jueves, 5 de marzo de 2015

Podemos es Keynes, y Keynes es capitalismo de guerra

 
“La construcción de pirámides, los terremotos y hasta las guerras pueden servir para aumentar la riqueza, si la educación de nuestros estadistas en los principios de la economía clásica les impiden pensar en cosas mejores.” (John Maynard Keynes, Teoría general del empleo, el interés y el dinero)

Pepa Bueno.- ¿Y a su juicio, Pablo Iglesias, de esta crisis cómo se sale?
Pablo Iglesias.- Yo creo que Keynes sirve bastante
(Entrevista de Pepa Bueno a Pablo Iglesias en la cadena SER)

“- Podemos asume así las legítimas reivindicaciones de las asociaciones militares y se compromete a defenderlas-, ha asegurado la AUME (Asociación Unificada de Militares Españoles)". (EUROPA PRESS 22 de noviembre de 2014) 

Es posible que muchas personas no terminen de estar de acuerdo con los múltiples indicios (cada vez más claros y evidentes) que vinculan a Podemos y a muchos de sus miembros con los servicios secretos occidentales (estadounidenses, británicos o israelíes principalmente); como se suele decir: cada uno tiene derecho a engañarse a sí mismo de la forma que mejor le parezca. Lo que estas personas no pueden negar (entre otras cosas, porque está plasmado en su propio programa económico) es la apuesta decidida de Podemos por el capitalismo de Estado o capitalismo keynesiano, al que algunos prefieren llamar capitalismo de guerra, modelo económico imperante en los Estados Unidos de Norteamérica desde poco antes de la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días.

Todos los miembros del equipo económico de Podemos son declarados partidarios de las ideas de Keynes y de la más contemporánea corriente neokeynesiana que abanderan los premios nobeles de economía Joseph Stiglitz y Paul Krugman (1). El propio Vincenç Navarro, uno de los autores del programa económico de Podemos, no es sólo un ferviente admirador de Keynes (2), sino también de Franklin Delano Roosvelt, quien, bajo la influencia de John Maynard Keynes, jugó un papel decisivo en la promoción y desarrollo de la Segunda Guerra Mundial.

Para entender el keynesianismo (y el neokeynesianismo) y hacernos una pequeña idea del modo en el que éste puede influir perjudicial o beneficiosamente en el desarrollo de nuestra existencia sobre el planeta tierra, es necesario, primero, saber quién fue Keynes. Tal conocimiento puede darnos algunas pistas sobre la concepción que este personaje tenía de la vida en general y del género humano en particular.

Keynes (Barón de Tilton) no era un sencillo hombre del pueblo. Nació en el seno de una acomodada familia británica y recibió una educación elitista y privilegiada: se educó en Eton y en el King´s College de la Universidad de Cambridge. Desde muy joven ejerció importantes labores administrativas para la corona británica en la gestión de sus intereses económicos en la India y en el diseño de los contratos crediticios entre Gran Bretaña y sus aliados continentales durante la Primera Guerra Mundial. Tuvo también gran éxito con las inversiones y logró hacerse con una gran fortuna. Entre los cargos más importantes que ostentó destacan los de Consejero financiero de la corona y gobernador del Banco de Inglaterra. La participación de Keynes en la conferencia de Bretton Woods, en el año 1944, fue decisiva para sentar las bases de lo que acabarían siendo los dos entes supra-estatales que más han contribuido al proceso de globalización en el que hoy nos encontramos (el imperialismo de siempre): el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Es comprensible que una persona así no tuviera como principal leit motiv, a la hora de elaborar sus teorías económicas, el bienestar de los más desfavorecidos, sino, más bien, el de defender sus privilegios de clase con todos los medios a su alcance, incluido el de sumir a la humanidad en terribles guerras fratricidas.

