jueves, 24 de diciembre de 2015

La teoría de la conspiración satánica: una clásica herramienta para el control social totalitario

"El hecho es que si el "mago" es digno de tal nombre, será lo suficientemente desinhibido para liberar la fuerza necesaria desde su propio cuerpo, ¡en lugar de una víctima que no desea serlo, y que no lo merece!
(...) ¡Bajo NINGUNA circunstancia un Satanista sacrificaría un animal o niño pequeño!" (Anton S LaVey, La Biblia Satánica, El Libro de Lucifer, IX)

Resulta curioso que muchas de las personas que denuncian que la teoría de la conspiración yihadista contra occidente (encarnada en el omnipresente terrorismo islámico) es sólo un montaje del complejo militar-armamentístico capitaneado por EEUU para justificar sus políticas imperialistas (como en su día lo fue la teoría de la conspiración comunista, para justificar la Guerra Fría), no duden lo más mínimo en dar total credibilidad a otra teoría de la conspiración muy utilizada por el Poder en el pasado, concretamente en los tiempos de la Inquisición; estoy hablando de la teoría de la conspiración satánica.

Esta teoría fue de gran utilidad al Poder para justificar un control totalitario sobre los hábitos y conductas de los individuos. Recordemos que, hasta hace muy poco, el hábito de escribir con la mano izquierda no era visto con muy buenos ojos, pues solía ser considerado como un hábito propio del demonio. El objetivo de demonizar conductas de este tipo, tan inofensivas y básicas, formaba parte de un plan minuciosamente estudiado que pretendía conseguir resultados de mucha mayor complejidad: uniformizar al máximo las conductas (especialmente las sexuales) de todos los individuos de una sociedad, con el fin de hacerlos más fácilmente manejables. Las famosas cazas de brujas, por las que fueron perseguidos muchos hombres y mujeres, no tuvieron otro objetivo que ése.

Toda práctica sexual que no se ajustara a lo aconsejado por la iglesia (la mera autosatisfacción sexual o las relaciones sexuales extramatrimoniales) era vista como una peligrosa práctica satánica, y sus practicantes eran estigmatizados socialmente, no quedándoles otra alternativa que el exilio, debido al fuerte rechazo del conjunto de la comunidad (1). El objetivo no era sólo proteger el concepto de familia romana, sino sobre todo garantizar la estabilidad de un orden social que proporcionaba obedientes guerreros y dóciles productores (sexualmente frustrados y, por lo tanto, más fácilmente manipulables). Evidentemente, acusar a alguien de masturbarse o acostarse con la mujer del vecino no era suficiente para provocar el rechazo popular. Sin embargo, gracias a la labor propagandística realizada principalmente por la iglesia, mediante la cual se empezó a vincular estas prácticas con toda clase de rituales satánicos, especialmente con sacrificios de niños (que, al tratarse de asesinatos de seres indefensos, tenían una mayor carga emocional), se terminó asociando una cosa con la otra en el subconsciente colectivo.

Las acusaciones de satanismo no sólo fueron de utilidad para conseguir un control totalitario sobre la propia población, sino también, para combatir a enemigos políticos; algo parecido a las acusaciones de vínculos con el terrorismo que se hacen hoy con el objetivo de desprestigiar a rivales políticos. El proceso y ejecución del protegido de la reina Isabel de Inglaterra, Giordano Bruno, es un buen ejemplo de ello (2).

Las teorías de Bruno fueron patrocinadas y promovidas por la corona inglesa en un momento en el que Inglaterra luchaba por romper la hegemonía ideológica del Vaticano (3). Con ello, se pretendía romper el vínculo mental de la población inglesa con el papado y conseguir una cierta independencia frente a la influencia que éste (y que España, que lo controlaba) ejercía sobre su política interior y exterior. Con el fin de contrarrestar la influencia de las ideas de Bruno, y con ello, los deseos expansionistas de Inglaterra, fue, en realidad, por lo que la Inquisición acusó de brujería al dominico italiano.

En nuestros días, la vieja teoría de la conspiración satánica (reescrita, muy a menudo, bajo el nombre de conspiración reptiliana) parece estar cobrando nuevos bríos, y uno de los personajes que más ha contribuido a ello ha sido el famoso (y millonario) David Icke, cuyas enseñanzas son difundidas (ingenua o conscientemente) por miles de sus seguidores en internet. Como habrás podido leer en innumerables blogs, no se duda ni por un momento en asociar pederastia con satanismo, apelando así a viejos fantasmas grabados a fuego en el imaginario colectivo, consiguiendo un mayor impacto emocional sobre el público, lo cual permite que las masas acepten con mayor facilidad proyectos de control social totalitario y, ¿por qué no?, las purgas de incómodos elementos que constituyan un obstáculo para tales proyectos, como en su día sucedió con Bruno.

La teoría de la conspiración satánica es un recurso que refuerza el alarmismo social creado en torno al tema de los abusos sexuales a menores y la campaña estatal contra la pederastia, cuyo objetivo es sembrar el recelo y la desconfianza en las relaciones entre los adultos y los niños (ver lecturas recomendadas) de modo parecido a como lo hace el feminismo en las relaciones hombre-mujer o la más reciente campaña contra el "bullying" escolar en las relaciones niño-niño. Este tipo de campañas alarmistas hacen que los individuos terminen percibiéndose unos a otros exclusivamente como una amenaza, lo cual concede al Estado una oportunidad inmejorable para desarrollar sus planes de control social totalitario, al permitirle presentarse como el único capaz de garantizar un cierto nivel de seguridad y de protección si se le conceda la gestión y administración absoluta de todas las relaciones interpersonales.

Resulta una auténtica paradoja el que, actualmente, la teoría de la conspiración satánica se haya vuelto contra su propio creador, es decir, contra la iglesia, la cual ha sido, en los últimos tiempos, uno de sus principales blancos. Los puntuales casos de pederastia de los que han sido acusados algunos sacerdotes han sido aprovechados por los teóricos de la conspiración satánica para vincular a la iglesia con el satanismo, consiguiendo, gracias a su habitual macabra narrativa, un impacto emocional mayor. El motivo de esta edípica rebelión no es otro que el de contrarrestar la defensa que hace la iglesia de antiguas instituciones romanas como la familia o el matrimonio, otrora muy útiles para llegar a la situación actual, pero que hoy se han convertido en un lastre para la lógica del progreso continuo en la que se basa el ente estatal; un progreso continuo exclusivamente orientado al control y la dominación de los individuos. El Estado, para avanzar un escalón más en su proceso de dominación, necesita dejar atrás definitivamente el escalón que en su día tanto le costó ascender con este mismo propósito: el del matrimonio y la familia romana, instituciones que, en el pasado, supusieron un avance como método de control social pero que hoy constituyen un obstáculo para acceder a nuevas formas de control.

La mitología tejida en torno al tema del satanismo o lo diabólico se encuentra profundamente arraigada en el imaginario colectivo de occidente -y de la mayor parte del mundo- debido a los muchos siglos que lleva siendo utilizada por el Poder. Por ello, y por su inigualable capacidad para la sugestión, sigue siendo muy útil para todo aquel que desee impresionar al público. Esta es la razón de que, en nuestros días, se siga haciendo todo lo posible por mantener vivo el mito de la conspiración satánica (como ya he dicho antes, hoy reinterpretada también bajo el concepto de conspiración reptiliana), llegando incluso a relacionar a algunos miembros de las elites del Poder con prácticas satánicas y sacrificios humanos (4), lo cual sirve para dotar de mayor credibilidad al mito ante los ojos del pueblo, consiguiendo con ello que su función disciplinante sea más efectiva; además, resulta de gran utilidad para quitarse de en medio aliados que empiecen a convertirse en un incómodo estorbo (como en el caso ya citado de la iglesia).

PS: Otra característica habitual de todos los blogs que sostienen la teoría de la conspiración satánica es la promoción de las creencias New Age, desde la venta de los más diversos amuletos a cursos de espiritualidad de lo más delirante (ufología, tarot, reiki, "sensitismo"...). Al ser impulsada desde la supuesta disidencia, se pretende dotar de una cierta apariencia de credibilidad a lo que no es otra cosa que un proyecto para imponer una nueva religión de carácter global; lo cual, según teorizaron ya personajes como H. G. Wells (en su obra La Conspiración Abierta), sería un paso imprescindible para alcanzar ese sueño totalitario y globalista conocido como Nuevo Orden Mundial. Un individuo dominado por la superstición es mucho más fácilmente manipulable que otro que no lo esté, y si esa superstición es la misma para todo el mundo, se habrá conseguido que todos "remen" en una misma dirección, algo que casi se ha logrado ya en nuestros días, tal y como se puede ver claramente con el popular concepto de "karma", asumido masivamente por la población mundial.

Tanto la teoría de la conspiración satánica como las supersticiones New Age son dos estrategias muy útiles para hacerse con el control de las mentes de los individuos y, por lo tanto, con el control de sus conductas, más si se utiliza para la promoción de las mismas a una disidencia controlada que, en la mayoría de los casos, ni siquiera es consciente de tal control.

Lecturas recomendadas:
- "La amenaza satánica", magistral artículo de Miguel AlgOl, autor del blog "El Baile del Espíritu", en el que expone cómo y por qué el "pánico satánico" ha sido históricamente explotado por el Poder (especialmente por la iglesia).
- "Sexualidad infantil y control social: El discurso de los abusos como método disciplinario" escrito por Layla Martínez (podrás encontrarlo en la sección artículos interesantes) y "Falsas acusaciones y la mentira del abuso infantil" escrito por Peter Zohrab. Magníficos análisis, desde dos perspectivas muy diferentes, sobre los beneficios que tiene para el Estado la difusión de alarmismo social en torno al tema de los abusos sexuales a menores.

Notas:
(1) Realmente estas fueron las consecuencias más terribles de las cazas de brujas. Toda la narrativa relativa a la quema masiva en hogueras es algo más mitológico que real, y entra dentro de ese juego del Poder destinado a criminalizar el pasado con el fin de justificar el presente.
(2) Sobre esto mismo escribí ya un artículo en el blog El Poder de Eros y Psique: "La quema de Giordano Bruno, ¿religión o política?"
(3) Las conocidas como guerras de religión también formaron parte de esta estrategia de guerra ideológica. El objetivo era arrebatar al oponente el control de las mentes del mayor número posible de personas.
(4) Se trata de un recurso tradicionalmente utilizado por las religiones (recordemos el pasaje evangélico de "la matanza de los inocentes" atribuida al rey Herodes), y que delata el carácter religioso de todo este tema de la teoría de la conspiración satánico-reptiliana.

jueves, 17 de diciembre de 2015

El puñetazo a Rajoy: una operación psicológica de manual para movilizar al electorado en la dirección deseada


"(...) encontrándose Clearco (tirano de Heraclea) entre la insolencia de los nobles, a los que no podía, por ningún medio, ni contentar ni corregir, y la rabia del pueblo, que no podía soportar haber perdido la libertad, decidió librarse de la molestia de los nobles y ganarse al pueblo con un solo acto, y cuando encontró la ocasión adecuada, cortó en pedazos a todos los nobles con extrema satisfacción del pueblo. Y por este camino satisfizo los deseos de venganza del pueblo." (Maquiavelo, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, Libro I-16)

Para entender correctamente el puñetazo sufrido por Mariano Rajoy (presidente de España y líder del Partido Popular) en Pontevedra cuatro días antes de las elecciones presidenciales en España, conviene recordar la agresión sufrida por Silvio Berlusconi hace exactamente seis años, cuando un hombre (del que posteriormente se nos diría que sufría un desequilibrio mental) "armado" con una réplica del Duomo de Milán le atacó en plena calle de la capital lombarda. También aquí, como en el ataque a Rajoy, Berlusconi fue agredido el mismo día que tenía previsto realizar un importante mitin electoral. Curiosamente, este ataque no sirvió para reforzar la popularidad de Berlusconi, sino todo lo contrario. El telespectador promedio, tanto el italiano como el del resto del mundo, se identificó más con el atacante que con el agredido (1).

