lunes, 30 de noviembre de 2015

Terrorismo simulado: Cuando la ficción es superior a la realidad

"El espíritu del hombre está hecho de tal manera que capta mejor la apariencia que la realidad" (Erasmo de Rotterdam, Elogio de la Locura, 45)

Desde los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, muchas personas vienen especulando, no sólo con la posibilidad de que los atentados islamistas sean ataques de bandera falsa orquestados por los servicios secretos atlantistas, sino también, con la de que muchos de los aspectos que rodean a estos acontecimientos (si no todos) pudieran ser mera ficción (1). Y es que las ventajas que esto le proporcionaría al eje atlantista para poder desarrollar con mayor fluidez sus maquiavélicos planes, serían innumerables. Veamos por qué.

Uno de los principales problemas a los que se enfrentan los gobiernos que optan por la estrategia de los ataques de bandera falsa (destinados, principalmente, a justificar ante su población el lucrativo negocio bélico) suele ser el deseo de algunos de los familiares de las víctimas (y de las propias víctimas no mortales) por llegar hasta en fondo en las investigaciones sobre lo ocurrido. Esto puede conducir a que una buena parte de la población llegue a descubrir la verdad sobre este macabro tipo de estrategias, perdiendo así una parte importante de la efectividad que pretenden tener. Además, el elevado número de víctimas que se necesita para que este tipo de estrategias tengan la repercusión mediática y el efecto dramático deseados, conlleva el riesgo de que el número de familiares que deseen esclarecer lo ocurrido sea también elevado; así como el riesgo de que puedan verse afectadas personas de cierta relevancia social, con influencias suficientes para esclarecer los hechos. Un ejemplo de estos riesgos es el trabajo realizado por muchos de los familiares de las víctimas en los casos del 11-S, en Estados Unidos, y del 11-M, en España, cuyas investigaciones destaparon la complicidad de las autoridades gubernamentales de ambos países en uno y otro.

Si en lugar de masacres reales se realizaran simulacros dramatizados, que fueran presentados como hechos reales por los medios de comunicación de masas, esto, no sólo evitaría el problema anteriormente expuesto, sino que además proporcionaría otras muchas ventajas a los perpetradores.

Un simulacro realizado con anterioridad y presentado como un acontecimiento en tiempo real evitaría lo que podríamos denominar como "los riesgos del directo": que los explosivos no estallaran donde y cuando deben, que los señuelos dejados para orientar las investigaciones en la dirección deseada desaparecieran accidentalmente, que los autores fueran interceptados o identificados antes o en el momento de cometer los atentados; todo lo cual, posteriormente, podría dificultar que la versión oficial tuviera la apariencia de veracidad suficiente.

Otra ventaja sería la de tener un control total sobre las pruebas y los testimonios que se filtran, evitando así que los testimonios de testigos presenciales puedan contradecir la versión oficial de los hechos (2), al mismo tiempo que se tiene la posibilidad de fabricar con absoluta libertad todo tipo de pruebas falsas y señuelos que sirvan para orientar las sospechas del gran público según lo deseado. En definitiva, se consigue un control total de la situación sin apenas dejar cabos sueltos.

Mucha gente objetará que, para que algo así fuera posible, sería necesaria la participación de un ingente número de individuos, lo cual podría suponer un riesgo para el secretismo requerido en este tipo de operaciones. Esto no es un problema en las degradadas sociedades occidentales, donde millones de individuos estarían totalmente dispuestos a hacer lo que fuera, y a guardar silencio sobre ello, con tal de asegurarse una paguita mensual o un futuro ascenso. Un ejemplo muy claro lo tenemos en las guerras o las cárceles, donde, a pesar del elevadísimo número de personas que son necesarias para la supervivencia de unas y otras, el hermetismo en torno a lo que allí sucede es absoluto, y son contadas las ocasiones en las que podemos enterarnos (nunca por cauces oficiales) de los abusos y salvajadas que se cometen.

La mentira masiva y la creación de mitos y ficciones es (y ha sido siempre) una práctica habitual e inherente a todo sistema de dominación de grandes multitudes humanas, para lo cual, siempre ha sido necesario que colaboran de forma consciente un elevado grupo de personas. Por lo que no debería sorprender a nadie que, a pesar del hecho de que haya muchas personas que están al corriente de estos engaños, se pueda mantener el secretismo con total seguridad. Además, gracias a la cultura audiovisual que hoy impera en las mentes de los individuos contemporáneos, todo aquello que no aparece en los medios masivos es como si no existiera para el ciudadano medio. Así que ya puede alguien salir a la calle y gritar a los cuatro vientos que tiene todo tipo de pruebas sobre crímenes cometidos por el Estado, que si no tiene eco en los grandes medios, no tendrá la menor credibilidad para las masas.