Básicamente, las teorías de Keynes proponen una mayor intervención del Estado en la economía y, principalmente, un mayor aumento del gasto público. ¿Y qué mejor forma de aumentar el gasto público que con la guerra? Precisamente, el militarista Franklin Delano Roosvelt, siguiendo los consejos de Keynes, embarcó a su país (y a la mayor parte de la humanidad) en una espiral de guerra sin fin que aún persiste y que, entre otras cosas, ha servido a los Estados Unidos para convertirse en la potencia hegemónica que es hoy en día.

¿Cómo encaja Podemos en el proyecto keynesiano y belicista de los Estados Unidos?

La capacidad de Estados Unidos en España para hacer y deshacer a su antojo es prácticamente total, casi como si de una colonia se tratase. La supeditación de políticos, empresarios, militares, intelectuales y medios de comunicación hacia Washington es, desde hace mucho tiempo, absoluta. Ésa es la razón de que el nuevo proyecto neokeynesiano que Estados Unidos pretende implantar (y que con toda seguridad implantará) en España, Podemos, se esté desarrollando con tanta rapidez y facilidad.

El proyecto Podemos es un proyecto que Estados Unidos, usando como punta de lanza a los países más cercanos a sus intereses, pretende exportar a toda Europa occidental con el fin de supeditar la economía de la eurozona a un modelo económico claramente keynesiano (capitalismo de guerra) bajo control estadounidense, y poder competir así con mayor eficacia con los llamados países emergentes en la lucha por hacerse con un mayor control del mundo y de sus recursos. Si observamos fríamente las consecuencias que está teniendo la operación Falciani (la lista Falciani y, especialmente, las declaraciones vertidas por este personaje en diferentes medios de comunicación de masas) veremos que ésta forma parte también de un plan perfectamente orquestado para la futura implantación del modelo económico keynesiano en Europa occidental (propuestas de la OCDE a petición del G20) y, por lo tanto, del capitalismo de guerra.

El modelo keynesiano choca frontalmente con los intereses de las pequeñas, medianas y algunas grandes fortunas europeas, que verían en el aumento del gasto público (un gasto público destinado esencialmente a la guerra y al fortalecimiento del ejército) una merma de sus intereses privados; de ahí el motivo de lanzar un proyecto populista como Podemos, en España, o Syriza, en Grecia, que, con la excusa de luchar contra los intereses privados (determinados intereses privados, no todos), se ganaría el favor de las masas para implantar un modelo económico (el keynesiano) que supeditaría todo el devenir económico del viejo continente a las necesidades de la maquinaria bélica (3). Para que nos entendamos, Podemos es un proyecto de gran utilidad a los más poderosos para poner al pueblo de su parte y presionar a los menos poderosos para que acepten las nuevas condiciones del juego.

El ascenso de Podemos o Syriza no tiene nada que ver con el pueblo, se trata simplemente de un episodio más en las cruentas y milenarias luchas de poder entre poderosos. Gracias a los formidables medios de manipulación de que dispone el sistema, las grandes masas poblacionales a penas pintan nada, sólo son el apoyo del que se sirven los poderosos en sus disputas, del mismo modo que podrían servirse de una manada de bueyes mandándoles embestir en una u otra dirección. En la lucha de poder vale todo: la mentira, la manipulación, la fuerza bruta. Quien no esté dispuesto a utilizar ninguno de estos medios, es mejor que se aparte lo más lejos posible (opción que, por otra parte, considero la más sabia), pues en el juego político (que no es más que lucha por el poder) no tendrá nada que hacer, excepto desempeñar el papel de un mero títere.

