martes, 10 de mayo de 2016

Una reflexión sobre el Poder y la inevitable decadencia de nuestra civilización a partir del moderno y muy mediático concepto de bullying escolar

"En ciertas ocasiones, la blandura es una auténtica fuente de graves problemas" (Mario Puzo, El Padrino, cap. 11)

Cada vez tengo más dudas de que el modo de actuar de las élites gobernantes obedezca, como sostienen algunos afamados analistas, a una especie de plan maestro muy antiguo, elaborado y diseñado con precisión milimétrica desde hace mucho tiempo. Por el contrario, creo que su forma de dominar a las masas se basa más en la improvisación que en otra cosa. Su mérito, básicamente, se reduciría a leer e interpretar adecuadamente los deseos de las masas en cada momento y, a partir de ahí, a aplicar una serie de estrategias de pastoreo humano que les permitiesen mantenerse en el Poder gracias a un alto grado de apoyo popular.

La lectura de Wilhelm Reich me fue de gran ayuda para empezar a comprender este particular modus operandi de las élites. En su obra "El asesinato de Cristo", Reich dice: "Son los gobernados los que determinan las normas que les dan sus líderes, y nunca al revés. No hay nada en este mundo social nuestro, ni puede haber nada, que no esté primaria y básicamente determinado por el carácter y la conducta del pueblo" (cap. 6). Recordemos que, según la leyenda, el verdadero responsable de la muerte de Cristo fue el pueblo, que prefirió salvar a Barrabás antes que al Nazareno, Pilatos tan sólo se limitó a satisfacer al populacho; algo muy similar le ocurrió a Sócrates, que sería ejecutado por aclamación popular. Es decir, los gobernantes ocupan la posición que ocupan porque han sabido interpretar y complacer antes y mejor que nadie la verdadera voluntad del pueblo, lo cual es agradecido por éste, de un modo semi-inconsciente, sometiéndose dócilmente a la autoridad de aquéllos.

Por otro lado, siempre me ha llamado la atención la permanente presencia de destacados miembros de la aristocracia y del ejército en los más diferentes círculos esotéricos: la Trinosofía de Saint Germain, la Teosofía de Madame Blavtsky o la Iglesia de Satán de Anton La Vey [1]. Estas personalidades no acudían a estos lugares precisamente con el propósito de alcanzar un determinado grado de desarrollo personal o espiritual, sino para conseguir algo mucho más mundano: buscaban conocimiento que les permitiera dominar con mayor facilidad a grandes multitudes humanas. Estos círculos esotéricos estaban inspirados en ideas mayoritariamente orientales, principalmente, hinduistas, budistas y taoístas. Sin lugar a dudas, el principio del wu wei o dejar fluir fue una de las enseñanzas que más impactó a los aristócratas y militares asistentes; es probable que esta idea influyera de algún modo en el surgimiento de teorías sociales como la del laissez faire capitalista de finales del XVIII.

Según un proverbio oriental, en navegación, siempre es más efectivo dejarse llevar por el viento que remar. Básicamente, en esto consistiría la aplicación del wu wei a la gobernanza política: ganarse el favor de las multitudes cediendo a sus caprichos y halagando sus egos. ¡Que los súbditos quieren más comodidades!, pues se invaden y saquean otros países ricos en recursos energéticos y materias primas, pero para que éstos puedan dormir con la conciencia tranquila, se perpetran atentados terroristas (reales o simulados) contra la propia población y se acusa falsamente a los países que se pretende invadir. ¡Que las mujeres exigen más privilegios de los que ya tenían!, pues se inventa el feminismo, se crea el mito de la opresión masculina (patriarcado) y se obliga a los hombres a que tengan que entregar a las mujeres una buena parte de los recursos que éstos producen con su esfuerzo, sudor y sangre; un trasvase de recursos que, para que no sea demasiado descarado, se camuflará bajo el pretexto de destinar una buena parte de los impuestos públicos a sufragar pagas a madres solteras y mujeres maltratadas (o supuestamente maltratadas), subvenciones para mujeres emprendedoras, nuevos puestos funcionariales exclusivos para ellas y otro tipo de medidas destinadas exclusivamente al bienestar femenino [2]. ¡Que una generación de padres hedonistas y  pusilánimes cree que el colegio puede traumatizar a sus hijos!, pues se le quita toda autoridad a los maestros, se rebajan los planes de estudio y, si surgen problemas conductuales, se inventa un concepto nuevo (bullying escolar) que sirva para enmascarar y ocultar la verdadera causa del problema (la brutal degradación social) y que además exima a los padres de cualquier tipo de responsabilidad.

