jueves, 22 de octubre de 2015

¿Por qué el feminismo se ha convertido en política de Estado? (Otra vuelta de tuerca a la explotación de los hombres)

"El Tinglado nunca tuvo la oportunidad de instalarle un control. Nada de esposas pidiendo un parquet nuevo. Nadie que se ocupase de él, por eso goza de la libertad necesaria para ser un buen farsante." (Ken Kesey, Alguien voló sobre el nido del cuco, Primera parte)

Hoy en día el feminismo ocupa un lugar destacado en la política de Estado; una estrategia que ha servido no sólo para fortalecer a este último, sino también al sistema de producción capitalista en el que se apoya.

La demagogia y el buenismo del discurso feminista, que victimiza a la mujer y culpabiliza al varón, al cual se le hace responsable en exclusiva de todos los males sufridos por la mujer a lo largo de la historia, olvida de forma interesada el papel jugado por muchas mujeres en el sometimiento de multitudes humanas (compuestas por mujeres y hombres), unas veces como protagonistas principales: las reinas Isabel I de Inglaterra y Victoria de Gran Bretaña son un buen ejemplo de ello (1); y, otras, como protagonistas en la sombra: las consortes de los hombres de poder, interesadas tanto o más que éstos en no perder o incluso mejorar su posición de privilegio. Este engañoso discurso, que en nuestros días ha alcanzado la categoría de dogma gracias a la incansable (y en muchos casos inquisitorial) labor de los aparatos ideológicos del Estado, ha sido adoptado por el Estado con el objetivo de ganarse el apoyo incondicional de las mujeres (al menos, de la mayoría), al presentarse ante éstas como el principal garante de su seguridad y valedor de sus deseos y aspiraciones (deseos y aspiraciones tras los que no siempre se esconde el instinto de supervivencia y sí, en muchos casos, una pueril vanidad o una rastrera codicia). De este modo, el Estado no sólo se asegura la fidelidad de la inmensa mayoría de las mujeres, sino que, además, consigue la de todos aquellos hombres que aspiran a tener algún tipo de relación con dichas mujeres. No hace falta ser ningún lumbreras para entender que una mujer que tiene como objetivo obtener una subvención del Estado para montar su propia empresa (lo que hoy se conoce como mujer emprendedora), lo último que le interesará será un hombre cuyo objetivo sea acabar con el Estado o que, simplemente, desconfíe de él. Se podría decir que el Estado, con la incorporación del feminismo a su política, coaccionaría a los hombres con una especie de mensaje subliminal como este: "Si queréis una mujer, tendréis que someteros a mi voluntad".

Además, el feminismo es de gran ayuda al Estado para definir, en función de sus intereses, el tipo de hombre que debe gustar a las mujeres y el que no, pues, gracias al término "machista", tiene la posibilidad de estigmatizar tanto actitudes éticamente censurables (que las mujeres no están exentas de cometer) como otras que no lo son pero podrían dificultar sus ansias de control totalitario (virilidad, rebeldía).

Por otra parte, el sistema de producción capitalista ha sido otro de los grandes beneficiados de que el discurso feminista haya alcanzado la categoría de política de Estado.

El discurso feminista en ningún momento cuestiona el papel o rol del varón como proveedor principal de los recursos materiales de la familia (2), de tal forma que dicho rol sigue estando plenamente presente (grabado a fuego) en el subconsciente de la sociedad, y continúa descargando toda la presión y responsabilidad que lleva aparejado sobre las espaldas y las mentes de los hombres. De este modo, el acceso de muchas mujeres a puestos de trabajo muy bien remunerados (en muchas ocasiones, mejor remunerados que los de muchos hombres), gracias a las políticas feministas impulsadas por el Estado (3), ha tenido como consecuencia un aumento de la presión social sobre los hombres, quienes tendrán que hacer esfuerzos extras (sin ningún tipo de ayuda externa) para cumplir adecuadamente con el rol social que se espera de ellos (que las mujeres esperan de ellos): conseguir una fuente de ingresos mejor que la de la mujer a la que aspiran.

En otras palabras, en la actualidad, si un hombre quiere estar a la altura de las expectativas de una mujer, los esfuerzos que tendrá que realizar serán aún mayores que en el pasado: ya no basta con tener trabajo, ahora se trata de tener un trabajo mejor remunerado que el de la mujer. No hay que haber estudiado precisamente un máster en economía para comprender que esto sólo puede repercutir positivamente en el proceso de producción capitalista, al conseguir que los varones sean (utilizando terminología neoliberal) más competitivos. En este caso, gracias a la adopción de políticas feministas, el capitalismo chantajearía a los hombres con un mensaje subliminal parecido a este: "Si queréis mujeres, tendréis que ser un poco más productivos".

