lunes, 4 de enero de 2016

Podemos, Ciudadanos y la independencia de Cataluña: crear el caos para justificar un Nuevo Orden

"Apenas declarada la guerra, hacen fijar secreta, simultánea y debidamente autenticados con su sello oficial, multitud de bandos en los lugares más visibles del territorio enemigo." (Tomás Moro, Utopía, Libro II)

La actual situación de ingobernabilidad en España, debido principalmente al acceso de Podemos y Ciudadanos al Parlamento y al crecimiento exponencial del movimiento independentista catalán en los últimos años, será de gran ayuda para desestabilizar progresivamente al Estado Español y terminar fracturándolo al estilo de los Balcanes.

Este proceso, que está y seguirá siendo retransmitido a escala planetaria paso por paso (1), pretende conseguir que el ejemplo se extienda por todos los rincones del mundo, propiciando con ello la disolución de los viejos Estados-Nación, de tal modo que los territorios que los formaban, enfrentados e incapaces de colaborar entre sí como hasta ahora lo venían haciendo, puedan ser absorbidos con mayor facilidad por un ente supraestatal (una especie de Estado Mundial), al garantizarles éste un cierto nivel de viabilidad política. Una estrategia que coincide  al detalle con la que hace ya casi un siglo teorizó H. G. Wells en su proyecto conocido con el nombre de Nuevo Orden Mundial (2), de inspiración liberal-burguesa.


Debido al enorme grado de supeditación de todos los actores implicados (políticos, empresarios, ejército, grupos extremistas, medios de comunicación...) a los deseos globalistas de los autores intelectuales de este proyecto (capitaneado por la Fundación Rockefeller), el proceso terminará exactamente como se desea que termine. Por otra parte, el desarrollo del mismo se realizará combinando dos fórmulas diferentes: una más o menos pacífica y otra más o menos violenta. Aunque hasta ahora se ha venido utilizando exclusivamente la fórmula pacífica, todo me hace pensar que, más temprano que tarde, se terminará por aplicar también la violenta, pues los efectos que ello podría provocar no sólo serían mucho más ejemplarizantes, sino también, mucho más lucrativos (saqueo de las arcas públicas con la excusa de combatir la violencia). La elección de un partido keynesiano como Podemos para liderar este proceso, apunta en este sentido. Del mismo modo, la actitud que vienen mostrando en los últimos meses diversos grupos y medios de comunicación alternativos vinculados con el independentismo catalán (fácilmente teledirigibles por las cloacas del Estado), justificando el recurso a la violencia por parte del pueblo (obviando lo fácilmente manipulable que dicha violencia puede ser), es otro claro indicio de que una guerra civil de baja intensidad (en la que el terrorismo volvería a tener un papel destacado) será la baza más probable. De ser ciertas estas especulaciones, los acontecimientos podrían desarrollarse, más o menos, del siguiente modo:

En primer lugar, se potenciará aún más la actual sensación de malestar social, especialmente a través de los medios de comunicación de masas y las redes sociales, empujando a la población a posicionarse decididamente a favor o en contra del independentismo. La movilización ciudadana será cada vez mayor y contará con el apoyo de las mayorías en uno y otro bando; posiblemente se producirán cargas policiales contra los manifestantes o acontecimientos aún más dramáticos que contribuirán a victimizar las movilizaciones. Comenzarán a aparecer grupos radicales no gubernamentales (como en Ucrania o Siria), que, con la excusa de combatir la represión, agravarán el caos mediante acciones violentas. Esto dará lugar a la intervención del ejército español y, posteriormente, con la excusa de "pacificar" el conflicto, a la intervención de otros ejércitos internacionales. Finalmente, la institución globalista por excelencia, la ONU, se hará cargo de resolver el conflicto, y, bajo la máscara de la solución salomónica, concederá la independencia a Cataluña y, muy probablemente, a otros de los territorios que componen el actual Estado Español.

Si queréis profundizar más detalladamente sobre el plan trazado por los globalistas para la desintegración del Estado-Nación llamado España, o sobre por qué el 15-M, Podemos, Ciudadanos, el independentismo catalán o incluso esperpentos como el Chiquilicuatre y el Pequeño Nicolás han sido herramientas muy útiles para tal fin, os animo a leer el magistral artículo publicado por el blog CiberPensadores "Cómo desintegrar un Estado-Nación: España".

Por extraño y preocupante que todo esto pueda parecernos, sólo se trata de una consecuencia más del imparable y lógico proceso de decadencia de una civilización decrépita, asentada sobre la codicia, el egoísmo y el ansia de poder, y donde, por lo tanto, no puede haber nunca lugar para el amor. Una situación a la que no se podría haber llegado sin el abierto consentimiento de la inmensa mayoría de la humanidad, que, incapaz de asumir el sufrimiento y el absurdo inherentes a la existencia humana, viene colaborando desde hace siglos, con absoluta conciencia de ello, en los enfermizos planes de las élites gobernantes por construir una especie de paraíso en la tierra, un utópico Mundo Feliz. Esta errónea forma de afrontar la existencia humana ha condenado a la civilización a una monstruosa agonía que será más terrible cuanto más se retrase su ocaso. La alegoría bíblica de la Torre de Babel, inspirada probablemente en sucesos históricos anteriores a su redacción, fue una forma simbólica de describir el funesto destino que les espera a todos aquellos proyectos humanos que pretenden "tomar los cielos por asalto"; un objetivo que no deja de ser el mismo al que aspira hoy el hedonista e irrealizable credo liberal (liberalismo económico) con su utópico proyecto del Nuevo Orden Mundial, el cual no es más que la continuación de otros proyectos anteriores (no menos delirantes), como La República platónica, La Ciudad de Dios agustiniana o la Utopía moreana, todos ellos guiados por el mismo espíritu hedonista.

El liberalismo económico (y su hijo, el socialismo) no es más que el relevo ideológico del mesianismo judeocristiano; un relevo que empezó a materializarse principalmente a partir del humanismo y de la Reforma Protestante. Este nuevo mesianismo está guiado por la misma visión hedonista y la misma incapacidad para comprender y aceptar el absurdo existencial que caracterizaron a su predecesor. El pensamiento judeocristiano, al interpretar la existencia como un regalo, como una gracia divina, alimenta en sus seguidores la ilusión de que la vida debe de poder ofrecer al hombre mucho más de lo que simplemente le ofrece; esto conduce al creyente a la construcción de proyectos utópicos para hacer realidad sus ensoñaciones.

Todo esto explicaría por qué los amantes del capitalismo han sido y son tan fervientes devotos del cristianismo (religión casi absorbida ya por el New Age): lo que no puedan conseguir de un modo, tratarán de conseguirlo de otro.

Notas:
(1) No es casual que el F.C. Barcelona, desde que decidiera enarbolar activamente los valores y la causa del independentismo, lo gane prácticamente todo, tanto a nivel local como internacional.
(2) Recomiendo la lectura del artículo "Historia   del Nuevo Orden Mundial", escrito por Pierre Hillard en Red Voltaire.

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