Por último, es importante señalar que el degradado individuo de nuestros tiempos, cuya relación con el Estado es similar a la de un lactante con una ubre materna, es absolutamente incapaz de sentir la menor desconfianza hacia su idolatrado benefactor, por lo que rechazará sistemáticamente (como si de un ataque personal se tratara) todo cuestionamiento de su autoridad.

Sólo teniendo en cuenta estos factores y poniéndonos fríamente en el lugar de quienes perpetran este tipo de maquiavélicas estrategias, comprenderemos que, si su verdadero objetivo es la conquista de las mentes de los millones de telespectadores que observan los hechos desde sus casas, y no la de los pocos que los sufren en directo, sería mucho más inteligente hacer llegar a los primeros una historia pregrabada, dramatizada por actores, en la que se dejen atados los principales detalles: conseguir un atentado lo suficientemente espectacular, dejar muy clara la autoría, recrear todo tipo de anécdotas emotivas. Con todo esto se evitan víctimas reales, lo que evitará en gran medida que la versión oficial de la historia pueda ser puesta en duda por posteriores reclamaciones de los afectados (3); de tal modo que, desactivado uno de los factores que más podría desestabilizar la versión oficial, el discurso antiterrorista quede prácticamente blindado, permitiendo a los Estados desarrollar con mayor impunidad sus proyectos (fascismo de Estado, en lo local, y militarismo imperialista, en lo internacional).

Recordemos que no se trata de que sea una historia creíble (la gente se tragará todo lo que le cuenten por la TV), se trata de que sea lo más emotiva posible, para que movilice la característica irracionalidad de las masas. Por lo tanto, recurrir a todo tipo de elementos que contribuyan a realzar el aspecto mitológico de lo sucedido será siempre de gran ayuda para que la historia se consolide con mayor fuerza en el subconsciente de las masas. Los recientes sucesos de París son un magnífico ejemplo de todo esto: fechas que, en occidente, están asociadas a la tragedia (viernes 13); asesinos dementes, capaces de suicidarse para poder matar a cientos de civiles inocentes, resucitando de este modo el viejo mito de los kamikazes (grabado a fuego en el imaginario occidental desde Pearl Harbor); víctimas que asistían a un concierto de música satánica, dando con ello un colorido aún más siniestro a toda la historia; uso de kalashnikov por parte de los terroristas, estableciendo así un nexo psicológico con el viejo fantasma de la amenaza soviética; machacona repetición de la imagen de una mujer embarazada huyendo de la amenaza terrorista, representando la típica alegoría de la "doncella en apuros", tan utilizada históricamente por occidente para incitar a su población a la guerra (4).

Hoy en día se dan las condiciones técnicas y humanas necesarias para que los Estados puedan desarrollar con éxito este tipo de operaciones simuladas. Por lo tanto, si los beneficios que éstas les pueden proporcionar son tan elevados, ¿por qué iban a desaprovechar una oportunidad así? Hay que tener en cuenta, además, que la lealtad y fidelidad entre los diferentes órganos del Estado es absolutamente férrea, con lo que toda maniobra realizada por cualquiera de ellos será siempre disciplinadamente seguida y encubierta por el resto.

La naturaleza de todo Estado es profundamente perversa, pues su fin no es otro que el de conseguir el sometimiento ciego de las multitudes. Precisamente por eso, no dudará lo más mínimo en utilizar todo medio que tenga a su alcance para alcanzar sus propósitos, independientemente del grado de inhumanidad que ello pueda entrañar.

No entender (o no querer entender) el funcionamiento normal del ente estatal, nos impedirá entender muchas otras cosas; por lo que, para realizar un análisis medianamente objetivo de la realidad social, sería aconsejable librarse de muchas de las ficciones y fantasías con las que la propaganda ha venido idealizando al Estado.

