lunes, 23 de febrero de 2015

Hervé Falciani y Podemos: la CIA los crea y ellos se juntan


“El primero en beneficiarse de la lista Falciani habría sido la justicia estadounidense, cuando un subcomité del Senado de los Estados Unidos acusó al banco HSBC de blanquear dinero del narcotráfico y de sortear la prohibición gubernamental de hacer negocios con determinados clientes de Irán” (Biografía de Hervé Falciani en Wikipedia)

“Preguntado en una entrevista radiotelevisada por "RMC" y "BFM TV" sobre si fue asistido por los servicios secretos estadounidenses, Falciani respondió: - Por supuesto, hablo de la CIA”. (La CIA detrás del escándalo del HSBC, Agencia EFE)

“- Estamos en un mismo combate, una misma batalla-, afirma Pablo Iglesias en un comunicado tras su reunión por videoconferencia con Hervé Falciani” (Pablo Iglesias pone a su equipo a trabajar con Falciani, El diario.es)

No es casual que el partido político español de reciente creación, Podemos, haya decidido contar con los servicios del técnico en sistemas informáticos de moda, Hervé Falciani. Como creaciones que son del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, era sólo cuestión de tiempo que los caminos de ambos acabaran confluyendo en un mismo punto.

Falciani constituye una herramienta muy útil para ser utilizada como otro ariete en la demolición controlada del viejo orden y como un puente más hacia la consolidación del nuevo. Sus propuestas encajan a las mil maravillas con el sueño tecnotrónico-globalista (más bien pesadilla) imaginado por Brzenzinski en plena Guerra Fría, y que está a punto de consolidarse de forma definitiva entre la población mundial, al menos entre la occidental, donde el individuo ha adquirido ya la práctica totalidad de las cualidades propias de un autómata. Esta es la razón por la que Podemos (instrumento creado por la oligarquía internacional con el fin de integrar aún más a España en un supra-Estado atlantista de corte tecnotrónico) esté tan interesado en contar con sus servicios.

El modus operandi seguido en la construcción y consolidación de la operación Falciani es exactamente el mismo que el seguido en operaciones anteriores que tenían objetivos muy parecidos, como WikiLeaks o el caso Snowden:

- Idealización de Internet, obviando el férreo control que la CIA, la NSA y otros servicios secretos ejercen sobre la red.
- Elección de un personaje del tipo JASP (joven aunque sobradamente preparado) que saca a la luz pública una serie de revelaciones sobre escándalos de evasión fiscal en los que se encuentran implicados personajes de países vinculados a la Alianza Atlántica, lo que le proporciona una etiqueta de independencia y rebeldía frente al sistema; unos escándalos que, por otra parte, en ningún momento ponen en jaque los pilares del sistema de dominación (el aparato estatal capitalista).
- Escenificación de un simulacro de persecución por parte de ciertas autoridades vinculadas a países miembros (o amigos) de la Alianza Atlántica, creando así la figura del mártir.
- Y por último, retransmisión de todas estas andanzas prácticamente desde sus inicios (¡todo un prodigio de intuición periodística!) por parte de las principales corporaciones mediáticas atlantistas (The Guardian, El País, Le monde, etc.), que al mismo tiempo se convierten en oportunos altavoces para amplificar el discurso de nuestro JASP.

El héroe ha sido creado, ¿quién osaría poner en duda sus palabras?

A partir de este momento, las declaraciones de Falciani se convierten en una especie de verdades dogmáticas incuestionables, muy útiles para, desde la sombra, dirigir en la dirección deseada al gran público, tanto en política interior como exterior. Las declaraciones de Falciani tendrán como objetivo, como en el caso de WikiLeaks, crear las condiciones psicológicas necesarias entre las masas para justificar agresiones políticas, económicas y militares contra otros países (1), todo encuadrado en el actual contexto de esta nueva Guerra Fría contra Rusia y China (2), al mismo tiempo que servirán de excusa para la implementación de nuevas y draconianas medidas de explotación y control social. En este último sentido, algunas personas ya han apuntado que, con la excusa de evitar el fraude fiscal entre los más ricos, se aumentarán los impuestos y se tomarán otra serie de medidas de control de la economía por las que los principales perjudicados terminarán siendo los grupos sociales menos favorecidos.