Cada vez estoy más convencido que el capitalismo es sólo una ficción creada con la intención de ocultar que el verdadero poder está en manos (como siempre ha estado) de aquellos que tienen la capacidad y la fuerza para conquistarlo, es decir, los ejércitos. Una ficción de gran utilidad para ejercer el poder desde la sombra. Hace varios miles de años, los sabios orientales ya dijeron que el mejor gobierno es aquel en el que el pueblo no advierte estar gobernado, que cree hacer su propia voluntad (4). El capitalismo y sus dogmas de la libre concurrencia o de la iniciativa privada han sido de gran utilidad para hacer creer a los individuos que las sociedades modernas se desarrollaban según una especie de mecanismos naturales, ocultando con ello la verdadera realidad: que el poder está en las armas y no en el capital. Estos dogmas, grabados a fuego en la mente del individuo moderno, han venido sirviendo al verdadero poder para conseguir un cierto grado de organización y disciplina en las complejas sociedades de masas actuales, algo muy parecido al modo en el que los dogmas religiosos fueron utilizados en las sociedades antiguas para mantener un cierto nivel de orden (5). Igual que el dominio ideológico de la iglesia no habría sido posible sin el apoyo de las armas, el del capitalismo (incluido el de corte marxista) no sería posible sin la defensa armada del ejército y de la policía.

En este contexto de mentiras y falsedades, el keynesianismo sería una simple excusa para ajustar (reformar) dicha ficción según los intereses y necesidades de los verdaderos detentadores del poder, al mismo tiempo que la mantienen viva. Es decir, con la excusa de intervenir en la economía para corregir ciertos “desequilibrios”, el Estado tendría una oportunidad de reforzar su maquinaria militar sin despertar demasiadas sospechas de su absoluta omnipotencia. Por todo esto, no es de extrañar, como más de una vez ha señalado públicamente el propio Pablo Iglesias, que haya muchos militares españoles interesados en que el proyecto Podemos triunfe. Y es que los militares siempre lo han tenido bastante claro: “La política es sólo la continuación de la guerra por otros medios” (Carl von Clausewitz).

Todo me hace pensar que, de llegar Podemos al gobierno de España (solo o en coalición), no sólo tendremos más capitalismo, sino también más guerra.

Resulta bastante complicado descifrar las verdaderas intenciones que se ocultan detrás de los planes de las élites mandantes, entre otras cosas, porque estos planes suelen ser altamente secretos; probablemente, ni siquiera los actores utilizados conozcan del todo sus intenciones finales; en la mayoría de los casos, tendrán que pasar muchos años hasta que se pueda saber con exactitud lo qué realmente pretendían las élites. Muchas veces, a la hora de analizar todo esto, puede darnos la sensación de estar dando palos de ciego, en cualquier caso, siempre estaremos mucho más cerca de la verdad que si decidiéramos seguir a otro ciego o si nos dejáramos guiar por un lazarillo oportunista. Sólo mediante un sincero esfuerzo por aceptar la realidad tal y como es, sin falsas ilusiones, y la lucha por evitar la constante tentación del autoengaño, tendremos alguna posibilidad de entrever la verdad.