Recordemos, también, el episodio del alunizaje (2) en la sede del Partido Popular (PP) de Madrid de un coche cargado con dos bombonas de butano y sacos de abono industrial, conducido por un supuesto desequilibrado mental en situación de desempleo. Este hecho, lejos de beneficiar al PP (ya en el gobierno en aquel momento), fue de gran utilidad para escenificar un paisaje social crítico, al presentarnos, como protagonista de la historia, a un pobrecillo y desesperado desempleado al que no se le pudo ocurrir nada mejor que planear un chapucero (y frustrado) atentado suicida contra aquellos que consideraba responsables de su tragedia existencial. Como en el ataque a Berlusconi, el gran público se volvió a identificar con el agresor en lugar de con el agredido.

Este tipo de acciones, al ser perpetradas por individuos presentados como pobres diablos, incapaces de controlar racionalmente sus actos (debido a un supuesto desequilibrio mental o, como en el caso del ataque a Rajoy, por tratarse de un menor de edad), víctimas sobre las que se ceba el infortunio (desempleo, depresiones, desahucios...), tienen un efecto psicológico muy diferente al de aquellas atribuidas a grupos fanatizados y perfectamente organizados (ETA, al-qaeda, ISIS...). Mientras que estos últimos son percibidos por el conjunto de la sociedad como una peligrosa amenaza, debido al alto grado de conciencia que tienen sobre sus actos, los primeros, debido a su ciega irracionalidad, son vistos como inofensivos y, por lo tanto, como merecedores de lástima y compasión.

Con esta operación (que bien podríamos denominar "crochet a Rajoy") se ha pretendido dirigir el inconsciente colectivo de la sociedad española hacia el siguiente razonamiento: "¡Qué mal tienen que estar las cosas, y que mal lo tiene que estar haciendo el PP, para que un menor de edad ataque al presidente del gobierno a la desesperada!". De este modo, no sólo se consigue movilizar al electorado, sino que, además, se consigue hacerlo en la dirección deseada: fragmentar el voto de la derecha (un voto muy gregario, que suele tender a concentrarse en un único partido) y animar al votante de izquierdas a participar en las elecciones (un voto que, por ser menos dogmático que el de derechas, no sólo tiende a fragmentarse, sino también a una posible abstención) (3).

El puñetazo a Rajoy ha sido, de momento, el último de los actos que se vienen representando en España (a modo de autos-sacramentales) desde poco antes del 15-M, como parte de un psico-drama cuyos objetivos han sido: la demolición controlada del bipartidismo y la implantación de un nuevo modelo a cuatro (PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos) mucho más dinámico que el anterior, pues permitirá un mayor margen de maniobras a los verdaderos detentadores del poder. Las mayorías parlamentarias que habitualmente solían obtener uno de los dos grandes partidos retrasaba la aprobación de determinadas leyes hasta la llegada al poder de la oposición. A partir de ahora, será mucho más fácil aprobar todo tipo de leyes debido a que no será necesario estar en el gobierno para conseguir que éstas salgan adelante, gracias a posibles acuerdos mayoritarios con otros partidos, estén o no en el gobierno. Además, servirá como lavado de cara del sistema, al presentarnos este tetrapartidismo como un síntoma de "pluralidad" y "salud democrática", a pesar de la estrecha y probada vinculación de los cuatro grandes partidos (y del resto de formaciones parlamentarias) con las cloacas del Poder real en España (la OTAN) y del cada vez más descarado adoctrinamiento de los electores para que voten a uno de esos cuatro partidos. En cualquier caso, el voto es lo de menos, pues los resultados son fácilmente manipulables; lo importante es crear conciencia en la gente para que, posteriormente, los resultados que hagan pasar por verdaderos resulten más o menos creíbles para el ciudadano medio.

PS: Las últimas noticas por las que se trata de vincular al agresor con la familia de Rajoy, y sobre su origen acomodado, tendrían como objetivo alejar toda sospecha (o, al menos, dejarlo todo en una nebulosa) sobre una posible participación o incitación por parte de la izquierda política en los sucesos, así como ahondar aún más en el desprestigio de Rajoy y del PP. En este tipo de operaciones, no se trata de crear una secuencia lógica de acontecimientos, sino una puramente emocional (estrategia de la tensión) gracias a los continuos "flashes" mediáticos dirigidos al corazón del gran público, con el fin de movilizarle adecuadamente en la dirección deseada: que el 20-D vaya a votar para legitimar su falsa democracia. No se trata de que el espectador piense, sino de que sienta. Da igual que una notica desmienta a otra (el espectador no se parará a racionalizarlo), el objetivo es conseguir impactarle emocionalmente. Algo similar ocurrió el 11 de marzo de 2004 (tres días antes de las elecciones generales), cuando, en un primer momento, se hizo responsable a ETA del 11-M y, posteriormente, se adjudicó la autoría a al-Qaeda, lo cual fue de gran utilidad para movilizar masivamente las emociones de los votantes, tanto de derechas como especialmente de izquierdas, al dejar todo lo sucedido bajo el manto de una oscura nebulosa, interpretable sólo según los más inconscientes e inconfesables deseos del consumidor, previamente adoctrinado a conciencia por los grandes medios de comunicación de masas. Como ya he dicho antes, el objetivo principal de este tipo de operación psicológicas suele ser el de romper la tradicional pasividad de muchos votantes, especialmente de los de izquierdas, que, de no ser por acontecimientos como el aquí analizado, optarían por la abstención; todo, con el fin de legitimar el actual sistema de dictadura teledirigida.

Notas:
(1) En este caso, la campaña de desprestigio contra Berlusconi (de la que este ataque fue una pieza más) tuvo como objetivo torpedear el acercamiento de éste hacia Rusia y Putin http://internacional.elpais.com/internacional/2010/12/02/actualidad/1291244410_850215.html  . La diferencia con respecto al ataque sufrido por Berlusconi, es que, muy probablemente, la operación española se llevó a cabo con el consentimiento del propio Rajoy, fiel siervo de los intereses de la OTAN.
(2) Os invito a releer el artículo que escribí en este mismo blog sobre dicho suceso Enfrentamiento entre hinchadas de fútbol y el hombre que estrella su coche contra la sede del PP. Dos nuevos actos de hipnotismo de masas para una mejor gestión de los intereses oligárquicos
(3) Este tipo de operaciones psicológicas son también muy útiles para que determinados grupos de poder (locales o foráneos) retiren (o por lo menos, se replanten retirar) una buena parte de su apoyo (económico, mediático o militar) al personaje u organización que las sufre, al no ver muy rentable invertir en alguien al que su propio pueblo agrede por la calle. Esto facilita el cambio de gobierno.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

La gran mentira del terrorismo (audio-declaración)


http://www.ivoox.com/gran-mentira-del-terrorismo-audios-mp3_rf_9591089_1.html

En la sociedad contemporánea, la mentira y el engaño han llegado a alcanzar dimensiones colosales. Los Estados, que desde hace ya varios siglos vienen utilizando el fraude masivo como herramienta para manipular a la población, han perfeccionado mucho sus métodos en las últimas décadas; esto ha traído como consecuencia que el individuo medio de nuestros tiempos se encuentre ya casi completamente incapacitado para interpretar la realidad de una forma medianamente correcta y, por lo tanto, para desenvolverse con un mínimo grado de autonomía en la vida. Esta "invalidez" intelectual ha llevado a los individuos a una situación de total dependencia para con el Leviatán estatal, convirtiéndose éste, ya, en imprescindible para aquél.

Esta es la principal razón de que, en la actualidad, decir la verdad en torno a engaños estatales tan evidentes como el del terrorismo, encuentre tanto rechazo entre el gran público, quien interpretará toda crítica al Estado casi como un ataque personal. En cualquier caso, considero que hacerlo (decir la verdad) supone un ejercicio muy útil para, por lo menos, no rendirnos frente a la estupidez y la sinrazón reinantes, lo que nos permitirá conservar un mínimo de dignidad, evitando así que nuestro paso por la vida sea como el de los millones de zombies que en estos momentos pueblan la tierra.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Terrorismo simulado: Cuando la ficción es superior a la realidad

"El espíritu del hombre está hecho de tal manera que capta mejor la apariencia que la realidad" (Erasmo de Rotterdam, Elogio de la Locura, 45)

Desde los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, muchas personas vienen especulando, no sólo con la posibilidad de que los atentados islamistas sean ataques de bandera falsa orquestados por los servicios secretos atlantistas, sino también, con la de que muchos de los aspectos que rodean a estos acontecimientos (si no todos) pudieran ser mera ficción (1). Y es que las ventajas que esto le proporcionaría a la OTAN para poder desarrollar con mayor fluidez sus maquiavélicos planes, serían innumerables. Veamos por qué.

Uno de los principales problemas a los que se enfrentan los gobiernos que optan por la estrategia de los ataques de bandera falsa (destinados, principalmente, a justificar ante su población el lucrativo negocio bélico) suele ser el deseo de algunos de los familiares de las víctimas (y de las propias víctimas no mortales) por llegar hasta en fondo en las investigaciones sobre lo ocurrido. Esto puede conducir a que una buena parte de la población llegue a descubrir la verdad sobre este macabro tipo de estrategias, perdiendo así una parte importante de la efectividad que pretenden tener. Además, el elevado número de víctimas que se necesita para que este tipo de estrategias tengan la repercusión mediática y el efecto dramático deseados, conlleva el riesgo de que el número de familiares que deseen esclarecer lo ocurrido sea también elevado; así como el riesgo de que puedan verse afectadas personas de cierta relevancia social, con influencias suficientes para esclarecer los hechos. Un ejemplo de estos riesgos es el trabajo realizado por muchos de los familiares de las víctimas en los casos del 11-S, en Estados Unidos, y del 11-M, en España, cuyas investigaciones destaparon la complicidad de las autoridades gubernamentales de ambos países en uno y otro.

Si en lugar de masacres reales se realizaran simulacros dramatizados, que fueran presentados como hechos reales por los medios de comunicación de masas, esto, no sólo evitaría el problema anteriormente expuesto, sino que además proporcionaría otras muchas ventajas a los perpetradores.

Un simulacro realizado con anterioridad y presentado como un acontecimiento en tiempo real evitaría lo que podríamos denominar como "los riesgos del directo": que los explosivos no estallaran donde y cuando deben, que los señuelos dejados para orientar las investigaciones en la dirección deseada desaparecieran accidentalmente, que los autores fueran interceptados o identificados antes o en el momento de cometer los atentados; todo lo cual, posteriormente, podría dificultar que la versión oficial tuviera la apariencia de veracidad suficiente.

Otra ventaja sería la de tener un control total sobre las pruebas y los testimonios que se filtran, evitando así que los testimonios de testigos presenciales puedan contradecir la versión oficial de los hechos (2), al mismo tiempo que se tiene la posibilidad de fabricar con absoluta libertad todo tipo de pruebas falsas y señuelos que sirvan para orientar las sospechas del gran público según lo deseado. En definitiva, se consigue un control total de la situación sin apenas dejar cabos sueltos.

