martes, 31 de mayo de 2016

Las coñocracias, los huelebragas y el despotismo originado por la revolución sexual

"(...) porque lo que se dice de aquellas antiguas magas, que convertían los hombres en bestias, dicen los que más saben que no era otra cosa sino que ellas, con su mucha hermosura y con sus halagos, atraían los hombres de manera a que las quisiesen bien, y los sujetaban de suerte, sirviéndose dellos en todo cuanto querían, que parecían bestias." (Miguel de Cervantes, El coloquio de los perros)

Si algo nos enseña la historia es que toda revolución contra un determinado orden acaba invariablemente dando origen a un nuevo orden tan o más despótico que el anterior. Y es que toda revolución, en el fondo, no es más que una renovación del viejo sistema de dominación, y por lo tanto, una especie de involución social. La revolución sexual de los 60 no podía ser una excepción, y el feminismo misándrico que hoy sufrimos es la prueba más evidente de la transformación de aquella revolución en una nueva forma de despotismo.

Del mismo modo, el sujeto revolucionario acaba, invariablemente también, convirtiéndose en un fanático defensor del nuevo sistema originado por la revolución correspondiente; un sujeto que parece no tener ni voluntad ni ideas propias, y cuyo comportamiento se asemeja más al de un autómata que al de un ser humano de carne y hueso. El sujeto revolucionario, para tratar de conservar las conquistas alcanzadas (las cuales no dejan de ser sino vanas esperanzas, que nunca terminan por concretarse), justifica cualquier medio, cayendo así en una nueva forma de esclavitud tan o más opresiva que de la que trató de liberarse. En el caso de la revolución sexual, el sujeto revolucionario no habría tenido un destino diferente, deviniendo en un fiero defensor del orden social al que dio origen esta revolución: las "coñocracias". Por muy buenas intenciones que tenga toda revolución, el problema es que acaba creando legiones de fanáticos dispuestos a servir al ideal revolucionario hasta sus últimas consecuencias, aunque ello signifique perder hasta el último gramo de dignidad personal. La rastrera y servil actitud ante las mujeres del sujeto revolucionario al que dio origen la revolución sexual es un buen ejemplo de esto, un sujeto revolucionario que se habría ganado por méritos propios el sobrenombre de "huelebragas".

Supuestamente, el objetivo principal de la revolución sexual fue el de la lucha contra la represión sexual; especialmente se buscaba la liberación sexual de la mujer. Se esperaba que ello iría en beneficio tanto de hombres como de mujeres. Pues bien, más de medio siglo después, la consecuencia de esta liberación ha sido únicamente que las mujeres, con sólo chascar los dedos, puedan tener a legiones de hombres al olor de sus bragas, dispuestos a lo que sea (fundamentalmente, a gastarse dinero en sus caprichos), tal y como se puede apreciar cualquier sábado por la noche en cualquiera de los antros más concurridos de casi cualquier ciudad del planeta.

Hasta que no seamos capaces de comprender que hombres y mujeres no percibimos ni percibiremos jamás el sexo del mismo modo, el despotismo feminista seguirá aprovechándose de este desconocimiento para pisotear nuestras cabezas y nuestras pelotas con sus afilados tacones, exigiendo cada vez más y más privilegios.

Y ¿por qué hombres y mujeres no percibimos ni percibiremos jamás el sexo del mismo modo? Básicamente, un hombre sabe que, tras el coito, no corre ningún riesgo de quedarse embarazado, sin embargo, una mujer sí. Tras millones de años de evolución, las mujeres desarrollaron, como estrategia defensiva, una mayor capacidad de control sobre sus impulsos sexuales, con el fin de evitar quedarse embarazadas de individuos que, tras aliviar su tensión sexual, pudieran dejarlas abandonadas a su suerte. Este mayor control sobre sus impulsos sexuales les sería de gran utilidad para chantajear al varón, gracias a una inteligente gestión del acceso a sus vaginas [2]. Por todo esto, la liberación sexual no liberó a las mujeres de absolutamente nada, pues no tenían nada de lo que liberarse [3]; la revolución sexual sólo sirvió para poner a los hombres de rodillas a los pies de las mujeres, o mejor dicho: para poner a los hombres de rodillas ante los coños de las mujeres, convirtiéndonos a todos en miserables "huelebragas" y en siervos de un sistema que se había ganado previamente el apoyo incondicional de las mujeres gracias a un puñado de absurdas promesas quiméricas [4].