Notas:
(1) Como el haber hecho pasar por real el que unos aviones de aluminio atravesaran sin ninguna dificultad rascacielos blindados, como si se tratasen de cuchillos atravesando mantequilla.
(2) Como sucedió en el caso del 11-S, donde multitud de personas pudieron ser testigos directos de las explosiones secuenciadas que fueron las causantes reales de la demolición de las torres.
(3) No es casualidad que los autores de los atentados suelan ser terroristas suicidas, pues, desaparecidos éstos, desaparece también toda posibilidad de un juicio posterior para determinar la autoría, evitando así investigaciones que pudieran poner en evidencia la veracidad de la versión oficial.
(4) Recordemos la campaña promovida por occidente con el tema del burka, para justificar la invasión de Afganistán, a pesar de que el uso de esta prenda fuera minoritario en este país y de que las bombas invasoras no pudieran diferenciar entre partidarios y detractores de la misma.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

La relación entre feminismo y capitalismo: un ejemplo de retroalimentación sistémica

"Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época" (K. Marx y F. Engels, La ideología Alemana)

Independientemente de que se esté o no de acuerdo con el feminismo, o de que se esté o no a favor del sistema de producción capitalista, un hecho indiscutible es que, en nuestros días, capitalismo y feminismo se han convertido en aliados inseparables, hasta tal punto que el sistema de producción capitalista ha asimilado por completo la ideología y el discurso feminista, y el feminismo ha hecho suyo la ideología y el discurso capitalista; es decir, hoy en día se puede afirmar, sin temor a equivocarnos, que el capitalismo es feminista y el feminismo, capitalista. La principal consecuencia de esta alianza ha sido una muy eficaz retroalimentación del actual sistema de dominación. La lucha del feminismo por conseguir incorporar (y adaptar) a la mujer al salvaje sistema de producción capitalista, por un lado, y la asimilación total por parte del capitalismo del victimista discurso feminista, por otro, ha justificado la existencia del uno y del otro (el feminismo ha hecho bueno al capitalismo, y el capitalismo ha hecho bueno al feminismo).

Una buena prueba de esta entente la podemos encontrar tan sólo con hacer un breve repaso de quiénes son hoy algunos de los socios (patrocinadores) principales de la sección feminista de la ONU, la conocida como ONU Mujeres.

Según la página web de ONU Mujeres, Coca-Cola, Microsoft o la Fundación Rockefeller son algunos buenos ejemplos de lo mucho que las grandes compañías transnacionales están apoyando (con cuantiosas sumas de dinero) las reivindicaciones feministas (enlace a los patrocinadores de ONU Mujeres).

Estas sustanciosas cantidades de dinero han creado, por todo el mundo, una auténtica legión de mercenarios y mercenarias entregados en cuerpo y alma a la "misión" de propagar las "virtudes" del feminismo y del capitalismo. Esta labor proselitista les garantiza, mensualmente, unos sueldos nada despreciables. Sólo en España, cientos de miles de personas cobran sueldos o reciben algún tipo de subvención con motivo de las conocidas como políticas de igualdad, lo cual ha generado una situación de clientelismo donde la última preocupación de este nuevo tipo de evangelizadores es el bienestar de las mujeres y, por supuesto, el de los hombres.

Aquellas mujeres que aún ven en el feminismo un camino de liberación harían bien en preguntarse por qué un sistema como el capitalismo, basado en la explotación del hombre por el hombre (y, por lo tanto, en la dominación de unos sobre otros), ha decidido adoptar, sin el menor reparo, el discurso y la ideología feminista.

El feminismo es una ideología demagógica que basa su discurso en una retórica victimista y reduccionista parecida a la empleada por otros sistemas ideológicos de corte totalitario (recordemos como Hitler, para alcanzar el éxito, basó su discurso en la victimización del pueblo alemán). La retórica victimista se dirige a las emociones, nunca a la razón, esto permite una efectiva manipulación de los individuos en las sociedades de masas. El objetivo del discurso victimista es siempre el de someter al grupo que se culpabiliza y ganarse la tutela del victimizado, es decir, el objetivo es la dominación. Comprender esto es fundamental para empezar a discernir el verdadero motivo del actual idilio entre capitalismo y feminismo. Seguir pensando que el feminismo es una ideología liberadora sólo servirá para fortalecer aún más las cadenas del actual sistema de dominación.