Mucha gente objetará que, para que algo así fuera posible, sería necesaria la participación de un ingente número de individuos, lo cual podría suponer un riesgo para el secretismo requerido en este tipo de operaciones. Esto no es un problema en las degradadas sociedades occidentales, donde millones de individuos estarían totalmente dispuestos a hacer lo que fuera, y a guardar silencio sobre ello, con tal de asegurarse una paguita mensual o un futuro ascenso. Un ejemplo muy claro lo tenemos en las guerras o las cárceles, donde, a pesar del elevadísimo número de personas que son necesarias para la supervivencia de unas y otras, el hermetismo en torno a lo que allí sucede es absoluto, y son contadas las ocasiones en las que podemos enterarnos (nunca por cauces oficiales) de los abusos y salvajadas que se cometen.

La mentira masiva y la creación de mitos y ficciones es (y ha sido siempre) una práctica habitual e inherente a todo sistema de dominación de grandes multitudes humanas, para lo cual, siempre ha sido necesario que colaboran de forma consciente un elevado grupo de personas; por lo que no debería sorprender a nadie que, a pesar del hecho de que haya muchas personas que están al corriente de estos engaños, se pueda mantener el secretismo con total seguridad. Además, gracias a la cultura audiovisual que hoy impera en las mentes de los individuos contemporáneos, todo aquello que no aparece en los medios masivos es como si no existiera para el ciudadano medio; así que ya puede alguien salir a la calle y gritar a los cuatro vientos que tiene todo tipo de pruebas sobre crímenes cometidos por el Estado, que si no tiene eco en los grandes medios, no tendrá la menor credibilidad para las masas.

Por último, es importante señalar que el degradado individuo de nuestros tiempos, cuya relación con el Estado es similar a la de un lactante con una ubre materna, es absolutamente incapaz de sentir la menor desconfianza hacia su idolatrado benefactor, por lo que rechazará sistemáticamente (como si de un ataque personal se tratara) todo cuestionamiento de su autoridad.

Sólo teniendo en cuenta estos factores y poniéndonos fríamente en el lugar de quienes perpetran este tipo de maquiavélicas estrategias, comprenderemos que, si su verdadero objetivo es la conquista de las mentes de los millones de telespectadores que observan los hechos desde sus casas, y no la de los pocos que los sufren en directo, sería mucho más inteligente hacer llegar a los primeros una historia pregrabada, dramatizada por actores, en la que se dejen atados los principales detalles: conseguir un atentado lo suficientemente espectacular, dejar muy clara la autoría, recrear todo tipo de anécdotas emotivas. Con todo esto se evitan víctimas reales, lo que evitará en gran medida que la versión oficial de la historia pueda ser puesta en duda por posteriores reclamaciones de los afectados (3); de tal modo que, desactivado uno de los factores que más podría desestabilizar la versión oficial, el discurso antiterrorista quede prácticamente blindado, permitiendo a los Estados desarrollar con mayor impunidad sus proyectos (fascismo de Estado, en lo local, y militarismo imperialista, en lo internacional).

Recordemos que no se trata de que sea una historia creíble (la gente se tragará todo lo que le cuenten por la TV), se trata de que sea lo más emotiva posible, para que movilice la característica irracionalidad de las masas. Por lo tanto, recurrir a todo tipo de elementos que contribuyan a realzar el aspecto mitológico de lo sucedido será siempre de gran ayuda para que la historia se consolide con mayor fuerza en el subconsciente de las masas. Los recientes sucesos de París son un magnífico ejemplo de todo esto: fechas que, en occidente, están asociadas a la tragedia (viernes 13); asesinos dementes, capaces de suicidarse para poder matar a cientos de civiles inocentes, resucitando de este modo el viejo mito de los kamikazes (grabado a fuego en el imaginario occidental desde Pearl Harbor); víctimas que asistían a un concierto de música satánica, dando con ello un colorido aún más siniestro a toda la historia; uso de kalashnikov por parte de los terroristas, estableciendo así un nexo psicológico con el viejo fantasma de la amenaza soviética; machacona repetición de la imagen de una mujer embarazada huyendo de la amenaza terrorista, representando la típica alegoría de la "doncella en apuros", tan utilizada históricamente por occidente para incitar a su población a la guerra (4).

Hoy en día se dan las condiciones técnicas y humanas necesarias para que los Estados puedan desarrollar con éxito este tipo de operaciones simuladas. Por lo tanto, si los beneficios que éstas les pueden proporcionar son tan elevados, ¿por qué iban a desaprovechar una oportunidad así? Hay que tener en cuenta, además, que la lealtad y fidelidad entre los diferentes órganos del Estado es absolutamente férrea, con lo que toda maniobra realizada por cualquiera de ellos será siempre disciplinadamente seguida y encubierta por el resto.

La naturaleza de todo Estado es profundamente perversa, pues su fin no es otro que el de conseguir el sometimiento ciego de las multitudes. Precisamente por eso, no dudará lo más mínimo en utilizar todo medio que tenga a su alcance para alcanzar sus propósitos, independientemente del grado de inhumanidad que ello pueda entrañar.

No entender (o no querer entender) el funcionamiento normal del ente estatal, nos impedirá entender muchas otras cosas; por lo que, para realizar un análisis medianamente objetivo de la realidad social, sería aconsejable librarse de muchas de las ficciones y fantasías con las que la propaganda ha venido idealizando al Estado.

Notas:
(1) Como el haber hecho pasar por real el que unos aviones de aluminio atravesaran sin ninguna dificultad rascacielos blindados, como si se tratasen de cuchillos atravesando mantequilla.
(2) Como sucedió en el caso del 11-S, donde multitud de personas pudieron ser testigos directos de las explosiones secuenciadas que fueron las causantes reales de la demolición de las torres.
(3) No es casualidad que los autores de los atentados suelan ser terroristas suicidas, pues, desaparecidos éstos, desaparece también toda posibilidad de un juicio posterior para determinar la autoría, evitando así investigaciones que pudieran poner en evidencia la veracidad de la versión oficial.
(4) Recordemos la campaña promovida por occidente con el tema del burka, para justificar la invasión de Afganistán, a pesar de que el uso de esta prenda fuera minoritario en este país y de que las bombas invasoras no pudieran diferenciar entre partidarios y detractores de la misma.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

La relación entre feminismo y capitalismo: un ejemplo de retroalimentación sistémica

"Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época" (K. Marx y F. Engels, La ideología Alemana)

Independientemente de que se esté o no de acuerdo con el feminismo, o de que se esté o no a favor del sistema de producción capitalista, un hecho indiscutible es que, en nuestros días, capitalismo y feminismo se han convertido en aliados inseparables, hasta tal punto que el sistema de producción capitalista ha asimilado por completo la ideología y el discurso feminista, y el feminismo ha hecho suyo la ideología y el discurso capitalista; es decir, hoy en día se puede afirmar, sin temor a equivocarnos, que el capitalismo es feminista y el feminismo, capitalista. La principal consecuencia de esta alianza ha sido una muy eficaz retroalimentación del actual sistema de dominación. La lucha del feminismo por conseguir incorporar (y adaptar) a la mujer al salvaje sistema de producción capitalista, por un lado, y la asimilación total por parte del capitalismo del victimista discurso feminista, por otro, ha justificado la existencia del uno y del otro (el feminismo ha hecho bueno al capitalismo, y el capitalismo ha hecho bueno al feminismo).

Una buena prueba de esta entente la podemos encontrar tan sólo con hacer un breve repaso de quiénes son hoy algunos de los socios (patrocinadores) principales de la sección feminista de la ONU, la conocida como ONU Mujeres.

Según la página web de ONU Mujeres, Coca-Cola, Microsoft o la Fundación Rockefeller son algunos buenos ejemplos de lo mucho que las grandes compañías transnacionales están apoyando (con cuantiosas sumas de dinero) las reivindicaciones feministas (enlace a los patrocinadores de ONU Mujeres).

Estas sustanciosas cantidades de dinero han creado, por todo el mundo, una auténtica legión de mercenarios y mercenarias entregados en cuerpo y alma a la "misión" de propagar las "virtudes" del feminismo y del capitalismo. Esta labor proselitista les garantiza, mensualmente, unos sueldos nada despreciables. Sólo en España, cientos de miles de personas cobran sueldos o reciben algún tipo de subvención con motivo de las conocidas como políticas de igualdad, lo cual ha generado una situación de clientelismo donde la última preocupación de este nuevo tipo de evangelizadores es el bienestar de las mujeres y, por supuesto, el de los hombres.

Aquellas mujeres que aún ven en el feminismo un camino de liberación harían bien en preguntarse por qué un sistema como el capitalismo, basado en la explotación del hombre por el hombre (y, por lo tanto, en la dominación de unos sobre otros), ha decidido adoptar, sin el menor reparo, el discurso y la ideología feminista.

El feminismo es una ideología demagógica que basa su discurso en una retórica victimista y reduccionista parecida a la empleada por otros sistemas ideológicos de corte totalitario (recordemos como Hitler, para alcanzar el éxito, basó su discurso en la victimización del pueblo alemán). La retórica victimista se dirige a las emociones, nunca a la razón, esto permite una efectiva manipulación de los individuos en las sociedades de masas. El objetivo del discurso victimista es siempre el de someter al grupo que se culpabiliza y ganarse la tutela del victimizado, es decir, el objetivo es la dominación. Comprender esto es fundamental para empezar a discernir el verdadero motivo del actual idilio entre capitalismo y feminismo. Seguir pensando que el feminismo es una ideología liberadora sólo servirá para fortalecer aún más las cadenas del actual sistema de dominación.

El feminismo es, además, una ideología que promueve la más absoluta insolidaridad de las mujeres hacia sus compañeros varones, pues ignora y menosprecia los problemas que históricamente han venido afectando a éstos: reclutamiento forzoso para la guerra, desempeño de los trabajos con mayores índices de siniestralidad, condenas más duras en los códigos penales; de tal forma que una ideología así sólo puede promover la desunión y el recelo entre hombres y mujeres, lo cual, en última instancia, es de gran utilidad para la supervivencia del orden establecido.

Los hombres, por su parte, deberían hacer también un poco de autocrítica, pues, quizá, el hecho de haber aceptado el capitalismo y todo su perverso sistema de valores, masivamente y sin apenas oponerle resistencia, haya tenido como consecuencia que las mujeres asumieran ciega y acríticamente los postulados feministas como una forma de defenderse ante el tipo de hombre al que ha dado origen el capitalismo. Es decir, también los hombres deberían revisar y aceptar la parte de responsabilidad que les corresponde en el actual clima de enfrentamiento entre sexos, sin, por ello, quitar la responsabilidad que las mujeres tienen también en todo este asunto (y en el hecho de que los hombres se hicieran tan fervientes adoradores del capitalismo). Es indudable que, por vivir en el mismo mundo y por necesitarnos mutuamente para poder vivir, los unos somos responsables del comportamiento de los otros, lo cual no quita para que cada individuo asuma la  parte de responsabilidad que le corresponde.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Los atentados del viernes 13 en París: la gran baza de la OTAN para recuperar la iniciativa en Oriente Medio frente a Rusia

(Un artículo escrito para el blog Antimperialista) Los atentados terroristas del viernes 13 en París podrían beneficiar a la OTAN por partida doble. Por un lado, servirían para confirmar la hipótesis del atentado terrorista en el caso del reciente siniestro del avión ruso y, por otro, para justificar una intervención militar directa de la OTAN sobre territorio sirio con el objeto de evitar el control total de la zona por parte del ejército ruso.