Esta estrategia podría compararse a la técnica de utilizar parches para reparar un neumático. Evidentemente, no se puede estar parcheando un neumático toda la eternidad, pues, además de perder calidad, tarde o temprano terminará reventando. El posibilismo de las élites gobernantes puede ser de gran utilidad para mantenerse en el Poder circunstancialmente, pero, con toda probabilidad, suele ser la causa de la decadencia y extinción de multitud de sociedades a lo largo de la historia.

Hace ya mucho que nuestras pulsiones instintivas dejaron de desarrollarse en armonía con el orden natural del mundo, por lo que dejarlas fluir libremente, sin freno alguno, es el camino más seguro hacia nuestra autodestrucción, tanto personal como colectiva. Es importante comprender que a las élites gobernantes no les importa lo más mínimo el destino de la especie humana, lo único que les preocupa es conservar su posición privilegiada mientras vivan. Si esta forma de gobernar va degradando progresivamente a las masas, esto no es ni siquiera un problema a medio-largo plazo, pues tal degradación permitirá a las siguientes generaciones de mandatarios seguir gobernando mediante esta misma fórmula con mayor facilidad aún, al encontrarse al cargo de individuos que tienen más de bestias que de humanos, únicamente preocupados por satisfacer sus pulsiones zoológicas. Así hasta que llegue el día en que las masas, debido a su brutal degradación, hayan dejado de tener alguna utilidad. De cualquier forma, tampoco esto será un problema, pues, cuando ello suceda, las nuevas élites, siguiendo el principio del wu wei, se habrán ido adaptando a la nueva situación, probablemente mediante una progresiva y lenta sustitución de los grupos decadentes por otros más aptos; en el fondo, los propios siervos se lo habrán buscado; pudieron elegir, y eligieron ser unos mierdas.

En este contexto habría que situar la actual campaña contra el conocido como bullying o acoso escolar.

Pasando por alto el debate sobre la naturaleza atroz de una institución cuartelera y alienante como la escuela, cuya función social consiste básicamente en lavar el cerebro a los individuos desde su más tierna infancia hasta bien entrada la pubertad, ocasionando con ello una degradación prácticamente irreparable, analizaré el problema desde la inevitabilidad de esta monstruosa institución en nuestros tiempos, basándome para ello en mi propia experiencia vital.

Cuando yo iba al colegio, era uno de los muchos que, de vez en cuando, recibía alguna que otra colleja por parte de alguno de los dos o tres malotes que siempre había en todo curso escolar. En mi época en el colegio (años 80), la autoridad de estos malotes (y, en general, el comportamiento de cualquier niño) estaba limitada por la gran autoridad que, en aquel tiempo, tenían los maestros, la cual se cimentaba en la confianza que los padres de los alumnos depositaban en ellos. Así, estos malotes se cuidaban mucho de sus acciones, pues, de ser descubiertos por el maestro, podían meterse en serios problemas, no sólo por el castigo que éste pudiera infligirles, sino que, si tal castigo llegaba a oídos de sus padres, lo más probable es que éstos le propinasen un par de buenas bofetadas a mayores.

En cualquier caso, estos malotes siempre aprovechaban el menor resquicio para imponer su ley y marcar el territorio de tal modo que el maestro no pudiera enterarse. Curiosamente, este comportamiento se acentuó (casi un 500%) con la entrada de las chicas en el colegio a partir de 1° de BUP (lo que hoy sería 3° de la ESO). Unas chicas a las que nunca escuché denunciar o censurar esta actitud; más bien, todo lo contrario; no en vano, muchas veces, eran las primeras beneficiarias de este comportamiento gansteril: si un malote te robaba un cigarro, solía ser para fumárselo a medias con una de ellas. Me atrevería a decir que tan sólo un año antes de la entrada de las chicas, en 8° de EGB (hoy, 2° de la ESO), reinaba casi una total camaradería entre los compañeros.