Es decir, la falacia predicada por la revolución sexual de que, una vez lograda la liberación sexual, todo hombre podría tener tanto sexo como quisiera, con tantas mujeres como deseara (una idea que no deja de tener un curioso parecido con ese paraíso de cien vírgenes que los islamófobos dicen que Allah promete a todos sus mártires), sirvió, y sigue sirviendo, para poner a legiones de hombres al servicio del nuevo sistema. Se trata de un método muy efectivo, pues, como ya expliqué más arriba, una mujer jamás percibirá el sexo como lo percibe un hombre, por lo que la excusa de la lucha por la liberación sexual de la mujer se podría seguir esgrimiendo casi ad infinitum; un truco muy parecido al del jinete que pone una zanahoria colgada de un palo delante de su caballo, de tal forma que, tratando de alcanzar lo inalcanzable, éste no pare de correr. La revolución sexual, en lugar de una zanahoria, utilizó bragas y sujetadores, que se dedicó a agitar delante de los ojos de los hombres con el fin de motivarles y orientar así sus esfuerzos en la dirección deseada: el aumento de la producción.

Notas:
[1] Wilfredo Pareto explicó muy bien esta paradoja a través de dos conceptos: "el instinto de las combinaciones" y "la persistencia de los conglomerados". Según Pareto, uno y otro estarían siempre detrás de la caída y el ascenso de las élites mandantes a lo largo de la historia.
[2] El conocimiento de esta faceta de la naturaleza femenina fue de gran utilidad a la iglesia para establecer una alianza con las mujeres que duró miles de años. Convertir al dios griego Pan, representación de la sexualidad masculina, en la imagen del demonio, fue sólo una de las muchas ayudas que la iglesia prestó a la causa de las mujeres. Hoy, el feminismo, igual que hizo la iglesia en el pasado, se dedica a satanizar la sexualidad masculina (y, por lo tanto, a reprimirla) para ganarse el apoyo de las mujeres.
[3] Schopenhauer explica del siguiente modo la distinta percepción que hombres y mujeres tienen respecto del sexo "Lo que también prueba que el amor es un instinto dirigido hacia la reproducción de la especie es que, por su misma naturaleza, el hombre es un ser inconstante, mientras que la mujer es más fiel. El hombre es polígamo. (...) Con comodidad el hombre puede engendrar cincuenta o cien hijos, si tiene a su disposición la cantidad de mujeres necesarias." (Schopenhauer, Los dolores del mundo, El querer)
[4] Unas quimeras imposibles de concretarse por ir en contra de la propia naturaleza femenina, y que, desde mi punto de vista, serían la verdadera causa de los trastornos psicológicos (neuróticos) que hoy sufren muchas mujeres. Sería algo así como una envidia fálica artificialmente inducida por el sistema con el fin de hacer que la mujer desee ser lo que nunca podrá ser. La mujer sólo llegará a ser feliz cuando realmente aspire a ser una mujer, y no un hombre sin pene; una aspiración imposible en la sociedad actual debido a la criminalización de la feminidad, abanderada, paradógicamente, por organizaciones que se dicen defensoras de la mujer.

martes, 10 de mayo de 2016

Una reflexión sobre el Poder y la inevitable decadencia de nuestra civilización a partir del moderno y muy mediático concepto de bullying escolar

"En ciertas ocasiones, la blandura es una auténtica fuente de graves problemas" (Mario Puzo, El Padrino, cap. 11)

Cada vez tengo más dudas de que el modo de actuar de las élites gobernantes obedezca, como sostienen algunos afamados analistas, a una especie de plan maestro muy antiguo, elaborado y diseñado con precisión milimétrica desde hace mucho tiempo. Por el contrario, creo que su forma de dominar a las masas se basa más en la improvisación que en otra cosa. Su mérito, básicamente, se reduciría a leer e interpretar adecuadamente los deseos de las masas en cada momento y, a partir de ahí, a aplicar una serie de estrategias de pastoreo humano que les permitiesen mantenerse en el Poder gracias a un alto grado de apoyo popular.