Cuando aún es imposible que se haya podido realizar una investigación mínimamente seria al respecto, occidente ya tiene construida toda la versión oficial de la tragedia de París y la está difundiendo masiva y disciplinadamente a través de todos sus aparatos de propaganda, atribuyendo al terrorismo islámico la autoría de los atentados.

Los ataques terroristas perpetrados en Francia permitirán a la OTAN manejar a su antojo el fenómeno del terrorismo según sus intereses geoestratégicos, pues, al haberse producido sobre territorio de uno de los más importantes miembros de la organización transatlántica (y, actualmente, fiel vasallo de EEUU), los servicios secretos atlantistas tendrán libertad absoluta para consolidar una versión de los hechos que facilite sus planes imperiales.

Por un lado, tendrán la posibilidad de crear todo tipo de pruebas falsas que sirvan para relacionar estos atentados con el siniestro del avión ruso sobre el Sinaí y, de este modo, dar credibilidad a próximos atentados contra aliados rusos o intereses rusos en Oriente Medio, que, como ya expliqué en el artículo anterior, tendrían como objetivo impedir que la oligarquía rusa consiga sacar el rendimiento deseado de estas alianzas o, incluso, obliguen a algunos países a romper su alianza con Rusia. Por otro lado, los atentados de Francia servirán para justificar una intervención militar directa de la OTAN en Siria que interfiera en el control que actualmente ejercen las tropas rusas sobre la zona. Es posible incluso que esta intervención tenga el objetivo de convertir a Siria en un auténtico avispero para Rusia (llevando a cabo acciones de cobertura para el Estado Islámico o atentados de bandera falsa), igual que en su día lo fue Afganistán, aunque todo parece indicar que Rusia tiene muy bien aprendida la lección del pasado y que este último macabro movimiento de la OTAN sobre el tablero de la actual guerra fría entraba dentro de lo previsto por el Kremlin, quien parece seguir apostando por la estrategia de desgaste del enemigo en su pugna interimperialista contra la OTAN.

El motivo de que los ataques terroristas hayan tenido lugar sobre suelo europeo, y no en otra parte, debemos buscarlo en la necesidad de los Estados Unidos de Norteamérica de conseguir una mayor implicación de sus aliados europeos en su nueva guerra fría contra Rusia. Habría que recordar que con un objetivo muy parecido se ejecutó el 11-M en Madrid, que, entre otras cosas, también consiguió forzar a la ONU a emitir una resolución por la que se internacionalizaba el mando de las tropas desplegadas en Irak durante la guerra de Irak en el año 2004. Es muy probable que, en esta ocasión, la OTAN exija la misma cobertura legal por parte de la ONU para intervenir en Siria y recuperar el terreno perdido frente a Rusia.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Sobre la incompatibilidad entre política y bien común


"Política, s. Conflicto de intereses disfrazado de lucha de principios. Manejo de los intereses públicos en provecho privado." (Ambrose Bierce, El Diccionario del Diablo)

En más de una ocasión, habrás oído decir a familiares, amigos o a compañeros de trabajo que la causa de que un político o un partido político tenga las manos atadas para gobernar en favor de sus votantes cuando llega a puestos de poder (ya sea en el gobierno o en la oposición parlamentaria) es que, en contra de su voluntad, no le queda más remedio que devolver favores a todas aquellas personas y entidades que facilitaron su ascenso a tales puestos.

Quizás, en algún caso puntual, esto sea así, pero utilizar este argumento para explicar el comportamiento general de los políticos (y de los partidos a los que éstos pertenecen) una vez han llegado a posiciones de poder, no sólo denota una muestra de ingenuidad sin límites, sino también un desconocimiento absoluto del verdadero sentido de la  profesión política y, lo que es más grave, de cómo funciona el mundo en el que viven.

El objetivo de los políticos es alcanzar el poder, para lo cual deben ganarse el favor de quienes realmente lo ostentan, que en ningún caso son los votantes, sino aquellos que tienen el control de las armas, los grandes medios de producción o los aparatos de propaganda y adoctrinamiento; por eso, todo político o partido político que aspire a algo en nuestra sociedad deberá dirigir sus "promesas", en primer lugar, no a los votantes, sino a quienes realmente pueden auparle al poder. Por eso, contrariamente a lo que se piensa, los políticos, cuando llegan al poder (y hacen lo que hacen), no están cometiendo ningún tipo de traición contra nadie o acto en contra de su voluntad, sencillamente, se limitan a desempeñar la función para la cual fueron aupados al poder: gestionar las fuerzas productivas de la sociedad según los intereses de quienes le auparon a esa posición de poder (el poder real). Es más, se podría decir que aquel político que, alcanzada una posición de poder, se dedicara a hacer política en beneficio de los votantes es el que debería ser considerado como un traidor en toda regla, pues estaría dando la espalda a quienes realmente posibilitaron que llegara hasta donde llegó (las élites).

Dichas élites (el poder real), a la hora de seleccionar a los políticos y partidos políticos que auparán al poder, no sólo valoran lo que aquéllos les "prometen", sino, sobre todo, el cómo se lo prometen, es decir, su habilidad para hacer pasar por interés público lo que no son otra cosa que los intereses de unos pocos; en otras palabras, su capacidad para manipular los deseos y los sentimientos de las masas en beneficio de las élites. En este sentido, el discurso populista de izquierdas ha sido y sigue siendo el discurso preferido; concretamente, los llamados partidos de la nueva izquierda, como Syriza en Grecia o Podemos en España, son hoy la opción favorita de las élites debido a la pérdida de credibilidad de los tradicionales partidos de izquierda.

Veamos un ejemplo.

Hoy en día, la inmigración es para los empresarios, además de una fuente de mano de obra barata, un medio de chantajear a la mano de obra local para que reduzca sus demandas salariales y acepte las condiciones de la patronal; esta es la razón de que grandes entidades financieras como la Caixa hayan hecho y estén haciendo tantos esfuerzos para que el conjunto de la población vea con buenos ojos la llegada masiva de inmigrantes (1) y pase por alto el impacto negativo que ello supone, tanto para el país al que llegan (bajada de salarios) como para el país del que proceden (robo de talentos). En este sentido, Podemos se presenta como una opción ideal para los intereses de las élites al proponer medidas que fomentan la llegada masiva de inmigrantes (Podemos dará ayudas a los empresarios que contraten inmigrantes sobre españoles); medidas camufladas bajo el discurso de la defensa de los intereses nacionales (para lo cual, curiosamente, utiliza los mismos argumentos que la Caixa) y de la lucha por los derechos humanos (una "lucha" que ha sido asumida sin ninguna dificultad por instituciones hipercapitalistas como el Real Madrid o el FC Barcelona como hemos podido ver en el caso de los llamados refugiados sirios).

El proceso se podría resumir más o menos así:
- Las élites, a través de los conocidos como Think Tanks, exponen sus deseos: necesidad de mano de obra inmigrante, necesidad de una mayor implicación de la mujer en la política o en el ámbito empresarial, necesidad de hacerse con un control totalitario de los recursos energéticos o incrementar el precio de los combustibles.
- Los partidos políticos elaboran un programa donde, tras una retórica populista (derechos humanos, feminismo, ecologismo), se ocultan una serie de medidas destinadas a satisfacer las necesidades expresadas por las élites.
- Las élites, a través de diversos mecanismos (especialmente, gracias a los medios de comunicación de masas) aúpan a posiciones de poder a aquel o aquellos partidos políticos cuyas propuestas mejor sirvan para gestionar sus intereses teniendo en cuenta la coyuntura social de cada momento.

Los partidos políticos son un tipo de organización que, desde sus inicios, fueron diseñados, no con la idea de servir al pueblo, sino a las élites (Estado-capital), que son las únicas que, en una sociedad como en la que vivimos, les pueden permitir, o no, acceder a posiciones de poder. La relación de los partidos políticos con el Estado sólo se puede entender como una relación de clientelismo. Se podría decir, entonces, que los partidos políticos, por su peculiar idiosincrasia (asegurar su propia supervivencia a toda costa), son incompatibles con el bien común.

La particularidad en nuestros días es que a los políticos de hoy les resulta prácticamente imposible disimular su verdadera razón de ser, de tal modo que su actitud durante las campañas electorales se asemeja mucho más a la de un "pelota" haciendo méritos para ser ascendido por su jefe, que a la de un desinteresado filántropo. El triunfo de la brutal e inhumana ideología capitalista es absoluto en nuestros tiempos. La lógica del interés individual y el máximo beneficio económico ha colonizado las mentes de la práctica totalidad de los seres humanos del planeta tierra. Esto ha tenido como consecuencia un hundimiento sin precedentes de la calidad humana de los sujetos; una situación a la que las personas que forman parte de los partidos políticos no han podido sustraerse, más bien todo lo contrario, agudizándose hasta el paroxismo el talante megalómano de sus líderes. Pablo Iglesias, Albert Ribera o Pedro Sánchez son tres buenos ejemplos de este decadente estado de cosas. Así, el inocultable ansia de poder que mueve a este tipo de personajes pone al descubierto con mayor claridad que nunca el verdadero sentido de la política.

El sistema de partidos políticos es un sistema perverso, en el que los individuos deciden  convertirse voluntariamente en menores de edad, al delegar la gestión de absolutamente todos los aspectos de sus vidas (incluidos los más íntimos) en manos de unas personas que, sin saber muy bien en base a qué, se atribuyen esa potestad. ¿Qué pensarías si, un día, tres o cuatro individuos se presentasen en la puerta de tu casa y te dijeran que tienes que elegir a uno de ellos para que a partir de ese momento se hiciese cargo de la gestión de tu vida doméstica? Pues, más o menos, eso mismo es lo que hacen los políticos. Es indudable que sólo gente extremadamente ruin y miserable puede dedicar su vida a una profesión como la política; pero, si la mayor parte de las personas decidieran asumir la responsabilidad que, sobre la gestión de sus vidas y la de su comunidad, les corresponde sólo por el hecho de estar vivos, tal estado de cosas no sería posible. Como ya dijo alguien hace más de 100 años: "¡el criminal es el elector!" (2).

La ciberdemocracia directa, con la que se pretende sustituir el sistema de partidos, no será un sistema menos perverso que el actual, pues las personas se limitarán a votar propuestas previamente debatidas, sin posibilidad de participar en su proceso de elaboración. Este sistema, como el anterior, no sólo no evita la manipulación que el poder ejerce sobre los individuos a través de todos sus aparatos de propaganda, sino que ahonda aún más en el proceso de infantilización (y robotización) de la sociedad.

Notas:
 (1) Estudio Social de la Caixa N.31  "Los inmigrantes asentados en España aportan más al Estado del bienestar de lo que reciben" http://prensa.lacaixa.es/obrasocial/estudio-social-31-inmigracion-y-estado-bienestar-espana-esp__816-c-14169__.html
(2) Enlace al texto de Albert Libertad "¡El criminal es el elector!" http://arrezafe.blogspot.com.es/2013/10/el-criminal-es-el-votante.html?m=1

jueves, 22 de octubre de 2015

¿Por qué el feminismo se ha convertido en política de Estado? (Otra vuelta de tuerca a la explotación de los hombres)

"El Tinglado nunca tuvo la oportunidad de instalarle un control. Nada de esposas pidiendo un parquet nuevo. Nadie que se ocupase de él, por eso goza de la libertad necesaria para ser un buen farsante." (Ken Kesey, Alguien voló sobre el nido del cuco, Primera parte)

Hoy en día el feminismo ocupa un lugar destacado en la política de Estado; una estrategia que ha servido no sólo para fortalecer a este último, sino también al sistema de producción capitalista en el que se apoya.