Pero, sin lugar a dudas, el objetivo fundamental de todo el espectáculo mediático montado en torno a la Lista Falciani es el de posibilitar una mayor supeditación de las economías nacionales a entes supra-estatales. La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), también conocida como el club de los países más ricos, declaró recientemente que la Lista Falciani ha sido de gran utilidad para que los ciudadanos comprendan la necesidad de establecer un mayor control sobre las economías de sus países mediante leyes de carácter global. “La OCDE confía en que con la presión de la opinión pública al alza, tras sucesivos escándalos fiscales ligados a grandes fortunas y empresas, fuerce a los Gobiernos más reticentes a adoptar los cambios normativos que abandera la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) por encargo del G20” (La OCDE pide acelerar la lucha contra la evasión fiscal tras la ‘lista Falciani’, El País 10 de febrero de 2015). Con la excusa de evitar la evasión fiscal, la OCDE “recomendará” a los diferentes Estados una mayor supeditación de sus economías a las leyes dictadas por dicha entidad supra-estatal, una entidad creada por los Estados Unidos de Norteamérica en el contexto del colonialista Plan Marshall desarrollado tras la Segunda Guerra Mundial, el cual supeditó, ya en su día, las diferentes economías de los países de Europa occidental a la estadounidense. Este sometimiento a unas normas económicas globales sería también de gran utilidad para evitar las posibles tentaciones que pudiera sufrir algún país aliado de acercarse mínimamente a Rusia o China.

El propio Falciani, en alguna de sus entrevistas, no se corta un pelo en poner como ejemplo a seguir a la propia Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (la CIA), dejando muy claro con ello la estrategia imperial-globalista que se esconde detrás de todo esto: “Esta información que existe en la nube es nutrida por todas las personas que luchan contra los paraísos y la corrupción y a la vez comparten toda esta información. Es una nube de lucha. Es como un banco de datos ciudadano. Es un archivo de hechos, una idea parecida a la del The World factbook de la CIA” (declaraciones de Hervé Falciani recogidas en el diario digital Luz de Levante).

La estrategia seguida con la Lista Falciani no es nueva, y ya ha sido puesta en práctica en otras ocasiones, como en el caso del calentamiento global o cambio climático (3). En primer lugar se alarma y exalta a la población mundial mediante un escándalo de características globales, y seguidamente se proponen soluciones globales con el fin de atajarlo; unas soluciones que vulneran la independencia de los diferentes Estados (la independencia económica en el caso Falciani, la independencia energética en el caso del cambio climático), sometiéndolos a los caprichos de otros.

Durante sus años en el gobierno, el PSOE realizó una labor de gran utilidad para la oligarquía internacional (de raíces atlantistas) entregando España en sus manos (OTAN y CEE), debido a ello, este partido ha ido perdiendo una buena parte de su credibilidad entre las masas populares; por eso, era necesaria una nueva opción que se ganara el favor de dichas masas y continuara gestionando la política española según los intereses de dicha oligarquía. Todo apunta a que Podemos (la antigua Izquierda Anticapitalista) se ha convertido en el nuevo candidato para continuar la labor que tan eficazmente desarrolló el PSOE durante los gobiernos de González y Zapatero. En este contexto, Falciani, la nueva creación de los servicios de inteligencia atlantistas, encajaría perfectamente en el equipo de Podemos, como ya lo hiciera también, elaborando su programa económico, Vincenç Navarro, ex asesor de Hillary Clinton y admirador del “guerrista” Franklin Delano Roosevelt.

Además de todo lo anterior, otra cosa que me ha llamado la atención de la operación Falciani es cómo se ha utilizado sin ningún tipo de reparo a un determinado grupo de multimillonarios (y no a otro) como cabezas de turco, muy parecido a cómo se utiliza a los terroristas para justificar un mayor control policial sobre la ciudadanía. Investigar cuáles son las grandes fortunas que no aparecen en la Lista Falciani nos puede dar más pistas de quiénes, además de la CIA, están detrás de todo este tinglado (¿Soros?, ¿Rockefeller?, ¿los dos?, ¿alguno más?).

Bakunin, en su obra Estatismo y Anarquía, venía a decir algo así como que “todos los Estados odian a las masas trabajadoras, algo que les proporciona un cierto entendimiento; pero también se odian entre sí” (algo parecido a lo que les sucede a las empresas multinacionales, ansiosas por devorarse unas a otras), esto último parece ser  la verdadera causa de todo conflicto entre los diferentes Estados hasta la fecha, es decir, la búsqueda por parte de todos los Estados (al menos, por parte de los más fuertes) de la hegemonía mundial sobre el resto. La idea de un Nuevo Orden Mundial no es más que esto: el imperialismo y los sueños totalitarios de siempre. Si Estados Unidos hace lo que hace es porque tiene capacidad para hacerlo; si cualquier otro Estado (Rusia, China o la India) tuviera esa misma capacidad, haría exactamente lo mismo. El poder no sólo corrompe, también enajena, pues sumerge al individuo en un especie de espiral que no tiene final (deseo de más poder).