El feminismo es, además, una ideología que promueve la más absoluta insolidaridad de las mujeres hacia sus compañeros varones, pues ignora y menosprecia los problemas que históricamente han venido afectando a éstos: reclutamiento forzoso para la guerra, desempeño de los trabajos con mayores índices de siniestralidad, condenas más duras en los códigos penales; de tal forma que una ideología así sólo puede promover la desunión y el recelo entre hombres y mujeres, lo cual, en última instancia, es de gran utilidad para la supervivencia del orden establecido.

Los hombres, por su parte, deberían hacer también un poco de autocrítica, pues, quizá, el hecho de haber aceptado el capitalismo y todo su perverso sistema de valores, masivamente y sin apenas oponerle resistencia, haya tenido como consecuencia que las mujeres asumieran ciega y acríticamente los postulados feministas como una forma de defenderse ante el tipo de hombre al que ha dado origen el capitalismo. Es decir, también los hombres deberían revisar y aceptar la parte de responsabilidad que les corresponde en el actual clima de enfrentamiento entre sexos, sin, por ello, quitar la responsabilidad que las mujeres tienen también en todo este asunto (y en el hecho de que los hombres se hicieran tan fervientes adoradores del capitalismo). Es indudable que, por vivir en el mismo mundo y por necesitarnos mutuamente para poder vivir, los unos somos responsables del comportamiento de los otros, lo cual no quita para que cada individuo asuma la  parte de responsabilidad que le corresponde.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Los atentados del viernes 13 en París: la gran baza de la OTAN para recuperar la iniciativa en Oriente Medio frente a Rusia

(Un artículo escrito para el blog Antimperialista) Los atentados terroristas del viernes 13 en París podrían beneficiar a la OTAN por partida doble. Por un lado, servirían para confirmar la hipótesis del atentado terrorista en el caso del reciente siniestro del avión ruso y, por otro, para justificar una intervención militar directa de la OTAN sobre territorio sirio con el objeto de evitar el control total de la zona por parte del ejército ruso.

Cuando aún es imposible que se haya podido realizar una investigación mínimamente seria al respecto, occidente ya tiene construida toda la versión oficial de la tragedia de París y la está difundiendo masiva y disciplinadamente a través de todos sus aparatos de propaganda, atribuyendo al terrorismo islámico la autoría de los atentados.

Los ataques terroristas perpetrados en Francia permitirán a la OTAN manejar a su antojo el fenómeno del terrorismo según sus intereses geoestratégicos, pues, al haberse producido sobre territorio de uno de los más importantes miembros de la organización transatlántica (y, actualmente, fiel vasallo de EEUU), los servicios secretos atlantistas tendrán libertad absoluta para consolidar una versión de los hechos que facilite sus planes imperiales.

Por un lado, tendrán la posibilidad de crear todo tipo de pruebas falsas que sirvan para relacionar estos atentados con el siniestro del avión ruso sobre el Sinaí y, de este modo, dar credibilidad a próximos atentados contra aliados rusos o intereses rusos en Oriente Medio, que, como ya expliqué en el artículo anterior, tendrían como objetivo impedir que la oligarquía rusa consiga sacar el rendimiento deseado de estas alianzas o, incluso, obliguen a algunos países a romper su alianza con Rusia. Por otro lado, los atentados de Francia servirán para justificar una intervención militar directa de la OTAN en Siria que interfiera en el control que actualmente ejercen las tropas rusas sobre la zona. Es posible incluso que esta intervención tenga el objetivo de convertir a Siria en un auténtico avispero para Rusia (llevando a cabo acciones de cobertura para el Estado Islámico o atentados de bandera falsa), igual que en su día lo fue Afganistán, aunque todo parece indicar que Rusia tiene muy bien aprendida la lección del pasado y que este último macabro movimiento de la OTAN sobre el tablero de la actual guerra fría entraba dentro de lo previsto por el Kremlin, quien parece seguir apostando por la estrategia de desgaste del enemigo en su pugna interimperialista contra la OTAN.