La causa de que hoy sea completamente impensable la vuelta a la educación diferenciada obedece, precisamente, a la estrategia de las élites de ser condescendientes con las masas (o, al menos, con las grandes mayorías). Siempre será mucho más sencillo ganarse a las masas diciéndoles que sus hijos son una especie de seres de luz, no sometidos a las mismas pulsiones instintivas que los animales irracionales, y que, aunque sus hijos estén rodeados constantemente por espécimenes del otro sexo, eso no influirá para nada en sus conductas, aun estando en plena pubertad. Más o menos, es como si se les dijera: "Sus hijos son seres angelicales". Por el mismo motivo, hoy tampoco es posible conceder una mayor autoridad a los maestros, pues eso sería como decir a las masas que sus idolatradas criaturas pueden ser susceptibles de mal comportamiento [3], lo cual, además, podría ser interpretado por muchos como que se cuestiona su dedicación y sus cuidados paternos. Reducir la autoridad de los maestros, equivaldría a decirle a las masas algo así como: "Su trabajo como padres es intachable. Son ustedes ejemplares".

Sin duda alguna, la pérdida de autoridad de los maestros y la incuestionabilidad de la educación mixta son algunas de las causas de que hoy nos encontremos con el problema que nos encontramos. Si a todo esto le sumamos el entorno social de absoluta degradación moral en el que nos movemos, consecuencia de la aceptación acrítica y sumisa de un sistema esclavista como el estatocapitalismo, el resultado no podía ser otro. La pregunta que la gente debería hacerse no es: "¿por qué sucede esto del bullying?", sino: "¿por qué no sucede más a menudo teniendo en cuenta que el principio rector de nuestra sociedad no es el de quítate tú para ponerme yo?"

Resumiendo: el Poder nunca va a decir a los padres que hay que conceder más autoridad a los maestros o que hay que volver a la educación diferenciada, pues eso sería como insultarles, tal y cómo expliqué un poco más arriba. Por los mismos motivos, tampoco dirá a los padres que sus hijos deberían aprender a defenderse por sí mismos o a afrontar con valentía lo que a otros nos tocó soportar sin que nadie nos defendiera (lo cual no dejó de ser una útil experiencia iniciática, ya que a muchos nos enseñó a asociarnos con otros para hacer frente al peligrol, una asociación que constituiría la base de las grandes amistades de la infancia); en el fondo, decirles estas cosas también sería como insultarles, al hacerles comprender su inoperancia como padres y su infantil visión de la vida. Al Poder siempre le resultará mucho más rentable, y menos problemático, seguir la corriente y contentar a sus siervos (al menos, a los que más se quejan y más jaleo arman) tratando de solucionar el problema de tal modo que no hiera sus egos.

Igualmente, si un niño o un adolescente sufren trastornos psíquicos, o incluso llegan al extremo de suicidarse, siempre será más rentable para el sistema recurrir a la excusa del bullying que reconocer que el entorno familiar y social en el que le ha tocado vivir al niño era un entorno de mierda.

Quedaría por analizar la más que probable posibilidad de que este delirio buenista por eliminar el bullying de las aulas diera lugar, a su vez, a otra clase de bullying en forma de denuncias falsas; y si no, que aquel que, en el colegio, nunca fue acusado por otro compañero de algo que no había hecho, que tire la primera piedra. Acordaos de cuando alguien se tiraba un pedo en clase: si el profesor hubiera tenido que dictar sentencia en base a las acusaciones de los alumnos, tendría que haber condenado a media clase por una misma ventosidad.

Esta estrategia dirigida a satisfacer el ego de los siervos, adulándoles y eximiéndoles de toda responsabilidad social, unido al discurso alarmista y demagógico (neurótico) que se está utilizando para su difusión (muy similar al utilizado por el feminismo o por el más contemporáneo  animalismo), podría ser la causa de que el fenómeno conocido como bullying o acoso escolar esté teniendo tanto eco mediático. Tampoco hay que pasar por alto el interés de muchos en que todo esto tenga la suficiente repercusión social, debido a la gran oportunidad que supondría poder vivir a costa de suculentas subvenciones estatales supuestamente destinadas a atajar el problema [4].

Todo esto podría ser así... o podría tratarse, simplemente, de una estrategia de Ingeniería Social perfectamente planificada con el fin de convertir a las próximas generaciones de hombres en individuos totalmente incapaces de afrontar por sí mismos los retos de la vida, volviéndoles, desde muy temprana edad, seres absolutamente dependientes del Estado. Es posible, incluso, que pudiera tratarse de ambas cosas a la vez, pues en el actual mundo de las super-máquinas, las variables que éstas pueden manejar para garantizar la servidumbre de las  masas son ilimitadas. Un hombre al que, desde muy pequeño, se le obliga a renunciar a su orgullo ante una situación de riesgo, no quedándole otra alternativa que recurrir al Estado, es un hombre completamente domado, con su masculinidad castrada, y por consiguiente, inofensivo para el sistema [5]. Y es que, en una época en que para la reproducción de la especie ya no es necesario el coito, el hecho de que los hombres estén castrados no constituiría realmente un problema.