La lectura de Wilhelm Reich me fue de gran ayuda para empezar a comprender este particular modus operandi de las élites. En su obra "El asesinato de Cristo", Reich dice: "Son los gobernados los que determinan las normas que les dan sus líderes, y nunca al revés. No hay nada en este mundo social nuestro, ni puede haber nada, que no esté primaria y básicamente determinado por el carácter y la conducta del pueblo" (cap. 6). Recordemos que, según la leyenda, el verdadero responsable de la muerte de Cristo fue el pueblo, que prefirió salvar a Barrabás antes que al Nazareno, Pilatos tan sólo se limitó a satisfacer al populacho; algo muy similar le ocurrió a Sócrates, que sería ejecutado por aclamación popular. Es decir, los gobernantes ocupan la posición que ocupan porque han sabido interpretar y complacer antes y mejor que nadie la verdadera voluntad del pueblo, lo cual es agradecido por éste, de un modo semi-inconsciente, sometiéndose dócilmente a la autoridad de aquéllos.

Por otro lado, siempre me ha llamado la atención la permanente presencia de destacados miembros de la aristocracia y del ejército en los más diferentes círculos esotéricos: la Trinosofía de Saint Germain, la Teosofía de Madame Blavtsky o la Iglesia de Satán de Anton La Vey [1]. Estas personalidades no acudían a estos lugares precisamente con el propósito de alcanzar un determinado grado de desarrollo personal o espiritual, sino para conseguir algo mucho más mundano: buscaban conocimiento que les permitiera dominar con mayor facilidad a grandes multitudes humanas. Estos círculos esotéricos estaban inspirados en ideas mayoritariamente orientales, principalmente, hinduistas, budistas y taoístas. Sin lugar a dudas, el principio del wu wei o dejar fluir fue una de las enseñanzas que más impactó a los aristócratas y militares asistentes; es probable que esta idea influyera de algún modo en el surgimiento de teorías sociales como la del laissez faire capitalista de finales del XVIII.

Según un proverbio oriental, en navegación, siempre es más efectivo dejarse llevar por el viento que remar. Básicamente, en esto consistiría la aplicación del wu wei a la gobernanza política: ganarse el favor de las multitudes cediendo a sus caprichos y halagando sus egos. ¡Que los súbditos quieren más comodidades!, pues se invaden y saquean otros países ricos en recursos energéticos y materias primas, pero para que éstos puedan dormir con la conciencia tranquila, se perpetran atentados terroristas (reales o simulados) contra la propia población y se acusa falsamente a los países que se pretende invadir. ¡Que las mujeres exigen más privilegios de los que ya tenían!, pues se inventa el feminismo, se crea el mito de la opresión masculina (patriarcado) y se obliga a los hombres a que tengan que entregar a las mujeres una buena parte de los recursos que éstos producen con su esfuerzo, sudor y sangre; un trasvase de recursos que, para que no sea demasiado descarado, se camuflará bajo el pretexto de destinar una buena parte de los impuestos públicos a sufragar pagas a madres solteras y mujeres maltratadas (o supuestamente maltratadas), subvenciones para mujeres emprendedoras, nuevos puestos funcionariales exclusivos para ellas y otro tipo de medidas destinadas exclusivamente al bienestar femenino [2]. ¡Que una generación de padres hedonistas y  pusilánimes cree que el colegio puede traumatizar a sus hijos!, pues se le quita toda autoridad a los maestros, se rebajan los planes de estudio y, si surgen problemas conductuales, se inventa un concepto nuevo (bullying escolar) que sirva para enmascarar y ocultar la verdadera causa del problema (la brutal degradación social) y que además exima a los padres de cualquier tipo de responsabilidad.

Esta estrategia podría compararse a la técnica de utilizar parches para reparar un neumático. Evidentemente, no se puede estar parcheando un neumático toda la eternidad, pues, además de perder calidad, tarde o temprano terminará reventando. El posibilismo de las élites gobernantes puede ser de gran utilidad para mantenerse en el Poder circunstancialmente, pero, con toda probabilidad, suele ser la causa de la decadencia y extinción de multitud de sociedades a lo largo de la historia.