El motivo de que los ataques terroristas hayan tenido lugar sobre suelo europeo, y no en otra parte, debemos buscarlo en la necesidad de los Estados Unidos de Norteamérica de conseguir una mayor implicación de sus aliados europeos en su nueva guerra fría contra Rusia. Habría que recordar que con un objetivo muy parecido se ejecutó el 11-M en Madrid, que, entre otras cosas, también consiguió forzar a la ONU a emitir una resolución por la que se internacionalizaba el mando de las tropas desplegadas en Irak durante la guerra de Irak en el año 2004. Es muy probable que, en esta ocasión, la OTAN exija la misma cobertura legal por parte de la ONU para intervenir en Siria y recuperar el terreno perdido frente a Rusia.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Sobre la incompatibilidad entre política y bien común


"Política, s. Conflicto de intereses disfrazado de lucha de principios. Manejo de los intereses públicos en provecho privado." (Ambrose Bierce, El Diccionario del Diablo)

En más de una ocasión, habrás oído decir a familiares, amigos o a compañeros de trabajo que la causa de que un político o un partido político tenga las manos atadas para gobernar en favor de sus votantes cuando llega a puestos de poder (ya sea en el gobierno o en la oposición parlamentaria) es que, en contra de su voluntad, no le queda más remedio que devolver favores a todas aquellas personas y entidades que facilitaron su ascenso a tales puestos.

Quizás, en algún caso puntual, esto sea así, pero utilizar este argumento para explicar el comportamiento general de los políticos (y de los partidos a los que éstos pertenecen) una vez han llegado a posiciones de poder, no sólo denota una muestra de ingenuidad sin límites, sino también un desconocimiento absoluto del verdadero sentido de la  profesión política y, lo que es más grave, de cómo funciona el mundo en el que viven.

El objetivo de los políticos es alcanzar el poder, para lo cual deben ganarse el favor de quienes realmente lo ostentan, que en ningún caso son los votantes, sino aquellos que tienen el control de las armas, los grandes medios de producción o los aparatos de propaganda y adoctrinamiento; por eso, todo político o partido político que aspire a algo en nuestra sociedad deberá dirigir sus "promesas", en primer lugar, no a los votantes, sino a quienes realmente pueden auparle al poder. Por eso, contrariamente a lo que se piensa, los políticos, cuando llegan al poder (y hacen lo que hacen), no están cometiendo ningún tipo de traición contra nadie o acto en contra de su voluntad, sencillamente, se limitan a desempeñar la función para la cual fueron aupados al poder: gestionar las fuerzas productivas de la sociedad según los intereses de quienes le auparon a esa posición de poder (el poder real). Es más, se podría decir que aquel político que, alcanzada una posición de poder, se dedicara a hacer política en beneficio de los votantes es el que debería ser considerado como un traidor en toda regla, pues estaría dando la espalda a quienes realmente posibilitaron que llegara hasta donde llegó (las élites).

Dichas élites (el poder real), a la hora de seleccionar a los políticos y partidos políticos que auparán al poder, no sólo valoran lo que aquéllos les "prometen", sino, sobre todo, el cómo se lo prometen, es decir, su habilidad para hacer pasar por interés público lo que no son otra cosa que los intereses de unos pocos; en otras palabras, su capacidad para manipular los deseos y los sentimientos de las masas en beneficio de las élites. En este sentido, el discurso populista de izquierdas ha sido y sigue siendo el discurso preferido; concretamente, los llamados partidos de la nueva izquierda, como Syriza en Grecia o Podemos en España, son hoy la opción favorita de las élites debido a la pérdida de credibilidad de los tradicionales partidos de izquierda.

Veamos un ejemplo.

Hoy en día, la inmigración es para los empresarios, además de una fuente de mano de obra barata, un medio de chantajear a la mano de obra local para que reduzca sus demandas salariales y acepte las condiciones de la patronal; esta es la razón de que grandes entidades financieras como la Caixa hayan hecho y estén haciendo tantos esfuerzos para que el conjunto de la población vea con buenos ojos la llegada masiva de inmigrantes (1) y pase por alto el impacto negativo que ello supone, tanto para el país al que llegan (bajada de salarios) como para el país del que proceden (robo de talentos). En este sentido, Podemos se presenta como una opción ideal para los intereses de las élites al proponer medidas que fomentan la llegada masiva de inmigrantes (Podemos dará ayudas a los empresarios que contraten inmigrantes sobre españoles); medidas camufladas bajo el discurso de la defensa de los intereses nacionales (para lo cual, curiosamente, utiliza los mismos argumentos que la Caixa) y de la lucha por los derechos humanos (una "lucha" que ha sido asumida sin ninguna dificultad por instituciones hipercapitalistas como el Real Madrid o el FC Barcelona como hemos podido ver en el caso de los llamados refugiados sirios).