Notas:
(1) En agosto de 2011, en un programa de una importante cadena de televisión de los Estados Unidos, el premio nobel de economía, Paul Krugman, con una falta de escrúpulos y de empatía propia de un psicópata, llegó a recomendar a los gobiernos la idea de hacer que el mundo se sintiera amenazado por un falsa amenaza, en concreto, por una ficticia invasión alienígena, pues, sólo atemorizando a la población mediante un fraude masivo de estas dimensiones, se podría conseguir movilizar a todas las fuerzas productivas en una sola dirección y reactivar así la economía mundial http://www.publico.es/actualidad/amenaza-alienigena-terminaria-recesion-economica.html
(2) Aunque Vincenç Navarro en muchos de sus escritos habla de keynesianismo social, esta idea es absurda, pues Keynes no inventó sus teorías con el propósito de defender los intereses de las masas trabajadoras, sino con la intención de consolidar los privilegios de las minorías dirigentes de las que él formaba parte. Decir que el keynesianismo puede ser utilizado con fines sociales (en beneficio del bienestar de las grandes mayorías) es un disparate similar a decir que el Mein Kampf de Hitler puede ser utilizado con fines humanitarios. Navarro no es tonto, y utiliza intencionadamente el término keynesianismo social con el fin de vender mejor su producto al gran público.
(3) Una labor imposible de desarrollar por el PSOE en estos momentos, no sólo por su falta de credibilidad entre las masas populares, sino, especialmente, por sus fuertes vínculos con determinados sectores del poder contrarios al keynesianismo.
(4) En el Tao Te Ching podemos leer: “Del emperador conocían antiguamente sus súbditos sólo su existencia” (c. 17). El interés de muchos militares en el pensamiento esotérico oriental debe de entenderse como parte de la milenaria búsqueda de las clases dirigentes por encontrar un remedio al declinar natural de los estados una vez alcanzado sus cotas más altas de poderío y esplendor.
(5) Erich Fromm, en su ensayo Psicoanálisis y budismo zen, da una magnífica explicación de esta necesidad social de las ficciones: “La mayor parte de la historia de la humanidad (con la excepción de algunas sociedades primitivas) se caracteriza por el hecho de que una pequeña minoría ha dominado y explotado a la mayoría de sus semejantes. Para hacerlo, la minoría ha utilizado, por lo general, la fuerza; pero la fuerza no es suficiente. A la larga, la mayoría ha tenido que aceptar su explotación voluntariamente, y esto sólo es posible si su mente se ha llenado de toda clase de mentiras y ficciones, que justifican y explican su aceptación del dominio de la minoría” (E. Fromm, Psicoanálisis y budismo zen, Cap. IV)

10 comentarios:

  1. Has tocado un tema muy interesante que es el del ejército, opino igual que tú, el verdadero poder está en manos de los militares que por otro lado no deja de ser la institución más importante del Estado, que en el fondo vendría a ser lo mismo. Una pequeña élite de poder que gobierna "en la sombra" al resto de la sociedad, es decir, a la inmensa mayoría, el ejército como ente estructura y diseña el funcionamiento de la sociedad y como tal sirve a los intereses de una pequeña minoría.

    Sin ir más lejos en el tiempo, Franco fue un militar que se rebeló con la ayuda de otros militares afines a su ideología contra otra facción del ejército, que es la que gobernaba España en ese momento, ejecutando un golpe de Estado que desembocaría en una Guerra Civil, que duraría casi 3 años y otorgándole el poder como jefe de Estado,

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    1. El ejército es la muralla del poder, pero no es el poder. El poder lo detenta siempre una élite, a cuyo servicio están las fuerzas armadas. Se puede derrocar al poder mediante las armas, pero estas no bastan para constituirlo. Franco era el "comisario en jefe" de una poderosa (valga la redundancia) y secular oligarquía, sin cuya aquiescencia no habría estado al mando 40 años. Esa función, la de jefe supremo de las fuerzas armadas (la muralla) la cumple hoy el rey, cabeza visible de un poder no tan visible: el de la oligarquía.

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    2. Podríamos decir que las fuerzas armadas son la columna vertebral del Estado, si una élite de poder tiene el control sobre esta institución también puede controlar el poder económico, político y social de una país y por lo tanto de una sociedad en concreto.

      O un Estado sin la existencia de un ejercito no tiene razón de ser, aunque existan pequeñas islas o microestados que no posean fuerzas armadas y algunos de este pequeño grupo pertenezcan a organismos internacionales militares que serían la excepciones que conformarían la regla.

      http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Pa%C3%ADses_sin_fuerzas_armadas

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    4. No obstante, la cuestión del ejército permanece en un segundo plano si la comparamos con la económica en los temas de debate en general, por eso se hace importante como mínimo señalarla, ya que en la realidad cotidiana pasa casi desapercibida por la totalidad los medios de comunicación y también por internet con lo cual permanece oculta.

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    5. El porqué de las guerras, el Estado y el Capitalismo una unión mortífera.