Notas:
(1) Recordemos el importante papel jugado por WikiLeaks durante las primaveras árabes, que al revelar información sensible sobre la corrupción de los diferentes gobiernos del norte de África, preparó psicológicamente a la población local (e internacional) para los cambios que el bloque atlantista deseaba introducir en esa zona.
(2) El hecho de señalar al gobierno de Venezuela en la lista Falciani no es casual y tiene como objetivo desestabilizar a uno de los principales aliados de Rusia y China en Latinoamérica, como ya se hiciera en el 2011 en el norte de África con Libia. Recomiendo la lectura del artículo Hubo 1.138 venezolanos con cuentas en el banco suizo HSBC, revela la “lista Falciani” para entender los motivos de la inclusión de dirigentes del gobierno de Venezuela en la Lista Falciani.
(3) Para comprender un poco mejor toda la estrategia imperialista montada en torno al asunto del cambio climático os invito a la lectura de una serie de artículos que publiqué en el blog Antimperialista http://antimperialista.blogia.com/temas/imperialismo-climaticoDEL20100202144017.php

martes, 17 de febrero de 2015

La entrada de España en la OTAN o el triunfo del 23-F

 
Hacia finales de los años 70 y principios de los 80 del pasado siglo, Estados Unidos observaba con cierta preocupación la tibia actitud del gobierno español, presidido por Adolfo Suárez, respecto a la incorporación de España en la Alianza Atlántica (OTAN) como un miembro más. El propio Suárez había manifestado en varias ocasiones, públicamente, sus intenciones de no tomar partido por ninguno de los dos bloques en conflicto y de incorporarse, llegado el caso, en el eje de los países no alineados (entre los que se encontraban Cuba, Yugoslavia, Vietnam o Corea del Norte). Para los Estados Unidos esta posición de neutralidad política era casi como una declaración de guerra, no sólo por su acercamiento a países de ideología socialista, sino, principalmente, porque les impedía utilizar con total libertad, en plena Guerra Fría contra los soviéticos, un territorio geoestratégico clave como era España, a la que ya consideraban casi como una colonia.

El acercamiento del presidente italiano Aldo Moro (democratacristiano) a los comunistas del PCI (Partido Comunista Italiano) con el fin de formar gobierno, fue una situación que llegó a poner en peligro la continuidad de las bases militares norteamericanas en Italia, una situación que Estados Unidos no estaba dispuesto a volver a correr en el caso de España. Necesitaban encontrar el modo de que España se dejara de tibiezas y se implicara decididamente, y de una vez por todas, en el bloque atlantista.

La entrada de España en la OTAN y, por consiguiente, la participación activa en la Guerra Fría, era también un deseo compartido por una buena parte de la cúpula militar española, conscientes de la importante oportunidad económica que ello supondría; no sólo porque tendría como resultado un considerable aumento de los presupuestos públicos destinados al ejército, sino, especialmente, por las jugosas ayudas internacionales que empezarían a fluir (principalmente, vía Estados Unidos) para la “modernización” del ejército.

Con tales propósitos en mente, los servicios secretos estadounidenses y parte del ejército español empezaron a barajar varias posibilidades, entre ellas, la de un golpe de Estado que forzase la entrada inmediata de España en la OTAN. En tales circunstancias no es de extrañar que Estados Unidos nombrase como embajador al ultraderechista Terence Todman, que ya había desempeñado un importante papel en los golpes de Estado de Pinochet en Chile y de Videla en Argentina.

La CIA nunca ocultó sus intenciones golpistas, una buena prueba de ello la podemos encontrar en la revista Transnational Security, una publicación de la época elaborada por la propia Agencia y distribuida, según palabras de la publicación, entre “dirigentes políticos cuidadosamente seleccionados, y a altos ejecutivos (…) que son conscientes de resistir la permanente amenaza soviética” (página 207, Calderón y Ruiz). Según una investigación del CESID (organismo español dependiente del Ministerio de Defensa, ocupado en labores de información y espionaje), el objetivo de Transnational Security era el de “crear la imagen, en esos momentos delicados por los que atravesaba España, de que el Centro (opción política a la que pertenecía el presidente Adolfo Suárez) estaba dominada por un grupo progresista, (…) que pretendía facilitar la conquista de España por el comunismo internacional” (página 207, Calderón y Ruiz). Washington era consciente de lo lejos que ideológicamente estaba Adolfo Suárez del comunismo internacional, pero vincularle con éste, en plenos tiempos de paranoia antisoviética, era una estrategia muy útil para demonizar a un gobierno que no se terminaba de plegar a sus intereses. Fue concretamente en el número de febrero de 1981 de Transnational Security (justo antes del golpe de Estado), donde, tras realizar un extremadamente alarmista análisis de la situación política y económica de España, haciendo especial hincapié en la amenaza que constituía el terrorismo de corte marxista-leninista, se propone abiertamente y sin rubor alguno la solución “a la turca”, en referencia al golpe de Estado de Turquía. Precisamente, en el golpe de Estado turco, la OTAN y los servicios secretos estadounidenses desempeñaron también un papel crucial según las recientes investigaciones del catedrático de historia en la Universidad de Basilea (1), Daniele Ganser (Los ejércitos secretos de la OTAN. La operación Gladio y el terrorismo en la Europa occidental).