La demagogia y el buenismo del discurso feminista, que victimiza a la mujer y culpabiliza al varón, al cual se le hace responsable en exclusiva de todos los males sufridos por la mujer a lo largo de la historia, olvida de forma interesada el papel jugado por muchas mujeres en el sometimiento de multitudes humanas (compuestas por mujeres y hombres), unas veces como protagonistas principales: las reinas Isabel I de Inglaterra y Victoria de Gran Bretaña son un buen ejemplo de ello (1); y, otras, como protagonistas en la sombra: las consortes de los hombres de poder, interesadas tanto o más que éstos en no perder o incluso mejorar su posición de privilegio. Este engañoso discurso, que en nuestros días ha alcanzado la categoría de dogma gracias a la incansable (y en muchos casos inquisitorial) labor de los aparatos ideológicos del Estado, ha sido adoptado por el Estado con el objetivo de ganarse el apoyo incondicional de las mujeres (al menos, de la mayoría), al presentarse ante éstas como el principal garante de su seguridad y valedor de sus deseos y aspiraciones (deseos y aspiraciones tras los que no siempre se esconde el instinto de supervivencia y sí, en muchos casos, una pueril vanidad o una rastrera codicia). De este modo, el Estado no sólo se asegura la fidelidad de la inmensa mayoría de las mujeres, sino que, además, consigue la de todos aquellos hombres que aspiran a tener algún tipo de relación con dichas mujeres. No hace falta ser ningún lumbreras para entender que una mujer que tiene como objetivo obtener una subvención del Estado para montar su propia empresa (lo que hoy se conoce como mujer emprendedora), lo último que le interesará será un hombre cuyo objetivo sea acabar con el Estado o que, simplemente, desconfíe de él. Se podría decir que el Estado, con la incorporación del feminismo a su política, coaccionaría a los hombres con una especie de mensaje subliminal como este: "Si queréis una mujer, tendréis que someteros a mi voluntad".

Además, el feminismo es de gran ayuda al Estado para definir, en función de sus intereses, el tipo de hombre que debe gustar a las mujeres y el que no, pues, gracias al término "machista", tiene la posibilidad de estigmatizar tanto actitudes éticamente censurables (que las mujeres no están exentas de cometer) como otras que no lo son pero podrían dificultar sus ansias de control totalitario (virilidad, rebeldía).

Por otra parte, el sistema de producción capitalista ha sido otro de los grandes beneficiados de que el discurso feminista haya alcanzado la categoría de política de Estado.

El discurso feminista en ningún momento cuestiona el papel o rol del varón como proveedor principal de los recursos materiales de la familia (2), de tal forma que dicho rol sigue estando plenamente presente (grabado a fuego) en el subconsciente de la sociedad, y continúa descargando toda la presión y responsabilidad que lleva aparejado sobre las espaldas y las mentes de los hombres. De este modo, el acceso de muchas mujeres a puestos de trabajo muy bien remunerados (en muchas ocasiones, mejor remunerados que los de muchos hombres), gracias a las políticas feministas impulsadas por el Estado (3), ha tenido como consecuencia un aumento de la presión social sobre los hombres, quienes tendrán que hacer esfuerzos extras (sin ningún tipo de ayuda externa) para cumplir adecuadamente con el rol social que se espera de ellos (que las mujeres esperan de ellos): conseguir una fuente de ingresos mejor que la de la mujer a la que aspiran.

En otras palabras, en la actualidad, si un hombre quiere estar a la altura de las expectativas de una mujer, los esfuerzos que tendrá que realizar serán aún mayores que en el pasado: ya no basta con tener trabajo, ahora se trata de tener un trabajo mejor remunerado que el de la mujer. No hay que haber estudiado precisamente un máster en economía para comprender que esto sólo puede repercutir positivamente en el proceso de producción capitalista, al conseguir que los varones sean (utilizando terminología neoliberal) más competitivos. En este caso, gracias a la adopción de políticas feministas, el capitalismo chantajearía a los hombres con un mensaje subliminal parecido a este: "Si queréis mujeres, tendréis que ser un poco más productivos".

No nos engañemos, el hecho de que el capitalismo haya hecho suyos el discurso y la ideología feminista tiene como objetivo aumentar la presión sobre los varones, obligando a éstos a realizar mayores esfuerzos para estar a la altura de las expectativas que su rol social les exige. Una presión que muchos hombres no pueden superar y que, sin duda, es la causa de que el 75% de los alcohólicos, el 80% de los drogadictos o el 78% de los suicidas sean hombres (4).

Esta forma de jugar con los instintos y prejuicios sociales de los hombres y de las mujeres puede parecernos un modo de proceder inhumano y brutal, pero es comprensible en una civilización decrépita y moribunda, donde sólo se ve a los otros como medios, nunca como fines en sí mismos.

En este mismo contexto, habría que situar la actual campaña en torno a la prostitución, cuyo objetivo sería el de dificultar todo lo posible lo que hasta ahora venía siendo una fácil vía de acceso al sexo femenino para muchos hombres (y en algunos casos, la única vía) en el escenario de represión y escasez sexual que hoy vivimos; de tal modo que si un hombre quiere tener acceso a una mujer de forma regular, no le quede más remedio que pasar por el aro: someterse al Estado y ser más productivo. En definitiva, el Estado pretende un control total sobre la gestión de las relaciones afectivas entre hombres y mujeres (5), de tal manera que si alguien quiere resolver de forma satisfactoria algo tan primario como esto, no tenga otra posibilidad que la de someterse a los caprichos del Estado.

Tarde o temprano, las mujeres terminarán por darse cuenta de que el feminismo está muy lejos de ser un medio de liberación, y comprenderán que sólo se trata de una estrategia para el control social tanto de las propias mujeres como de los hombres; una estrategia empleada por el Estado con el fin de hacerse dueño y señor de los actos y de los deseos de las mujeres, como si de la madre superiora de un convento se tratase (6).

Es muy probable que, con el tiempo, las actuales estrategias de control social sean superadas por el conjunto de la humanidad, lo cual sólo servirá para obligar al Poder a idear otras nuevas aún más sutiles, por lo que habrá que seguir muy atentos en el futuro.

Notas:
(1) Reinaron durante 44 y 63 años respectivamente, contribuyendo al desarrollo y fortalecimiento de uno de los más sanguinarios imperios de la historia
(2) Las voceras del feminismo son las primeras en defender las desorbitadas pensiones alimenticias que los varones deben abonar a las mujeres en los casos de divorcio.
(3) Estas políticas han sido fundamentales en este sentido, tanto actuando de forma directa: mediante la llamada discriminación positiva, como indirecta: el adoctrinamiento de todos los sectores de la sociedad ha facilitado el acceso de las mujeres a estos puestos por encima de los hombres.
(4) Por contrapartida, es probable que la presión que ejerce sobre los hombres el rol social que la sociedad les impone sea también el causante de que muchos de ellos recurran al arte, a la ciencia o a la filosofía como vías para escapar de una situación que acarrea tanto esfuerzo y sacrificio; lo cual explicaría que detrás de las más grandes obras de arte, descubrimientos científicos o sistemas filosóficos de la historia estén hombres y no mujeres en la inmensa mayoría de los casos. Puro instinto de supervivencia.
(5) Como el control total que ya tiene sobre la tierra, el agua y los animales. Hoy en día, el ecologismo es usado por el Estado como la principal herramienta para ganarse el consentimiento de los sometidos en este aspecto.
(6) Muchos investigadores empiezan a relacionar los orígenes del feminismo con diversos movimientos integristas cristianos estadounidenses de finales del siglo XIX y principios del XX vinculados al ku klux klan y al WASP, concretamente, con los colectivos de mujeres cristianas que encabezaron la lucha contra el consumo de alcohol y la prostitución.

miércoles, 7 de octubre de 2015

¿Qué se esconde detrás de las campañas por los derechos de los animales? (humanizar a los animales/ animalizar a los humanos)


Advertencia: es posible que la lectura de este breve artículo pudiera llevar a algunas personas a pensar que trato de justificar espectáculos como el Toro de la Vega o la tauromaquia en general (1), por ello, recomendaría a todos aquellos que aún siguen anclados en una lógica reduccionista y maniquea, y que casualmente han tropezado con esta reflexión, que, con el fin de evitar que su frágil intelecto se escandalice, abandonen cuanto antes estas líneas y continúen viendo vídeos virales en youtube o enredados en alguna ciberdiscusión en uno de los múltiples foros de debate de internet.

"¡Siguiendo sus talones como un perro para mostrarme hasta que punto has degenerado!" (William Shakespeare, Enrique IV: Primera parte, Acto III, Escena II)

Al igual que otras estrategias psicológicas de control social utilizadas en nuestros días por el poder establecido, las campañas por los derechos de los animales (apoyadas en la actualidad por todos los grandes medios de comunicación de masas) tienen un objetivo multifuncional. Entre las diversas funciones que dichas campañas cumplen, la principal de ellas consiste en rebajar al máximo la dignidad de los seres humanos mediante el uso de un falaz discurso que trata de situar a un mismo nivel la condición humana y la de las bestias (2), llegando incluso a atribuir a éstas el grado de sujetos de derecho.

Esta rebaja de la dignidad de los seres humanos, con la que se les degrada a la categoría de meros animales, no sólo es muy útil para neutralizar actitudes peligrosas para el poder, como la rebeldía o la cooperación entre los sometidos, sino también para potenciar otras más beneficiosas, como el servilismo o la competitividad. Conviene recordar que este socavamiento de la dignidad ha sido y sigue siendo un procedimiento habitual en todas las cárceles y campos de prisioneros, su fin es doblegar la voluntad de los cautivos. Precisamente, en la prisión de Abu Ghraib, durante la Guerra de Irak, se llegó a utilizar animales (a perros concretamente) con este mismo propósito.

Las campañas por los derechos de los animales (junto a otro tipo de campañas ideológicas) han contribuido a que muchos individuos se vean a sí mismos y a sus semejantes como seres no muy diferentes a animales y, en algunos casos, como habremos oído en más de una ocasión al dueño de una mascota, como inferiores a éstos. Todo ello ha tenido como consecuencia que tales individuos hayan ido progresivamente animalizando su forma de percibir la realidad y de relacionarse con el mundo, hasta el punto de ver como fin último de la existencia humana la mera satisfacción de las necesidades fisiológicas.

Los beneficios que el capitalismo puede obtener de hombres que piensan y razonan como animales, y no como hombres, son fácilmente comprensibles: unos obreros de una cadena de montaje, bien adoctrinados en este sentido, no tienen una manera muy diferente de comportarse a unos burros dando vueltas a una noria. Si al hombre sólo le preocupa la mayor o menor cantidad de "pienso" con el que llenará su estómago al final del día, el capitalismo no sólo estará a salvo, sino que se fortalecerá, al encontrar una justificación ideológica en el modo de razonar de los individuos.

Por último, esta estrategia tiene también como objetivo inculcar un absurdo sentimiento de culpa en los seres humanos por el mero hecho de serlo, algo parecido a lo que hace el feminismo con los hombres heterosexuales. El sentimiento de culpa ha sido una estrategia utilizada históricamente por el poder con el objetivo de conseguir sujetos amedrentados y timoratos y, por lo tanto, fácilmente dominables. En la actualidad, lo único que ha hecho el poder ha sido sustituir los viejos y desgastados métodos (cristianismo) por otros nuevos (feminismo, ecologismo...) con el mismo fin.

