentimiento, etc...), para que termine cayendo en las redes del timador sin ser consciente de ello [2].

En cualquier caso, el timo sólo busca engañar a la víctima de un modo puntual, mientras que aquí se busca algo mucho más profundo, algo más a largo plazo. Por eso, mucho más que al clásico timo, el modo de proceder de las actuales élites me recuerda al Discordianismo, un movimiento que surgió como una forma de rebelión contra el Poder, pero que, como todo, es muy probable que haya acabado siendo asimilado por éste con el fin de ser usado en beneficio propio.

El Discordianismo se caracteriza por el uso de las más variadas artimañas simbólicas y juegos lingüísticos, con los que se pretende terminar por llevar al oponente al terreno del discordiano, de integrarle en su sistema de ideas y valores. Es decir, no sólo se aspira a neutralizar al oponente, sino a conseguir que acabe convirtiéndose en un fiel aliado. Para ello, se busca movilizar irracionalmente al público, intercalando inteligentemente en el discurso elementos dirigidos a activar sus emociones, deseos o temores -sentimientos de culpa incluidos-, de tal modo que, convenientemente aturdido por una confusa verborrea dialéctica, acabe apoyando el discurso por las apariencias del mismo, no por su contenido real, del cual apenas habrá entendido nada [3].

Desde un punto de vista discordiano, se podría decir que el juego Trump vs Hillary (republicanos vs demócratas) pretende conseguir que veas en ellos dos opciones totalmente distintas y, activando tus prejuicios más inconfesables, hacerte creer que uno es muy malo (machista, racista o incluso que come niños), para que acabes considerando al otro como bueno, de tal forma que esto te lleve a implicarte irracionalmente con aquella parte que dice tener la suficiente fuerza como para aplastar al otro (los demócratas o el eje Rusia-China), y, por consiguiente, a integrarte en su sistema al convertirte en colaborador de algo que no deja de ser la otra cara de una misma moneda. Dicha irracionalidad se ve incrementada, en este caso concreto, al haber ganado las elecciones el candidato más demonizado, lo que hace que la implicación del público mundial (no olvidemos que se trata de un truco realizado a escala global) sea mayor en este juego de falsas polaridades. No es descartable que, en un futuro próximo, se promocione una tercera y hasta una cuarta opción alternativas a Trump y Hillary, pero igualmente integradoras (como lo han sido Podemos y Ciudadanos en España). Es posible incluso que todo esto genere una crisis política que sirva para tumbar definitivamente los sistemas parlamentarios tradicionales en beneficio del proyecto Open Governmet (aunque quizás este proyecto no sea más que otro truco discordiano para fortalecer el parlamentarismo; en el fondo, uno y otro están diseñados con la misma finalidad: gestionar la estupidez de las masas; por lo que, prevalezca el que prevalezca, las élites siempre saldrán beneficiadas).

La función principal de Trump durante los próximos años será la de ejercer de catalizador de la furia y el resentimiento feminista a lo largo y ancho del planeta; es decir, Trump se convertirá en una especie de bandera falsa machista con el fin de movilizar a las mujeres y, por ende, a todos aquellos hombres que aspiran a tener algún tipo de relación con ellas, e integrarlos en un nuevo modelo de feminismo aún más agresivo, capaz de dar una nueva vuelta de tuerca a la explotación de las potencialidades masculinas. A muchos se nos pasó por alto el que si Hillary hubiera ganado las elecciones, todo lo anterior no sería posible, es decir, se habría perdido una gran oportunidad para seguir explotando el resentimiento femenino (el "¡qué- malos-son-los-hombres!") en favor de los intereses del sistema. De igual modo, Trump, al interpretar el papel de supervillano, conseguirá unificar a todos los pueblos del mundo en su contra, fortaleciendo un poco más el actual proceso de globalización. Gracias a Trump, a su muro y a su retórica antiinmigración, las organizaciones proinmigración tendrán la excusa perfecta para animar al mayor número posible de latinoamericanos a integrarse en la cultura anglosajona.


Aunque, igualmente, si las circunstancias lo requieren, Trump puede ser trasformado rápidamente en el bueno de la película, incluso en un mártir si fuera necesario [4]. La gran ventaja que ofrece el discordianismo es que es capaz de adaptarse perfectamente al caos inherente a la existencia, permitiendo al discordiano aprovecharse de los apegos del oponente para llevarle y traerle de un lado a otro.