Hace ya mucho que nuestras pulsiones instintivas dejaron de desarrollarse en armonía con el orden natural del mundo, por lo que dejarlas fluir libremente, sin freno alguno, es el camino más seguro hacia nuestra autodestrucción, tanto personal como colectiva. Es importante comprender que a las élites gobernantes no les importa lo más mínimo el destino de la especie humana, lo único que les preocupa es conservar su posición privilegiada mientras vivan. Si esta forma de gobernar va degradando progresivamente a las masas, esto no es ni siquiera un problema a medio-largo plazo, pues tal degradación permitirá a las siguientes generaciones de mandatarios seguir gobernando mediante esta misma fórmula con mayor facilidad aún, al encontrarse al cargo de individuos que tienen más de bestias que de humanos, únicamente preocupados por satisfacer sus pulsiones zoológicas. Así hasta que llegue el día en que las masas, debido a su brutal degradación, hayan dejado de tener alguna utilidad. De cualquier forma, tampoco esto será un problema, pues, cuando ello suceda, las nuevas élites, siguiendo el principio del wu wei, se habrán ido adaptando a la nueva situación, probablemente mediante una progresiva y lenta sustitución de los grupos decadentes por otros más aptos; en el fondo, los propios siervos se lo habrán buscado; pudieron elegir, y eligieron ser unos mierdas.

En este contexto habría que situar la actual campaña contra el conocido como bullying o acoso escolar.

Pasando por alto el debate sobre la naturaleza atroz de una institución cuartelera y alienante como la escuela, cuya función social consiste básicamente en lavar el cerebro a los individuos desde su más tierna infancia hasta bien entrada la pubertad, ocasionando con ello una degradación prácticamente irreparable, analizaré el problema desde la inevitabilidad de esta monstruosa institución en nuestros tiempos, basándome para ello en mi propia experiencia vital.

Cuando yo iba al colegio, era uno de los muchos que, de vez en cuando, recibía alguna que otra colleja por parte de alguno de los dos o tres malotes que siempre había en todo curso escolar. En mi época en el colegio (años 80), la autoridad de estos malotes (y, en general, el comportamiento de cualquier niño) estaba limitada por la gran autoridad que, en aquel tiempo, tenían los maestros, la cual se cimentaba en la confianza que los padres de los alumnos depositaban en ellos. Así, estos malotes se cuidaban mucho de sus acciones, pues, de ser descubiertos por el maestro, podían meterse en serios problemas, no sólo por el castigo que éste pudiera infligirles, sino que, si tal castigo llegaba a oídos de sus padres, lo más probable es que éstos le propinasen un par de buenas bofetadas a mayores.

En cualquier caso, estos malotes siempre aprovechaban el menor resquicio para imponer su ley y marcar el territorio de tal modo que el maestro no pudiera enterarse. Curiosamente, este comportamiento se acentuó (casi un 500%) con la entrada de las chicas en el colegio a partir de 1° de BUP (lo que hoy sería 3° de la ESO). Unas chicas a las que nunca escuché denunciar o censurar esta actitud; más bien, todo lo contrario; no en vano, muchas veces, eran las primeras beneficiarias de este comportamiento gansteril: si un malote te robaba un cigarro, solía ser para fumárselo a medias con una de ellas. Me atrevería a decir que tan sólo un año antes de la entrada de las chicas, en 8° de EGB (hoy, 2° de la ESO), reinaba casi una total camaradería entre los compañeros.

La causa de que hoy sea completamente impensable la vuelta a la educación diferenciada obedece, precisamente, a la estrategia de las élites de ser condescendientes con las masas (o, al menos, con las grandes mayorías). Siempre será mucho más sencillo ganarse a las masas diciéndoles que sus hijos son una especie de seres de luz, no sometidos a las mismas pulsiones instintivas que los animales irracionales, y que, aunque sus hijos estén rodeados constantemente por espécimenes del otro sexo, eso no influirá para nada en sus conductas, aun estando en plena pubertad. Más o menos, es como si se les dijera: "Sus hijos son seres angelicales". Por el mismo motivo, hoy tampoco es posible conceder una mayor autoridad a los maestros, pues eso sería como decir a las masas que sus idolatradas criaturas pueden ser susceptibles de mal comportamiento [3], lo cual, además, podría ser interpretado por muchos como que se cuestiona su dedicación y sus cuidados paternos. Reducir la autoridad de los maestros, equivaldría a decirle a las masas algo así como: "Su trabajo como padres es intachable. Son ustedes ejemplares".