Sin lugar a dudas, la mejor forma de descubrir quién está detrás de todo este tinglado de la defensa de los derechos de los animales, y de entender el objetivo por el que se creó, es realizando un sencillo ejercicio de investigación histórica. La World Wildlife Fund (WWF) fue la primera organización ecologista del mundo preocupada especialmente por los animales, y tuvo, en el Príncipe Bernardo de Holanda, a su presidente fundador (1961). El príncipe Bernardo, además de su posición de aristócrata, fue un reconocido mecenas del régimen nazi. Además de Bernardo de Holanda, destaca, entre los fundadores de la WWF, Godfrey A. Rockefeller, miembro del clan Rockefeller y personaje muy estrechamente vinculado a la familia Bush.

Este tipo de estrategias utilizadas por el poder, no sólo afectan a los sometidos a corto plazo, sino que, a la larga, también afectan a las futuras generaciones de dominadores, los cuales no podrán escapar del ambiente de degradación social creado por sus predecesores. Una degradación que se irá agudizando con el paso de los años como consecuencia de las nuevas estrategias que irán aplicando los sucesivos (y cada vez más degradados) dominadores con el fin de mantener su posición. Este círculo vicioso (cuyo motor es el ansia de poder) sólo puede terminar precipitando al vacío al actual orden social; un acontecimiento para el que no creo que falte ya mucho tiempo, basta con observar la ramplonería y mediocridad de los nuevos "líderes" para darse cuenta de ello.

Notas:
(1) Espectáculos que tienen muy poco que ver con un festejo popular y sí mucho con un negocio capitalista.
(2) En este sentido, el gran admirador del nazismo, Walt Disney, jugó un papel decisivo en el adoctrinamiento de millones de personas al convertir a los más diversos animales en protagonistas de un gran número de sus películas. Gracias al poder hipnótico del cine y de la TV, se consiguió que las masas empezarán a percibir a los animales de una forma muy diferente a como se les había percibido hasta entonces, esto permitió al discurso de los derechos de los animales abrirse paso con una mayor facilidad. Esta estrategia de desestructuración de lo humano se ha vuelto aún más agresiva en las últimas décadas, convirtiendo en protagonistas de películas de cine y series de televisión a todo tipo de objetos inanimados.

lunes, 14 de septiembre de 2015

La manipulación del deseo sexual en beneficio de la producción capitalista

“Hasta en el amor y en el odio, que son acciones tan libres, se ven forzados a obedecer.” (Séneca, De la brevedad de la vida, XIX)

El deseo sexual es una de las pulsiones que más condiciona el comportamiento de los seres humanos; esto es debido a su poderosa naturaleza instintiva. Desde hace ya mucho tiempo, el poder se dio cuenta de que si lograba direccionar los deseos sexuales de los miembros de una comunidad hacia unos determinados gustos, podría obtener grandes beneficios.

En nuestra sociedad, el hecho de que las mujeres se sientan atraídas por un determinado tipo de hombre, y no por otro; y de que los hombres se sientan atraídos por un determinado tipo de mujer, y no por otro, es algo que obedece más a causas culturales (políticas o económicas) que naturales.

Desde muy temprana edad, y utilizando diferentes estrategias (1), el sistema ha tratado de adaptar el gusto de los hombres y de las mujeres a un determinado patrón o estereotipo femenino o masculino respectivamente (actualmente, esta misma manipulación se lleva a cabo también entre los homosexuales). El objetivo es conseguir adaptar los deseos sexuales de los individuos (y, por lo tanto, al propio individuo) a las necesidades del sistema. En nuestros tiempos, esas necesidades no son más que el deseo de los poderosos de conseguir un incremento de la producción capitalista. El que los hombres se sientan atraídos por un tipo de mujeres que tratan y adornan sus cuerpos de una forma determinada, y el que las mujeres se sientan atraídas por un tipo de hombres con un determinado tipo de costumbres y hábitos, ha provocado que la maquinaria capitalista se haya fortalecido considerablemente.

Veamos algunos ejemplos de los modelos masculinos y femeninos que el sistema presenta y promociona como atractivos, y el motivo por el qué lo hace:

El promocionar como atractivo un modelo de cuerpo atlético, tanto de hombres como de mujeres, ha conseguido que las personas dediquen una parte muy importante de su tiempo libre a realizar todo tipo de actividades físicas con el fin de aproximarse lo máximo posible a lo que socialmente se considera como atractivo. Esto está teniendo como consecuencia directa la aparición de individuos mucho más aptos para la producción capitalista (y para la guerra imperialista), pues, al seguir el modelo imperante de Actividad Física (esencialmente mecanicista), éstos tratan y se relacionan con sus cuerpos como si fueran simples máquinas, lo cual adapta al individuo al capitalismo, no sólo física, sino sobre todo, psicológicamente.

El presentar y promocionar como atractivos a aquellos hombres y mujeres que visten a la moda, que llevan una activa vida social o que conducen un deportivo último modelo, hace que hombres y mujeres, para resultar atractivos, tengan que someterse en cuerpo y alma a un trabajo asalariado que les permita costearse tales gastos. Igualmente, alimenta en ellos el ansia por alcanzar un puesto de trabajo mejor remunerado que les permita un mayor nivel de gastos y, así, poder aumentar su grado de atractivo. Todo este esfuerzo tiene como consecuencia, como cabría suponer, un incremento de la producción capitalista.

Tampoco es casual que se promocionen determinadas modas. Por ejemplo, los actuales pantalones-braga entre las mujeres, o los vaqueros-pitillo entre los hombres, obliga a unas y a otros a tener que realizar un determinado grado de actividad física si quieren poder utilizarlos, lo cual redunda de nuevo (de forma similar a lo que expuse en el primer caso) en beneficio de la maquinaria capitalista.

Por otra parte, la sobreexcitación sexual artificialmente inducida por el sistema (a través de la televisión, internet, etc.) y las dificultades creadas por el propio sistema para resolver dicha sobreexcitación sexual (especialmente mediante el enfrentamiento entre sexos del que ya hablé en un artículo anterior) ha hecho que los esfuerzos que los individuos tengan que realizar por resultar atractivos al otro sexo deban ser aún mayores (2), algo que, indudablemente, sólo puede suponer beneficios para el sistema capitalista. Esta técnica no es muy diferente a las que se emplean con ciertos animales para obtener de ellos un mayor rendimiento. Esto nos puede dar una ligera idea del concepto que tienen de nosotros los actuales dirigentes, así como de su carácter y de la ideología (creencia) que les guía.

A estas alturas de nuestra vida, y debido a la presión social reinante, es muy difícil evitar vernos atraídos por aquello que han querido que nos sintiéramos atraídos. En cualquier caso, puede ser de gran utilidad para toda aquella persona cuya aspiración sea la de alcanzar el mayor grado de libertad posible, saber que el modelo o estereotipo masculino y femenino que esta sociedad nos presenta como atractivo sólo tiene un objetivo: manipular nuestros apetitos sexuales con el fin de engrandecer el sistema de producción capitalista, y esclavizarnos a él.

Esta toma de conciencia puede sernos de gran ayuda en nuestra lucha contra las cadenas con las que el capitalismo trata de someternos, al empezar a ver como algo despreciable lo que hasta ahora considerábamos como atractivo, al reconocer como una astuta trampa del sistema lo que antes nos parecían cantos de sirenas, al identificar como colaboracionistas de nuestro adversario a todas aquellas personas sometidas a los patrones estéticos imperantes.

En este mismo sentido, tampoco debemos subestimar el potencial liberador de rebelarse contra la moda en los hábitos de vestir (como en su día hicieron los hippies hasta que el sistema fagocitó su rebelión convirtiéndola en moda). Este sencillo ejercicio de rebeldía puede serte de gran utilidad para alejarte y mantener alejadas de ti a aquellas personas que pudieran retenerte por más tiempo o dificultar tu huída de la prisión de la que estás tratando de escapar. Además, este ejercicio, al distanciarte de los hábitos mayoritarios, te permitirá percibir con una mayor claridad los enormes esfuerzos y sacrificios que hace la gente por resultar atractivos a los demás y, por consiguiente, su continua y voluntaria renuncia a la libertad. Quizás eso termine por convencerte de que, en última instancia, la falta de libertad entre los seres humanos está más relacionada con una cuestión de prioridades personales que con algún otro tipo de factor externo.

Sin duda alguna, se podrían decir muchas más cosas sobre este tema (y espero que así se haga), pero baste para terminar un par de reflexiones que toda persona que haya alcanzado un mínimo de lucidez en este asunto debería tener siempre presente: ¿hasta qué punto merece la pena convertirse en un esclavo del sistema para conseguir unas migajas de afecto por parte del sexo contrario (o del mismo, en el caso de los homosexuales), más teniendo en cuenta que está cesión voluntaria de nuestra libertad tampoco garantiza que aquello tenga necesariamente por qué ocurrir? y, lo más importante, ¿hasta qué punto merece la pena mendigar el afecto de unas criaturas que exigen que me convierta en un esclavo del sistema para resultarles atractivo?, ¿no sería esto como mendigar afecto a unos seres con un nivel intelectual no muy superior al de las nutrias?

Notas:
(1) Especialmente, mediante la manipulación del instinto gregario, algo que hoy en día se puede conseguir con gran facilidad gracias al poder de persuasión de los medios de comunicación de masas. El tener cualquier tipo de relación sentimental con hombres o mujeres considerados como socialmente atractivos suele ser presentado como un indicativo de prestigio social.
(2) Actualmente, el sistema exige un esfuerzo mucho mayor a los hombres para resultar atractivos a las mujeres debido a la labor de satanización de lo masculino que la propaganda feminista imperante lleva realizando durante hace ya varias décadas (aunque tampoco debemos obviar que los esfuerzos que tienen que realizar las mujeres ha aumentado considerablemente en los últimos tiempos). Cabría preguntarse, también, hasta qué punto todo este modelo de relaciones hombre-mujer ha contribuido a desarrollar una personalidad patológica en los individuos: exhibicionista, narcisista, ególatra...

jueves, 3 de septiembre de 2015

El dogma como fundamento del orden social

“Los hombres no vivirían mucho tiempo en sociedad si no se dejaran engañar unos a otros” (François de La Rochefoucault, Máximas, 87)

“El bien público exige que se mienta, que se traicione y que se degüelle(Montaigne)


La clave del éxito de una organización social que aspire a perpetuarse reside en su capacidad para extender entre sus miembros un conjunto de ilusiones y esperanzas que den cohesión a la misma, que sirvan para homogeneizar las muchas diferencias individuales de sus miembros, pues, de lo contrario, se desintegraría (algo que, por otra parte, debería de empezar a dejar de ser visto como negativo). Se podría hablar de una especie de ideales colectivos. La Roma imperial, la Europa ilustrada, la Rusia estalinista, la actual sociedad globalizada, todas las sociedades han necesitado unos ideales que ilusionaran a la mayoría de sus miembros con el fin de conseguir que una masa heterogénea de individuos caminara unida hacia un fin común, supuestamente benéfico para la misma. Debido a la importancia de la función de tales ideales (la supervivencia de la vida social), éstos han tendido habitualmente a convertirse en dogmas.

Cuando el cuestionamiento teórico de una determinada idea muy asentada en una sociedad despierta una virulenta y masiva reacción social de estigmatización de tal cuestionamiento y de la persona que lo realiza, es, sin duda, el más claro indicio de que esa idea ha alcanzado la categoría de dogma.

Estos cuestionamientos teóricos de los pilares de una organización social dada son percibidos de un modo inconsciente por todos sus miembros como una amenaza para su propia supervivencia, por lo que éstos, al ver peligrar los cimientos del grupo del que forman parte (la masa homogeneizada) reaccionan (en su mayoría) de forma virulenta contra todo aquello que pueda ponerlo en riesgo (1).