Brian Crozier, responsable de la publicación Transnational Security y destacado colaborador de la CIA y de otros servicios secretos occidentales como el alemán, el suizo, el francés o el inglés (según señaló la prestigiosa publicación Der Spiegel, en su número del 18 de septiembre de 1982) mantuvo, con anterioridad al 23-F, conversaciones en Madrid con destacados militares y civiles de mentalidad profundamente reaccionaria, en las que con toda probabilidad les expresaría las “preocupaciones” ya expuestas en su publicación, así como lo mucho que Washington les agradecería poner fin a tales inquietudes lo antes posible.

Tras el 23-F, Transnational Security realizaba una valoración muy positiva de todo lo sucedido aquel día, dejando un aviso muy claro para quien no se hubiera enterado aún de qué iba el asunto:

“La demostración de fuerza efectuada por la Guardia Civil en Madrid y por las fuerzas locales en Valencia, el 23 de febrero, no puede ser ninguna sorpresa para los lectores de nuestro último artículo. Debe ser, sin embargo, considerada más como una dramática protesta contra la incapacidad del gobierno que como un golpe de Estado fallido. Aunque el rey Juan Carlos actuando rectamente se disoció del mismo, puede aún considerarlo para usar la fuerza por sí mismo” (página. 209, Calderón y Ruiz).

En otras palabras, si España vuelve a tener otra vez deseos de actuar al margen de los intereses norteamericanos, ya sabe lo que le espera.

El hecho de que Adolfo Suárez dimitiera pocos días antes del 23-F, en enero de 1981, y su actitud de absoluta tranquilidad durante la “representación”  de Tejero en el Congreso de los Diputados me lleva a pensar que es muy probable que él mismo estuviera enterado, con antelación, de todo lo que iba a suceder. Es posible, incluso, que con anterioridad al golpe se hubiera tratado de llegar a algún tipo de acuerdo con él que éste no habría aceptado, y, convencido de la imposibilidad de hacer nada por cambiar el rumbo de los acontecimientos (al observar una correlación de fuerzas totalmente desfavorable a sus intereses), decidiera retirarse de forma voluntaria dejando el problema en manos de su sucesor, el que hasta entonces había sido el vicepresidente de su gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo.

La única razón por la que el golpe de Estado no fue a más (disolución del gobierno Suárez y creación de uno nuevo provisional) la encontramos al analizar lo sucedido dos días después del 23-F.

El 25 de febrero de 1981, Leopoldo Calvo-Sotelo, en su discurso de investidura como nuevo presidente del gobierno, inicia el proceso de incorporación a la Alianza Atlántica, al incluir el ingreso de España en la OTAN en su programa de gobierno. Por fin, el hijo prodigo volvía a someterse a la tutela paterna. A partir de entonces, los medios de comunicación y la mayoría de las grandes fuerzas políticas emprendieron una demagógica campaña propagandística basada en la idea de que la entrada del ejército español en la OTAN supondría el final de la tradición golpista en nuestra historia. Una idea que pasaba por alto no sólo la activa participación de los Estados Unidos en el reciente golpe, sino también la propuesta realizada meses antes por Suárez y Gutiérrez Meyado, la Reforma Militar; una propuesta mucho más racional y lógica para frenar futuras amenazas golpistas, pero con la que probablemente Suárez terminó por granjearse la animadversión de los altos mandos militares, que veían en la OTAN un aliado mucho más fiable para la defensa de sus intereses.

Si analizamos el 23-F simplemente como el intento de un grupo de militares reaccionarios por hacerse con el Poder, podríamos concluir que el golpe de Estado fue un fracaso; pero si lo analizamos como una estrategia planificada por la cúpula militar española y los servicios secretos de los Estados Unidos, destinada a forzar la entrada de España en la OTAN, el 23-F fue todo un éxito.

El 30 de mayo de 1982 el sueño de Washington se hacía realidad y España se convertía en el mimbro número 16 de la Alianza Atlántica. Una integración que se vería reforzada gracias a la gestión realizada por el PSOE de Felipe González tras ganar las elecciones en octubre de 1982, quien antes de llegar al gobierno se oponía a la pertenencia de España a la OTAN, y tras la victoria electoral hizo todo lo posible por consolidar dicha integración.

Bibliografía:
Javier Calderón y Florentino Ruiz, “Algo más que el 23-F”, La Esfera de los Libros S.L., Madrid (2004)
Notas:
(1) Artículos de Daniele Ganser en Voltairenet.org sobre las operaciones encubiertas de la OTAN en Europa durante la Guerra Fría http://www.voltairenet.org/auteur124764.html?lang=es