Sin duda alguna, la pérdida de autoridad de los maestros y la incuestionabilidad de la educación mixta son algunas de las causas de que hoy nos encontremos con el problema que nos encontramos. Si a todo esto le sumamos el entorno social de absoluta degradación moral en el que nos movemos, consecuencia de la aceptación acrítica y sumisa de un sistema esclavista como el estatocapitalismo, el resultado no podía ser otro. La pregunta que la gente debería hacerse no es: "¿por qué sucede esto del bullying?", sino: "¿por qué no sucede más a menudo teniendo en cuenta que el principio rector de nuestra sociedad no es el de quítate tú para ponerme yo?"

Resumiendo: el Poder nunca va a decir a los padres que hay que conceder más autoridad a los maestros o que hay que volver a la educación diferenciada, pues eso sería como insultarles, tal y cómo expliqué un poco más arriba. Por los mismos motivos, tampoco dirá a los padres que sus hijos deberían aprender a defenderse por sí mismos o a afrontar con valentía lo que a otros nos tocó soportar sin que nadie nos defendiera (lo cual no dejó de ser una útil experiencia iniciática, ya que a muchos nos enseñó a asociarnos con otros para hacer frente al peligrol, una asociación que constituiría la base de las grandes amistades de la infancia); en el fondo, decirles estas cosas también sería como insultarles, al hacerles comprender su inoperancia como padres y su infantil visión de la vida. Al Poder siempre le resultará mucho más rentable, y menos problemático, seguir la corriente y contentar a sus siervos (al menos, a los que más se quejan y más jaleo arman) tratando de solucionar el problema de tal modo que no hiera sus egos.

Igualmente, si un niño o un adolescente sufren trastornos psíquicos, o incluso llegan al extremo de suicidarse, siempre será más rentable para el sistema recurrir a la excusa del bullying que reconocer que el entorno familiar y social en el que le ha tocado vivir al niño era un entorno de mierda.

Quedaría por analizar la más que probable posibilidad de que este delirio buenista por eliminar el bullying de las aulas diera lugar, a su vez, a otra clase de bullying en forma de denuncias falsas; y si no, que aquel que, en el colegio, nunca fue acusado por otro compañero de algo que no había hecho, que tire la primera piedra. Acordaos de cuando alguien se tiraba un pedo en clase: si el profesor hubiera tenido que dictar sentencia en base a las acusaciones de los alumnos, tendría que haber condenado a media clase por una misma ventosidad.

Esta estrategia dirigida a satisfacer el ego de los siervos, adulándoles y eximiéndoles de toda responsabilidad social, unido al discurso alarmista y demagógico (neurótico) que se está utilizando para su difusión (muy similar al utilizado por el feminismo o por el más contemporáneo  animalismo), podría ser la causa de que el fenómeno conocido como bullying o acoso escolar esté teniendo tanto eco mediático. Tampoco hay que pasar por alto el interés de muchos en que todo esto tenga la suficiente repercusión social, debido a la gran oportunidad que supondría poder vivir a costa de suculentas subvenciones estatales supuestamente destinadas a atajar el problema [4].

Todo esto podría ser así... o podría tratarse, simplemente, de una estrategia de Ingeniería Social perfectamente planificada con el fin de convertir a las próximas generaciones de hombres en individuos totalmente incapaces de afrontar por sí mismos los retos de la vida, volviéndoles, desde muy temprana edad, seres absolutamente dependientes del Estado. Es posible, incluso, que pudiera tratarse de ambas cosas a la vez, pues en el actual mundo de las super-máquinas, las variables que éstas pueden manejar para garantizar la servidumbre de las  masas son ilimitadas. Un hombre al que, desde muy pequeño, se le obliga a renunciar a su orgullo ante una situación de riesgo, no quedándole otra alternativa que recurrir al Estado, es un hombre completamente domado, con su masculinidad castrada, y por consiguiente, inofensivo para el sistema [5]. Y es que, en una época en que para la reproducción de la especie ya no es necesario el coito, el hecho de que los hombres estén castrados no constituiría realmente un problema.