El proceso se podría resumir más o menos así:
- Las élites, a través de los conocidos como Think Tanks, exponen sus deseos: necesidad de mano de obra inmigrante, necesidad de una mayor implicación de la mujer en la política o en el ámbito empresarial, necesidad de hacerse con un control totalitario de los recursos energéticos o incrementar el precio de los combustibles.
- Los partidos políticos elaboran un programa donde, tras una retórica populista (derechos humanos, feminismo, ecologismo), se ocultan una serie de medidas destinadas a satisfacer las necesidades expresadas por las élites.
- Las élites, a través de diversos mecanismos (especialmente, gracias a los medios de comunicación de masas) aúpan a posiciones de poder a aquel o aquellos partidos políticos cuyas propuestas mejor sirvan para gestionar sus intereses teniendo en cuenta la coyuntura social de cada momento.

Los partidos políticos son un tipo de organización que, desde sus inicios, fueron diseñados, no con la idea de servir al pueblo, sino a las élites (Estado-capital), que son las únicas que, en una sociedad como en la que vivimos, les pueden permitir, o no, acceder a posiciones de poder. La relación de los partidos políticos con el Estado sólo se puede entender como una relación de clientelismo. Se podría decir, entonces, que los partidos políticos, por su peculiar idiosincrasia (asegurar su propia supervivencia a toda costa), son incompatibles con el bien común.

La particularidad en nuestros días es que a los políticos de hoy les resulta prácticamente imposible disimular su verdadera razón de ser, de tal modo que su actitud durante las campañas electorales se asemeja mucho más a la de un "pelota" haciendo méritos para ser ascendido por su jefe, que a la de un desinteresado filántropo. El triunfo de la brutal e inhumana ideología capitalista es absoluto en nuestros tiempos. La lógica del interés individual y el máximo beneficio económico ha colonizado las mentes de la práctica totalidad de los seres humanos del planeta tierra. Esto ha tenido como consecuencia un hundimiento sin precedentes de la calidad humana de los sujetos; una situación a la que las personas que forman parte de los partidos políticos no han podido sustraerse, más bien todo lo contrario, agudizándose hasta el paroxismo el talante megalómano de sus líderes. Pablo Iglesias, Albert Ribera o Pedro Sánchez son tres buenos ejemplos de este decadente estado de cosas. Así, el inocultable ansia de poder que mueve a este tipo de personajes pone al descubierto con mayor claridad que nunca el verdadero sentido de la política.

El sistema de partidos políticos es un sistema perverso, en el que los individuos deciden  convertirse voluntariamente en menores de edad, al delegar la gestión de absolutamente todos los aspectos de sus vidas (incluidos los más íntimos) en manos de unas personas que, sin saber muy bien en base a qué, se atribuyen esa potestad. ¿Qué pensarías si, un día, tres o cuatro individuos se presentasen en la puerta de tu casa y te dijeran que tienes que elegir a uno de ellos para que a partir de ese momento se hiciese cargo de la gestión de tu vida doméstica? Pues, más o menos, eso mismo es lo que hacen los políticos. Es indudable que sólo gente extremadamente ruin y miserable puede dedicar su vida a una profesión como la política; pero, si la mayor parte de las personas decidieran asumir la responsabilidad que, sobre la gestión de sus vidas y la de su comunidad, les corresponde sólo por el hecho de estar vivos, tal estado de cosas no sería posible. Como ya dijo alguien hace más de 100 años: "¡el criminal es el elector!" (2).

La ciberdemocracia directa, con la que se pretende sustituir el sistema de partidos, no será un sistema menos perverso que el actual, pues las personas se limitarán a votar propuestas previamente debatidas, sin posibilidad de participar en su proceso de elaboración. Este sistema, como el anterior, no sólo no evita la manipulación que el poder ejerce sobre los individuos a través de todos sus aparatos de propaganda, sino que ahonda aún más en el proceso de infantilización (y robotización) de la sociedad.

Notas:
 (1) Estudio Social de la Caixa N.31  "Los inmigrantes asentados en España aportan más al Estado del bienestar de lo que reciben" http://prensa.lacaixa.es/obrasocial/estudio-social-31-inmigracion-y-estado-bienestar-espana-esp__816-c-14169__.html
(2) Enlace al texto de Albert Libertad "¡El criminal es el elector!" http://arrezafe.blogspot.com.es/2013/10/el-criminal-es-el-votante.html?m=1