miércoles, 18 de noviembre de 2015

La relación entre feminismo y capitalismo: un ejemplo de retroalimentación sistémica

"Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época" (K. Marx y F. Engels, La ideología Alemana)

Independientemente de que se esté o no de acuerdo con el feminismo, o de que se esté o no a favor del sistema de producción capitalista, un hecho indiscutible es que, en nuestros días, capitalismo y feminismo se han convertido en aliados inseparables, hasta tal punto que el sistema de producción capitalista ha asimilado por completo la ideología y el discurso feminista, y el feminismo ha hecho suyo la ideología y el discurso capitalista; es decir, hoy en día se puede afirmar, sin temor a equivocarnos, que el capitalismo es feminista y el feminismo, capitalista. La principal consecuencia de esta alianza ha sido una muy eficaz retroalimentación del actual sistema de dominación. La lucha del feminismo por conseguir incorporar (y adaptar) a la mujer al salvaje sistema de producción capitalista, por un lado, y la asimilación total por parte del capitalismo del victimista discurso feminista, por otro, ha justificado la existencia del uno y del otro (el feminismo ha hecho bueno al capitalismo, y el capitalismo ha hecho bueno al feminismo).

Una buena prueba de esta entente la podemos encontrar tan sólo con hacer un breve repaso de quiénes son hoy algunos de los socios (patrocinadores) principales de la sección feminista de la ONU, la conocida como ONU Mujeres.

Según la página web de ONU Mujeres, Coca-Cola, Microsoft o la Fundación Rockefeller son algunos buenos ejemplos de lo mucho que las grandes compañías transnacionales están apoyando (con cuantiosas sumas de dinero) las reivindicaciones feministas (enlace a los patrocinadores de ONU Mujeres).

Estas sustanciosas cantidades de dinero han creado, por todo el mundo, una auténtica legión de mercenarios y mercenarias entregados en cuerpo y alma a la "misión" de propagar las "virtudes" del feminismo y del capitalismo. Esta labor proselitista les garantiza, mensualmente, unos sueldos nada despreciables. Sólo en España, cientos de miles de personas cobran sueldos o reciben algún tipo de subvención con motivo de las conocidas como políticas de igualdad, lo cual ha generado una situación de clientelismo donde la última preocupación de este nuevo tipo de evangelizadores es el bienestar de las mujeres y, por supuesto, el de los hombres.

Aquellas mujeres que aún ven en el feminismo un camino de liberación harían bien en preguntarse por qué un sistema como el capitalismo, basado en la explotación del hombre por el hombre (y, por lo tanto, en la dominación de unos sobre otros), ha decidido adoptar, sin el menor reparo, el discurso y la ideología feminista.

El feminismo es una ideología demagógica que basa su discurso en una retórica victimista y reduccionista parecida a la empleada por otros sistemas ideológicos de corte totalitario (recordemos como Hitler, para alcanzar el éxito, basó su discurso en la victimización del pueblo alemán). La retórica victimista se dirige a las emociones, nunca a la razón, esto permite una efectiva manipulación de los individuos en las sociedades de masas. El objetivo del discurso victimista es siempre el de someter al grupo que se culpabiliza y ganarse la tutela del victimizado, es decir, el objetivo es la dominación. Comprender esto es fundamental para empezar a discernir el verdadero motivo del actual idilio entre capitalismo y feminismo. Seguir pensando que el feminismo es una ideología liberadora sólo servirá para fortalecer aún más las cadenas del actual sistema de dominación.

El feminismo es, además, una ideología que promueve la más absoluta insolidaridad de las mujeres hacia sus compañeros varones, pues ignora y menosprecia los problemas que históricamente han venido afectando a éstos: reclutamiento forzoso para la guerra, desempeño de los trabajos con mayores índices de siniestralidad, condenas más duras en los códigos penales; de tal forma que una ideología así sólo puede promover la desunión y el recelo entre hombres y mujeres, lo cual, en última instancia, es de gran utilidad para la supervivencia del orden establecido.

Los hombres, por su parte, deberían hacer también un poco de autocrítica, pues, quizá, el hecho de haber aceptado el capitalismo y todo su perverso sistema de valores, masivamente y sin apenas oponerle resistencia, haya tenido como consecuencia que las mujeres asumieran ciega y acríticamente los postulados feministas como una forma de defenderse ante el tipo de hombre al que ha dado origen el capitalismo. Es decir, también los hombres deberían revisar y aceptar la parte de responsabilidad que les corresponde en el actual clima de enfrentamiento entre sexos, sin, por ello, quitar la responsabilidad que las mujeres tienen también en todo este asunto (y en el hecho de que los hombres se hicieran tan fervientes adoradores del capitalismo). Es indudable que, por vivir en el mismo mundo y por necesitarnos mutuamente para poder vivir, los unos somos responsables del comportamiento de los otros, lo cual no quita para que cada individuo asuma la  parte de responsabilidad que le corresponde.

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