¿Significa esto que los hombres y su masculinidad son prescindibles para el sistema? Ni mucho menos, somos absolutamente necesarios, especialmente para la producción industrial y para la guerra; de ahí que, con el fin de contrarrestar los bajos índices de masculinidad y poder sobrevivir, el sistema tenga que fomentar la inmigración masiva, pero controlada, de hombres procedentes de África o de Latinoamérica hacia Europa y Estados Unidos respectivamente [6], al conservar éstos aún una buena parte de sus pulsiones masculinas.

Probablemente esta bolsa de virilidad inmigrante termine también por quebrar debido a la globalización del feminismo; pero esto tampoco será un problema, las super-máquinas habrán previsto una solución para superar este contratiempo; a mí se me ocurren dos o tres, pero no pienso decir nada al respecto, ¡que inventen ellos!

De todos modos, como ya dije más arriba, el secreto del Poder consiste en saber adaptarse a las circunstancias, en dejarse llevar por el viento y el oleaje en lugar de desgastar fuerzas remando. Luchar contra la estupidez del vulgo sería un auténtico suicidio para los poderosos, por eso prefieren cabalgarla.

Por último, considero muy significativo el que nuestra sociedad haya desarrollado la misma preocupación obsesiva y enfermiza por el confort y la seguridad de los niños y adolescentes que la que desarrollaron en su día tanto el nazismo como el estalinismo. Esto puede darnos una buena pista de hacia dónde nos dirigimos (o a dónde hemos llegado ya).

Y para terminar con un final feliz, os invito a disfrutar de unos minutos musicales.



Notas:
[1] El sucesor de Anton La Vey en la Iglesia de Satán, Michel A Aquino, fue jefe de la inteligencia militar norteamericana especializado en guerra psicológica.
[2] Fiedrich Nietzsche explicaba esta alianza entre las mujeres y las clases gobernantes del siguiente modo: "¡La mujer! Una de las dos mitades de la humanidad es débil, típicamente enferma, cambiante, inconstante -la mujer tiene necesidad de fuerza para sujetarse, así como de una religión de la debilidad, que transfigura en tanto que divino el hecho de ser débil, de amar, de ser humilde. O mejor todavía, ella debilita a los fuertes -domina, cuando consigue subyugarlos... La mujer siempre conspiró con los tipos de la decadencia, los sacerdotes, y concertada con ellos contra los poderosos, los fuertes, los hombres" (textos inéditos de F. Nietzsche recopilados por P. Klossowski). La película "Alguien voló sobre el nido del cuco", de Milos Forman (basada en la novela homónima de Ken Kesey), ilustra de forma magistral este impulso femenina de castrar y domar al varón.
[3] En este mismo sentido, devaluar el nivel de la enseñanza ha servido para contentar a unos siervos que estaban convencidos de que el fracaso de sus hijos era debido a unos planes de estudio inadecuados, y no a su incompetencia como padres o a la necedad de sus hijos.
[4] Si se consigue crear el suficiente alarmismo social en torno a este tema, el Estado tendrá una nueva excusa para aumentar las cargas impositivas a los contribuyentes; algo similar a lo que ya ocurrió con el tema de la conocida como violencia de género, gracias a lo cual, hoy viven de forma muy confortable millones de funcionarios en todo el planeta.
[5] Del mismo modo, conseguir que el varón someta su voluntad a los caprichos de mujeres, niños y de todas sus mascotas al mismo tiempo, es un método muy sutil de castrarle. Si un varón es capaz de tolerar eso, será capaz de tolerar cualquier cosa. Por otro lado, cada vez estoy más convencido de que la normativa que obliga a los dueños de los perros a recoger las cacas de sus mascotas, tiene más que ver con una estrategia de control social que con una medida de salud pública. No hace falta ser Freud para suponer los perniciosos efectos que el hábito de agacharse a recoger del suelo los excrementos de un perro, cada día, durante varios años, puede acabar teniendo a la larga sobre la psique de un individuo.
[6] En el caso de la India, China o Rusia, este abastecimiento de masculinidad provendría de los países limítrofes.