Se podría decir que sin la capacidad de extender dogmas e ilusiones entre los seres humanos (ideales colectivos), es decir, sin la capacidad de engañarles (y de que, a su vez, éstos se dejen engañar), nunca habría sido posible la existencia de una organización social duradera. Por contrapartida, los efectos nocivos que tiene vivir engañado son fácilmente comprensibles: manipulación de la mayoría por parte de un pequeño grupo de individuos sin escrúpulos en provecho propio; una manipulación que acaba provocando todo tipo de trastornos psicológicos (ansiedad, estrés, depresión...) y fisiológicos en los sujetos manipulados.

La causa de que una comunidad humana mantenga su orden social se debe a que la mayoría ha preferido el engaño a los riesgos para la salud individual que éste suele conllevar.

Toda organización social, para poder sobrevivir como tal, se dotará siempre de un conjunto de dogmas e ilusiones que sirvan para homogeneizar los diferentes caracteres de los individuos que lo conforman con el fin de conseguir el mayor grado de unidad posible. En caso de que estos dogmas perdieran fuerza, pero el deseo de vivir en sociedad (toda sociedad implica en mayor o menor grado vida de masa) supere al de gozar de una plena salud psíquica, inmediatamente, serían sustituidos por otros. Ante ello, la persona que haya adquirido un cierto grado de consciencia de tal estado de cosas puede optar por dos opciones: o volverse loco buscando lo imposible (“salvar al mundo” del engaño) o tomárselo con un cierto sentido “deportivo”.

Cualquier crítica que pueda hacer el más erudito librepensador al Estado, al capitalismo o a otros dogmas actuales es fácilmente perceptible hasta para la más obtusa de las mentes, otra cosa es que quiera aceptarla por todo lo que ello conllevaría, es decir, salir de la opiácea realidad con la que el capitalismo y el Estado la seducen (La Trampa Astuta, como le llamaba Bernard Mandeville en su Fábula de las Abejas). Por eso, creo que poner demasiado empeño en conseguir que dicha mayoría cambie de opinión es, además de un ejercicio de intolerancia, un enorme absurdo. La forma más inteligente de emplear nuestro conocimiento sería compartiéndolo exclusivamente con aquellas personas a las que les pueda interesar, así como en beneficio propio; ir más allá es tan sólo una forma de suicidio. “Los pocos que supieron algo y descubrieron a la plebe sus sentimientos y sus ideas, fueron desde siempre crucificados o quemados.” (Goethe, Fausto)

NOTAS:
(1) Esto es a lo que el sociólogo Vilfredo Pareto denominó persistencia de los conglomerados. Para Pareto, como para muchos otros sociólogos, las masas son siempre conservadoras por naturaleza. Las investigaciones de Pareto no tuvieron precisamente como finalidad la liberación de la humanidad (como demuestra su apoyo al Fascismo italiano), sino todo lo contrario, pero podrían ser de gran utilidad para ser utilizadas a la inversa. Los esfuerzos de Pareto y de otros (Bernays o Le Bon) por conocer la naturaleza humana para someterla a los caprichos de una élite, pueden sernos de ayuda para conocernos mejor a nosotros mismos y no caer así, con tanta facilidad, en las garras de dicha élite.

martes, 4 de agosto de 2015

El enfrentamiento de sexos: una estrategia para la represión sexual de los individuos

“La supresión sexual es un instrumento esencial en la producción de la esclavitud económica”  (Wilhelm Reich, La Función del Orgasmo, cap. VI, 2)

La represión sexual ha sido un mecanismo de control social utilizado por el poder desde los inicios de la civilización. Fundamentalmente, la religión y la idea del pecado han sido, hasta hace muy poco, las principales herramientas usadas para conseguirlo. Un grupo de hombres y mujeres reprimidos y frustrados sexualmente es mucho más fácil de dominar que otro grupo que no lo esté, debido al gran número de desequilibrios psíquicos e incluso fisiológicos que dicha represión produce. Además, una sociedad donde la libido estuviera encauzada correctamente a través del sexo estaría compuesta por individuos que dedicarían mucho menos esfuerzo y tiempo a la alienante y absurda productividad capitalista y, menos aún, a la brutal guerra. En definitiva, un gobierno que pretenda expandirse a través de la productividad compulsiva y de la guerra no puede permitir que sus súbditos gocen de una vida sexual plena y satisfactoria. Tanto Herbert Marcuse como Wilhelm Reich analizaron todo esto en varios de sus trabajos (1). Ambos coincidían en que todas las sociedades, hasta entonces (primera mitad del siglo XX), habían necesitado matar al Eros en los individuos para poder sobrevivir y desarrollarse.

Gracias a la crisis religiosa que tuvo lugar en el mundo a partir del desarrollo de la industria, y más recientemente con el boom de la tecnología de finales del siglo XX, la religión dejó de tener la fuerza suficiente para ejercer el papel que hasta entonces había venido ejerciendo en el terreno de la represión sexual (2). Había que evitar por todos los medios posibles que el hombre y la mujer pudieran relacionarse de un modo natural, pues, de lo contrario, se corría el riesgo de que los unos y las otras volvieran a entregarse a una sexualidad libre y gratificante. El alarmismo institucional en torno a las enfermedades de transmisión sexual (en el que se sustituía el miedo al infierno por el miedo a contraer una enfermedad venérea) fue uno de los medios utilizados (3), el feminismo victimista que culpabilizaba a los hombres de todos los males de las mujeres (y, en general, del resto de los males del planeta tierra), otro.

El recurso institucional de reprimir la sexualidad a través del miedo a las enfermedades de transmisión sexual, es algo que con el tiempo ha ido perdiendo fuerza, al destaparse, gracias a la labor de multitud de investigadores y activistas, el inmenso negocio farmacéutico que también se oculta detrás de ello (4). Posiblemente, el hecho de abanderar casi en solitario la causa de la represión sexual sea el motivo de que el feminismo haya ido adquiriendo, en los últimos tiempos, tanta virulencia en sus manifestaciones. Un ejemplo de dicha virulencia es la ley que presenta como presuntos culpables de un delito penal a casi la mitad de la sociedad simplemente por el hecho de ser hombres y por tener una tendencia sexual determinada (heterosexualidad).

Es innegable que existen hombres que maltratan a mujeres (como también ocurre a la inversa), pero también es innegable que hay muchas personas pertenecientes a las más diversas culturas, nacionalidades o etnias que cometen todo tipo de delitos, y no por eso se hacen leyes para prevenir los delitos cometidos por estas personas por razón de su cultura, nacionalidad o etnia. ¿Qué pensaríamos de un gobierno que crea leyes para prevenir los delitos que pudieran llegar a cometer personas pertenecientes a una determinada cultura, nacionalidad o etnia? ¿No definiríamos a ese gobierno como fascista? Pues bien, eso mismo es lo que hace la Ley Integral contra la Violencia de Género con casi la mitad de la población española, al presentar a todos los hombres (heterosexuales) como potenciales maltratadores de mujeres por el mero hecho de haber nacido hombres (y ser heterosexuales). Quizás, el hecho de que el extenso preámbulo de esta ley, en el que se sientan claramente las bases de la misma, haya sido escrito por la persona que fue nombrado por Franco como su sucesor, sirva para comprender mejor la clase de ideología en la que se inspiró. También debería dar que pensar (a aquellas pocas personas que aún dispongan de la capacidad para hacerlo) el hecho de que toda la estructura del Estado haya apoyado sin fisuras esta ley.

Los medios de comunicación de masas, más allá de su apoyo incondicional a la Ley Integral contra la Violencia de Género, han jugado un importante papel en la promoción y difusión del enfrentamiento entre sexos, desarrollando todo tipo de campañas absolutamente demagógicas (como en el caso de la ex tenista Gala León o la más reciente campaña sobre la prostitución), haciendo recaer sobre la condición masculina la culpa de todos los males sufridos por las mujeres a lo largo de la historia (¡como si éstas vivieran solas y los males que han sufrido no afectasen también directamente a los hombres que conviven con ellas!) en lugar de sobre el verdadero responsable: el encargado último de la organización social en la que viven inmersos dichas mujeres y hombres, es decir, el Estado.

Esta demonización del hombre heterosexual tiene un objetivo muy concreto: sembrar en las mujeres recelos y desconfianza hacia los hombres, y, en los hombres, miedo y culpabilidad en sus relaciones con las mujeres (la desaparición del piropo callejero estaría asociado a esto último), todo con el fin de mantener a ambos sexos prudentemente distanciados. Curiosamente, se trata de una estrategia con un gran parecido a otra usada ya en el pasado: la caza de brujas. En la época en la que se llevó a cabo la caza de brujas, la sexualidad era asociada a la brujería, lo que hacía que muchas mujeres y muchos hombres reprimiesen su sexualidad por miedo a ser acusadas de tratos con el demonio.

Pero no nos equivoquemos, todo esto no es culpa de una lucha mal entendida de las mujeres por vivir en una sociedad más justa, sino de una estrategia promovida por el patológico ansia de dominación de los gobernantes, a los cuales les interesa tenernos enfrentados, separados y, por lo tanto, reprimidos. Lo cierto es que no hay una gran diferencia entre los tiempos actuales y los del puritanismo victoriano, en los que también se trataba de separar física y psicológicamente a hombres y mujeres por todos los medios disponibles.

En los últimos años han cobrado fuerza diversos movimientos de marcados tintes misóginos. Estos colectivos señalan exclusivamente a la mujer como culpable de la situación que atraviesa el hombre heterosexual de hoy en día, obviando el psicopático contexto social de relaciones de poder en el que ambos sexos se desenvuelven. El objetivo de este movimiento es el mismo que el del feminismo: dar más cuerda a esta demencial guerra de sexos. Del mismo modo, las críticas cargadas de misoginia hacia el feminismo por parte de aquellos sectores reaccionarios que en el pasado ejercieron de perros guardianes de la moral sexual, sólo sirven para dar alas y fortalecer los argumentos misándricos de dicho feminismo.

La liberación sexual sólo puede existir cuando un hombre o una mujer se entregan confiada y plenamente el uno al otro. Hoy en día, este enfrentamiento de sexos, artificialmente inducido, ha originado tal clima de desconfianza y hostilidad entre hombres y mujeres, que esa entrega confiada y plena es prácticamente imposible. Por consiguiente, se puede decir, sin ningún género de dudas, que atravesamos un periodo de enorme represión sexual, por mucho que los medios de comunicación, la escuela y demás aparatos ideológicos estatales se empeñen en vendernos lo contrario, lo cual, a su vez, hace más difícil de identificar la represión sexual, haciendo que ésta sea mucho más efectiva.

Por otra parte, la sobreexcitación sexual a la que estamos expuestos casi de forma permanente en nuestra sociedad (a través de la televisión, internet, la publicidad...) tampoco es casual. El individuo sobrexcitado, al no encontrar cauces adecuados para liberar su tensión sexual, debido al clima reinante de hostilidad entre sexos, agudiza su frustración y se convierte en un ser más fácilmente manipulable. Se podría decir que esta sobreexcitación, y su posterior represión, tendrían como consecuencia una doble represión en los individuos. Incluso, podríamos hablar de hasta una triple represión, si tenemos en cuenta el tipo de personalidad media a la que ha dado origen el capitalismo y su principio rector de la búsqueda del máximo beneficio particular, es decir, una personalidad egocéntrica, narcisista y centrada en sí misma, incapacitado para la empatía y para comprender al otro, algo que hace imposible una verdadera disposición para amar.