En todo este perverso juego de la confusión, los principales actores, los auténticos discordianos, no son los políticos en sí, sino todos aquellos que se han dedicado a relatar la historia: los periodistas y los medios de comunicación de masas -tanto los oficiales como los alternativos-, que han creado los más diferentes estados de ánimo y de opinión entre el público, llegando a provocar verdaderas montañas rusas emocionales, todo con el fin de neurotizarnos, de infantilizarnos, y convertirnos así en paralíticos mentales, incapaces de interpretar correctamente la realidad, y, de este modo, en sujetos fácilmente manipulables. El machismo, el terrorismo, el racismo (negro o blanco), el pánico nuclear, los Simpson, la amenaza extraterrestre y hasta esa historia de la conspiración illuminati-satánica que parece haber sido sacada directamente del Apocalipsis de San Juan, todo le vale a los discordianos, por absurdo y paranoico que pueda parecer a primera vista, si es capaz de alterar adecuadamente la percepción que tienen las masas de la realidad; y es que, como ellos dicen, se trata de una "guerrilla ontológica". En este mismo sentido, el anonimato, la inmediatez o la interactividad que proporciona internet (especialmente en las redes sociales y foros de debate), ofrecen a los discordianos la oportunidad de adoptar ilimitadas identidades con las que poder atolondrar a sus rivales a conciencia y "follar sus mentes", a veces, incluso, de forma totalmente personalizada, lo cual antes era imposible con los medios de comunicación convencionales. ¡La más sofisticada manipulación psicotrónica está hoy al servicio del control social!

En otro orden de cosas, los análisis que tratan de explicar la victoria de Trump concediendo credibilidad a los resultados, me parecen desternillantes. En primer lugar, es imposible que la inmensa mayoría de la gente (el hombre-masa promedio) haya sido capaz de sustraerse a la brutal campaña antiTrump realizada por los medios, tanto en TV, radio y prensa como en internet, como para darle con sus votos la victoria al magnate. Y, en segundo, constituye una enorme ejercicio de ingenuidad (por no decir de estupidez), pensar que el Poder, contando como cuenta hoy con los medios necesarios y, sobre todo, con la falta de escrúpulos suficiente como para amañar unas elecciones según sus intereses sin que se note demasiado, no lo haga. El objetivo de este tipo de análisis no es otro que el de continuar con la labor discordiana de "encabronar" al público (que se tragará estos análisis igual que se tragó la campaña proHillary), de mantenerle tensionado, de tal forma que se le pueda movilizar con facilidad según las circunstancias lo requieran. Todo esto es muy parecido a los análisis que se hacen concediendo credibilidad al fenómeno del terrorismo. Si éstos han conseguido justificar guerras en el extranjero, quizás aquéllos consigan justificar una guerra civil en Estados Unidos, o, por lo menos, crear un clima guerracivilista (tal y como se está haciendo en Europa, fomentando los movimientos independentistas o la inmigración) que permita a las élites justificar el desarrollo de su agenda.

No hay nada más sencillo de manipular que el contemporáneo hombre-masa, sólo basta con saber pulsar las teclas adecuadas. La salida está, como siempre, al alcance de muy pocos.