      El santuario del capital internacional por Jean–Pierre Fléchard.
      capitalismo

      Según el autor del de éste artículo “los fabricantes de armas, entre los que destacaban Scheneider en Francia y Krupp en Alemania (durante la I guerra mundial), estaban estrechamente unidos en una especie de trust internacional cuyo secreto objetivo era acrecentar la inmensa fortuna de sus miembros, aumentado la producción de guerra de una parte y otra de la frontera”.

      Pero el poder del gran capital no termina aquí, la asociación entre el gran capital y el Estado se manifiesta de forma clara en la familia franco-alemana De Wendel, propietaria de la minas de hierro Briey-Thionville, cuyo poder se adentra en las entrañas del Estado francés y alemán comprando las conciencias de diputados, presidentes, periodistas como muy bien señala el autor y alargando la guerra con el consentimiento del gobierno francés para que Alemania ocupara las minas de hierro de Briey-Thionville, desprovista de hierro a esas alturas de la contienda.

      Artículo completo de Jean-Pierre Fléchard:

      “Primera Guerra Mundial: 11.500 muertos y13.000 heridos diarios durante tres años y medio”

      https://es.scribd.com/doc/29196660/5-Primera-Guerra-Mundial-11-500-muertos-y-13-000-heridos-durante-tres-anos-y-medio

      En esa misma línea la profesora de historia Annie Lacroix-Riz, pone de manifiesto el poder en la actualidad del gran capital estadounidense con asociación del europeo empujándolo a una guerra permanente, “Las segundas intenciones de la reconciliación franco-alemana” de Red Voltaire.

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    6. Estoy de acuerdo con tus apreciaciones.
      El hecho de que "la cuestión del ejército pase casi desapercibida en la totalidad los medios de comunicación y también por internet" se debe, en mi opinión, a que vivimos en un régimen judicializado y policial. Quiero decir, la policía es el ejército "interno" del régimen que, al amparo de la ley, controla y reprime a las masas. Efectivamente, hay Estados carentes de ejército, pero no encontraremos ni un sólo Estado carente de policía.

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    7. En su libro "¿Quién gobierna Estados Unidos?" G. William Domhoff dice lo siguiente: "Así, pues, nuestra conclusión concuerda con la de Janowitz: los militares no desempeñan un papel predominante en el importantísimo proceso político de tomar decisiones. No obstante, subrayamos que el control de los militares por parte de los representantes de la clase superior a través del Consejo Nacional de Seguridad, el Departamento de Defensa y las asociaciones militares hace que sus oficiales de mayor grado sean miembros de la élite de poder"

      En este mismo libro Domhoff cita en muchas ocasiones y también hace comparaciones interesantes con el libro de Charles Wright Mills "La élite de poder", en el que la preponderancia de los militares en general en los asuntos políticos y sociales es mayor, según Mills el Ejército con el Pentágono a la cabeza tiene más poder de decisión de lo que la mayoría de opinión pública piensa y que también comparto en gran parte, ahora bien, esto no quiere decir que haya muchos otros intereses de diferentes instituciones del gobierno y de la élite económica- financiera- industrial que puedan también tomar decisiones e influir sobre el conjunto de la sociedad y que de paso favorezcan y consoliden su poder dentro del sistema, ya sea político, económico, militar, cultural, propagandístico, etc.

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  2. Estamos en manos de los Jesuitas ya que es una orden militar que se han metido en las universidades y en otros sitios.

    Muy bueno el post.

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  3. El asesor de Obama y ahora de Podemos. Vicens Navarro en su libro “Hay alternativas” página 209, propone un gobierno mundial con sede en Naciones Unidas, lo mismo que Rockefeller y el Club Bilderberg

    http://www.vnavarro.org/wp-content/uploads/2011/10/hayalternativas.pdf

    En la página de facebook Sionemos Podemos estamos desemascarando a estos farsantes de disidencia prefabricada.

    https://www.facebook.com/pages/Sionemos-Podemos/356277654559003

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