No nos engañemos, el hecho de que el capitalismo haya hecho suyos el discurso y la ideología feminista tiene como objetivo aumentar la presión sobre los varones, obligando a éstos a realizar mayores esfuerzos para estar a la altura de las expectativas que su rol social les exige. Una presión que muchos hombres no pueden superar y que, sin duda, es la causa de que el 75% de los alcohólicos, el 80% de los drogadictos o el 78% de los suicidas sean hombres (4).

Esta forma de jugar con los instintos y prejuicios sociales de los hombres y de las mujeres puede parecernos un modo de proceder inhumano y brutal, pero es comprensible en una civilización decrépita y moribunda, donde sólo se ve a los otros como medios, nunca como fines en sí mismos.

En este mismo contexto, habría que situar la actual campaña en torno a la prostitución, cuyo objetivo sería el de dificultar todo lo posible lo que hasta ahora venía siendo una fácil vía de acceso al sexo femenino para muchos hombres (y en algunos casos, la única vía) en el escenario de represión y escasez sexual que hoy vivimos; de tal modo que si un hombre quiere tener acceso a una mujer de forma regular, no le quede más remedio que pasar por el aro: someterse al Estado y ser más productivo. En definitiva, el Estado pretende un control total sobre la gestión de las relaciones afectivas entre hombres y mujeres (5), de tal manera que si alguien quiere resolver de forma satisfactoria algo tan primario como esto, no tenga otra posibilidad que la de someterse a los caprichos del Estado.

Tarde o temprano, las mujeres terminarán por darse cuenta de que el feminismo está muy lejos de ser un medio de liberación, y comprenderán que sólo se trata de una estrategia para el control social tanto de las propias mujeres como de los hombres; una estrategia empleada por el Estado con el fin de hacerse dueño y señor de los actos y de los deseos de las mujeres, como si de la madre superiora de un convento se tratase (6).

Es muy probable que, con el tiempo, las actuales estrategias de control social sean superadas por el conjunto de la humanidad, lo cual sólo servirá para obligar al Poder a idear otras nuevas aún más sutiles, por lo que habrá que seguir muy atentos en el futuro.

Notas:
(1) Reinaron durante 44 y 63 años respectivamente, contribuyendo al desarrollo y fortalecimiento de uno de los más sanguinarios imperios de la historia
(2) Las voceras del feminismo son las primeras en defender las desorbitadas pensiones alimenticias que los varones deben abonar a las mujeres en los casos de divorcio.
(3) Estas políticas han sido fundamentales en este sentido, tanto actuando de forma directa: mediante la llamada discriminación positiva, como indirecta: el adoctrinamiento de todos los sectores de la sociedad ha facilitado el acceso de las mujeres a estos puestos por encima de los hombres.
(4) Por contrapartida, es probable que la presión que ejerce sobre los hombres el rol social que la sociedad les impone sea también el causante de que muchos de ellos recurran al arte, a la ciencia o a la filosofía como vías para escapar de una situación que acarrea tanto esfuerzo y sacrificio; lo cual explicaría que detrás de las más grandes obras de arte, descubrimientos científicos o sistemas filosóficos de la historia estén hombres y no mujeres en la inmensa mayoría de los casos. Puro instinto de supervivencia.
(5) Como el control total que ya tiene sobre la tierra, el agua y los animales. Hoy en día, el ecologismo es usado por el Estado como la principal herramienta para ganarse el consentimiento de los sometidos en este aspecto.
(6) Muchos investigadores empiezan a relacionar los orígenes del feminismo con diversos movimientos integristas cristianos estadounidenses de finales del siglo XIX y principios del XX vinculados al ku klux klan y al WASP, concretamente, con los colectivos de mujeres cristianas que encabezaron la lucha contra el consumo de alcohol y la prostitución.

1 comentario:

  1. Os dejo el enlace a un interesantísimo artículo relacionado con este tema.

    "¿Por qué el supercapitalismo y sus políticos promueven el feminismo de “género”?"

    https://nievesmorenogallardo.wordpress.com/2015/06/16/por-que-el-supercapitalismo-y-sus-politicos-promueven-el-feminismo-de-genero/

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