Notas:
[1] El objetivo de la brutal campaña antiTrump no era, como muchos creíamos, el de movilizar al electorado en favor de Hillary (hoy, las elecciones están totalmente amañadas por los globalistas según sus intereses, por lo que parece que ya no es tan necesario el agitprop), sino el de conseguir que las multitudes sufrieran un shock anímico lo suficientemente traumático con la posterior victoria de Trump, por lo inesperado del resultado.
[2] Para entender un poco mejor cómo actúan los timadores, recomiendo el visionado de dos magníficas películas: "El golpe" (George Roy Hill, 1973) y "El color del dinero" (Martin Scorsese, 1986).
[3] Personalmente, veo un gran parecido entre el Discordianismo empleado por las actuales élites y las estrategias teorizadas por el jesuita Baltasar Gracián en Oráculo manual y arte de prudencia, una especie de manual de guerra de guerrillas psicológica en el que se aconseja a un príncipe sobre cómo doblegar de forma eficaz la voluntad de sus adversarios y del pueblo mediante el lenguaje y la conducta. Dice el jesuita: "Obra siempre con una intención inesperada. La vida del hombre es una milicia contra la malicia del hombre. En las competencias, aprende a ser sagaz en materia de fingir tu intención. Nunca actúes de modo que el otro pueda saberla. Apunta hacia un objetivo, para deslumbrar, amaga al aire con destreza, pero en la realidad ejecuta lo que nadie espera, dejando siempre lugar para disimular tus verdaderos fines. Muestra una intención, y esto hará que tu contrario muestre la suya, y vuélvete luego contra la tuya, y vencerás por haber hecho lo inesperado. Pero cuídate de las inteligencias incisivas, que ponen mucha atención y son capaces de descubrir tus planes, usan su capacidad de reflexión, y pueden deducir lo contrario de lo que tú quieres que se entienda, y de este modo conocer cualquier intención falsa. No te dejes llevar de la primera intención, está en espera de la segunda e incluso una tercera. Cuídate de quien tiene mucha experiencia en peleas, pues habiendo alcanzado gran maestría, aumenta su simulación, a tal grado que puede pretender engañarte con la misma verdad. Cambia de juego, y lo obligarás a cambiar su treta, con el artificio de no hacer artificio. Basa esta astucia en aparentar candidez. En ese caso, actúa siempre con observación cuidadosa, y entenderás su perspicacia, descubrirás las tinieblas que tu contrario revistió de deslumbramiento. Descifrarás su objetivo, que es cuanto más solapado, más sencillo. Semejante a cuando combaten la calidez de Pitón contra la candidez de los penetrantes rayos de Apolo." (XIII)
Desde mi punto de vista, el Discordianismo es una especie de evolución del arte de la prudencia jesuita (como éste a su vez lo fue del sofismo); el discordiano sólo habría adaptado la astucia jesuítica a una sociedad esencialmente laica, puramente materialista y profundamente degradada con el propósito de alcanzar el mismo fin. Estas nuevas condiciones sociales permiten (y exigen) al discordiano usar recursos que en tiempos de Gracián era imposible usar, como por ejemplo, el de socavar la dignidad del oponente mediante la más desconsiderada chabacanería.
[4] El escritor Jim Marrs, empleando el discordianismo como herramienta, ha sido uno de los principales responsables de que John F. Kennedy haya pasado a la historia como una especie de santo laico, a pesar de los probados vínculos de éste y su familia con la mafia y otros turbios asuntos. Actualmente, Marrs, a través de su web, está repitiendo la misma estrategia mitificadora con Trump, de tal modo que sus "investigaciones" se puedan utilizar, cuando sea preciso, para elevar a Trump a los altares.

jueves, 3 de noviembre de 2016

¿Quién gobierna el mundo?



¡Suerte maldita! ¡Cómo se nos engaña a los hombres! ¡Badulaques seducidos desde Adán! Uno se vuelve viejo, pero ¿quién se vuelve juicioso? (Goethe, Fausto, Parte II, Acto II)

http://www.ivoox.com/quien-gobierna-mundo-audios-mp3_rf_13572855_1.html

Más allá de las relaciones de dominación o de vasallaje existentes entre los diferentes Estados o naciones, el poder, en las distintas sociedades humanas, siempre acaba en las mismas manos; se podría decir que lo de menos es quién gane o quién pierda las diferentes disputas geopolíticas, pues, finalmente, el poder continuará ejerciéndose de un modo similar a cómo se venía ejerciendo con anterioridad a éstas. Sólo descubriendo el motivo real, la fuerza motriz que impulsa a las naciones y a sus gobiernos a comportarse como se comportan, conseguiremos descubrir el verdadero rostro del poder, el cual siempre suele ir acompañado de una dulce voz que susurra en la oscuridad.

Aquellos que desconocen la verdadera naturaleza del poder, están condenados a obedecer (ya sean ricos o pobres, príncipes o mendigos); pero quienes saben identificarla correctamente, aún tienen alguna posibilidad de alcanzar un cierto grado de libertad, de empezar a dejar de vivir como simples zombies.

P.S. Recomiendo la lectura de un artículo publicado hace unos meses en este mismo blog, que puede servir para completar lo expuesto en el audio.