El Estado, mientras siga existiendo, necesitará de la represión sexual de sus súbditos para conseguir policías, militares, técnicos y productores afanados, que concentren su energía libidinal casi exclusivamente en el fortalecimiento de las estructuras y superestructuras de aquél; esto es algo que debemos tener bien claro. Cuando las estrategias de represión sexual utilizadas en estos momentos sean identificadas por la mayor parte de los individuos y, por lo tanto, rechazadas (como lo fue la religión), serán puestas en práctica otras completamente diferentes con el fin de que pasen más fácilmente desapercibidas y puedan ser, por lo tanto, más útiles; por lo que habrá que estar atentos.

El argumento que habitualmente se usa para defender el feminismo y estigmatizar críticas como ésta suele ser el de recurrir a los casos extremos de mujeres asesinadas por sus parejas (o ex parejas) masculinas. Esta argumentación, además de ser irracional (por simplista y reduccionista), podría ser calificada sin ningún tipo de reparo como fascista. Volviendo a un razonamiento hecho anteriormente, ¿qué pensaríamos si, cada vez que una persona de una determinada etnia comete un crimen (y sólo cuando lo comete una persona de esta etnia), alguien se dedicara a organizar todo tipo de protestas y manifestaciones exigiendo leyes para prevenir los crímenes cometidos por las personas pertenecientes exclusivamente a dicha etnia? Ser hombre (y heterosexual) en nuestra sociedad está empezando a convertirse en una experiencia no muy diferente a la de ser judío en plena Alemania nazi. Obviar condicionantes como la competitividad extrema, la búsqueda compulsiva del interés particular (principios rectores de la actual sociedad capitalista), la militarización de la sociedad o, incluso, la propia responsabilidad de la parte que salió peor parada, y utilizar factores como el sexo o la etnia para explicar la conducta criminal de algunas personas, sólo puede ser calificado como fascismo.

La crítica al feminismo es una tarea enormemente compleja y arriesgada en nuestros días, al enfrentarnos a una ideología cuyos postulados, basados en una demagógica estrategia victimista, han alcanzado casi la categoría de dogmas incuestionables y son defendidos por sus más fieles devotos con una actitud no muy diferente a la de la Inquisición frente a los herejes. Quedaría por reflexionar sobre algunas cosas más en torno al feminismo, como lo peligroso que puede resultar para la psique individual y colectiva promover una mentalidad victimista entre una mitad de la población  y otra culpabilizante entre la otra mitad; sobre la deserotización absoluta de las relaciones sexuales provocada por la negación sistemática de las diferencias entre el hombre y la mujer; o sobre la promoción mediática de un modelo de mujer que sitúa la consecución de un elevado estatus social muy por delante de la satisfacción plena de sus necesidades sexuales, al mismo tiempo que desprecia la actitud de aquellos hombres para quienes la satisfacción de dichas necesidades sí es más importante que el estatus social: una auténtica regresión al pensamiento puritano y mojigato más rancio (5).

Mientras vivamos inmersos en una sociedad de masas será muy difícil sobreponerse a este tipo de estrategias de control, pues, debido a las características de dicho tipo de sociedad, el instinto gregario se agudiza y, por lo tanto, la manipulación se torna mucho más sencilla (6). En cualquier caso, ser conscientes de que esto es así (la inevitabilidad de la manipulación de las masas) y no puede ser de otro modo en esta sociedad, es ya un paso muy importante para alcanzar un cierto grado de liberación a nivel individual.

Ser conscientes de las verdaderas causas que nos han conducido a la actual situación de miseria sexual que padece nuestra sociedad puede ser también de gran ayuda para paliar, en cierta medida, la desesperada situación emocional a la que muchos hombres y mujeres se encuentran abocados hoy en día sin saber exactamente por qué.

En una sociedad en la que el odio lo invade todo, es imposible amar, es imposible ser amado.

Notas:
(1) En este sentido destacaría Eros y Civilización de Herbert Marcuse y La Revolución Sexual de Wilhelm Reich. Quizás el error de ambos fue no preveer la capacidad del sistema para aprender de sus propios errores y de fagocitar (asimilar en su provecho) todo proyecto colectivo de liberación.
(2) Para conseguir un mayor desarrollo industrial se hacía necesario que el culto del hombre a la máquina se impusiese al anterior culto a Dios. De esta forma, conceptos coercitivos como el del diablo y el infierno empezaron a perder la fuerza que hasta entonces habían tenido.
(3) Hitler llegó a utilizar el miedo a la sífilis en su campaña contra los judíos, responsabilizando a éstos de la extensión de la enfermedad entre la población alemana.
(4) Recomiendo las investigaciones de Jesús García Blanca (Salud y Poder) y de Lluis Botines (Plural-21)
(5) Recomiendo la lectura de los textos de María del Prado Esteban, una de las personas que, en los últimos tiempos, mejor ha sabido interpretar la naturaleza reaccionara y represiva del feminismo.
(6) Para entender esto un poco mejor recomiendo la lectura de Psicología de las Masas de Gustave Le Bon.

jueves, 23 de abril de 2015

La causa del éxito de la conspiración abierta

“Así como los pueblos sin dignidad son rebaños, los individuos sin ella son esclavos.” (José Ingenieros, El hombre mediocre, Capítulo IV, IV)

“Quien no aspira a lo sublime, pertenece a los elementos.” (Goethe, Fausto, Parte II, Acto III)

En la actualidad, el poder, para lograr sus objetivos, ya no necesita esconder demasiado sus planes ante la opinión pública, sino que desarrolla la mayor parte de éstos de una forma casi completamente abierta, sin apenas el más mínimo encubrimiento. Esta forma de actuar se podría denominar, usando el término acuñado por H.G. Wells, como una conspiración abierta (Open Conspiracy).

Se podría definir el término conspiración abierta como una triquiñuela o engaño fácilmente visible, realizado de forma descarada y a plena luz del día, que se podría descubrir sólo con arañar un poco la superficie; por ejemplo: la estafa que se oculta tras el sistema parlamentario de partidos políticos, la falacia de la guerra contra el terrorismo con la que se justifica el imperialismo, o la verborrea económica capitalista con la que se disfraza el esclavismo de siempre.

El éxito de esta estrategia radica en que el poder, que sabe que los sometidos nunca estarán dispuestos a renunciar por nada del mundo a determinadas cosas que éste les ofrece (internet, espectáculos deportivos, videojuegos, botellones, ropa de moda…), al facilitarles la posibilidad de conocer la verdad sobre sus criminales planes y objetivos, estaría, en cierto modo, haciéndoles cómplices por su actitud de pasividad e indiferencia ante los mismos. De esta forma, ya no estaría imponiendo su dominación de una manera completamente totalitaria, sino que contaría con el consentimiento (y, en muchas ocasiones, el ferviente apoyo) de los dominados. En el fondo, se podría hablar de una especie de contrato por comunidad de intereses entre los dominadores y los dominados, que éstos, aunque de un modo semiinconsciente, habrían firmado muy gustosamente; algo muy parecido al viejo “pan y circo” del imperio romano, y que podría ser calificado de soborno en toda regla. En lugar de imposición, deberíamos hablar más bien de una elección que se podría calificar casi como de democrática. Esto hace que el actual orden social sea tan fuerte, pues, además de ser defendido por los tiranos, es amado por los esclavos. Sin duda alguna, se trata de la estrategia de dominación más eficaz para tiempos como los actuales, en los que el pancismo ha triunfado como ideología dominante.

¿Entiendes ahora la facilidad con la que el propio sistema pone al alcance de nuestras manos tanta y tan variada información que demuestra tan claramente su perversidad, y por qué a la gran mayoría le importa un bledo?

Las personas que te rodean tienen las mismas posibilidades que tú de conocer la verdad (que vivimos bajo un régimen absolutamente tiránico y criminal); es más, se podría decir que la conocen perfectamente, pero prefieren ignorarla. Aceptan las mentiras del poder, sabiendo que lo son, únicamente para tranquilizar su mala conciencia. Si no se rebelan no es por falta de pruebas, sencillamente, es porque entre sus prioridades no está la libertad (ni la suya propia ni, mucho menos, la de sus semejantes), sino el disfrutar tanto como puedan de todo aquello que el poder les ofrece.

Reconocer el carácter esclavista y criminal de este sistema ya es mucho, pues expresa una voluntad de cambio, un primer paso necesario para poder abandonar este inhumano orden. Una persona que se niega a reconocer la evidente perversidad del sistema sólo puede ser dos cosas: un canalla, que se encuentra como pez en el agua, o, sencillamente, un cobarde. Esto te puede dar una ligera idea del tipo de individuos con los que te ves obligado a convivir diariamente.

Una situación así no sería posible si los seres humanos no hubiéramos alcanzado los niveles de degradación en los que nos encontramos inmersos en estos momentos. Esta degradación es el resultado de un largo y patológico proceso histórico de lucha por el poder que ha terminado por hacer que la humanidad no sepa vivir de otra manera que no sea sometiendo o sometiéndonos a nuestros semejantes, convirtiéndonos en una especie de bestias con apariencia humana. Dicho proceso terminará por degradar de tal modo al género humano, que éste no tardará mucho en dejar de ser útil para los fines buscados por los propios poderosos. Paradójicamente, esta decadencia civilizatoria podría ser una gran oportunidad para aquellos que encuentren una forma más lógica y sana de convivir.

Probablemente, la mera toma de conciencia sobre la necesidad de superar el actual orden y toda decisión, por pequeña que sea, que tomes en este sentido (abandonar el trabajo asalariado, no ver la tele o no usar internet), te distanciará tanto de la gran mayoría, que te hará creerte, por momentos, El último hombre sobre la tierra; pero, ¿es que te merece la pena tener algún tipo de relación con robots y zombis de apariencia humana, incapaces de sentir, de pensar y de amar verdaderamente? Unos seres que (no lo olvides) no descansarán hasta convertirte en uno de ellos. Además, si, de todos modos, algún día tenemos que morir (y sufrir), ¿no será mejor hacerlo sintiéndonos orgullosos de nosotros mismos, que avergonzados por haber llevado una vida rastrera y miserable?

Yo, por mi parte, he decidido intentar distanciarme de internet todo cuanto pueda (espero conseguirlo por fin, de forma definitiva, en este nuevo intento), y os animo a todos los que leáis estas líneas a que también lo hagáis o, al menos, a que empecéis a reflexionar sobre la conveniencia de hacerlo algún día. En el fondo, internet no es más que un sutil medio de “fagocitación” sistémica, pues, a través de él, el sistema no sólo asimila a quienes creamos blogs, participamos en foros o, sencillamente, tenemos una cuenta de correo electrónico, sino que, una vez hemos sido asimilados, nosotros mismos contribuimos, con nuestra actividad, a asimilar a otros o a evitar que los ya asimilados puedan escaparse. Como ya he explicado más arriba, el sistema sabe de sobra que, por muy subversiva que pueda parecer la información que damos, ésta nunca le dañará (debido, principalmente, a la actitud de servilismo y apatía que impera en las sociedades modernas); por eso, nuestro activismo cibernético sólo cumplirá una función: retroalimentar este perverso (y psicótico) nuevo mecanismo de control totalitario destinado a consolidar un modelo social aún más esclavista y deshumanizado (la era tecnotrónica). Hace sólo unos pocos años, vivíamos perfectamente sin internet, y no éramos ni más tontos ni menos libres que ahora, al contrario. Salir de esta trampa será como viajar en el tiempo y, en cierto modo, como rejuvenecer.

Es probable que no podamos ganar esta batalla, pero, al menos, sí está en nuestras manos no rendirnos.

Mucho ánimo.