¿Significa esto que los hombres y su masculinidad son prescindibles para el sistema? Ni mucho menos, somos absolutamente necesarios, especialmente para la producción industrial y para la guerra; de ahí que, con el fin de contrarrestar los bajos índices de masculinidad y poder sobrevivir, el sistema tenga que fomentar la inmigración masiva, pero controlada, de hombres procedentes de África o de Latinoamérica hacia Europa y Estados Unidos respectivamente [6], al conservar éstos aún una buena parte de sus pulsiones masculinas.

Probablemente esta bolsa de virilidad inmigrante termine también por quebrar debido a la globalización del feminismo; pero esto tampoco será un problema, las super-máquinas habrán previsto una solución para superar este contratiempo; a mí se me ocurren dos o tres, pero no pienso decir nada al respecto, ¡que inventen ellos!

De todos modos, como ya dije más arriba, el secreto del Poder consiste en saber adaptarse a las circunstancias, en dejarse llevar por el viento y el oleaje en lugar de desgastar fuerzas remando. Luchar contra la estupidez del vulgo sería un auténtico suicidio para los poderosos, por eso prefieren cabalgarla.

Por último, considero muy significativo el que nuestra sociedad haya desarrollado la misma preocupación obsesiva y enfermiza por el confort y la seguridad de los niños y adolescentes que la que desarrollaron en su día tanto el nazismo como el estalinismo. Esto puede darnos una buena pista de hacia dónde nos dirigimos (o a dónde hemos llegado ya).

Y para terminar con un final feliz, os invito a disfrutar de unos minutos musicales.



Notas:
[1] El sucesor de Anton La Vey en la Iglesia de Satán, Michel A Aquino, fue jefe de la inteligencia militar norteamericana especializado en guerra psicológica.
[2] Fiedrich Nietzsche explicaba esta alianza entre las mujeres y las clases gobernantes del siguiente modo: "¡La mujer! Una de las dos mitades de la humanidad es débil, típicamente enferma, cambiante, inconstante -la mujer tiene necesidad de fuerza para sujetarse, así como de una religión de la debilidad, que transfigura en tanto que divino el hecho de ser débil, de amar, de ser humilde. O mejor todavía, ella debilita a los fuertes -domina, cuando consigue subyugarlos... La mujer siempre conspiró con los tipos de la decadencia, los sacerdotes, y concertada con ellos contra los poderosos, los fuertes, los hombres" (textos inéditos de F. Nietzsche recopilados por P. Klossowski). La película "Alguien voló sobre el nido del cuco", de Milos Forman (basada en la novela homónima de Ken Kesey), ilustra de forma magistral este impulso femenina de castrar y domar al varón.
[3] En este mismo sentido, devaluar el nivel de la enseñanza ha servido para contentar a unos siervos que estaban convencidos de que el fracaso de sus hijos era debido a unos planes de estudio inadecuados, y no a su incompetencia como padres o a la necedad de sus hijos.
[4] Si se consigue crear el suficiente alarmismo social en torno a este tema, el Estado tendrá una nueva excusa para aumentar las cargas impositivas a los contribuyentes; algo similar a lo que ya ocurrió con el tema de la conocida como violencia de género, gracias a lo cual, hoy viven de forma muy confortable millones de funcionarios en todo el planeta.
[5] Del mismo modo, conseguir que el varón someta su voluntad a los caprichos de mujeres, niños y de todas sus mascotas al mismo tiempo, es un método muy sutil de castrarle. Si un varón es capaz de tolerar eso, será capaz de tolerar cualquier cosa. Por otro lado, cada vez estoy más convencido de que la normativa que obliga a los dueños de los perros a recoger las cacas de sus mascotas, tiene más que ver con una estrategia de control social que con una medida de salud pública. No hace falta ser Freud para suponer los perniciosos efectos que el hábito de agacharse a recoger del suelo los excrementos de un perro, cada día, durante varios años, puede acabar teniendo a la larga sobre la psique de un individuo.
[6] En el caso de la India, China o Rusia, este abastecimiento de masculinidad provendría de los países limítrofes.

2 comentarios:

  1. Puedo estar de acuerdo en que tanto proteccionismo hacia los niños ni les favorece a ellos en su formación, ni favorece una sociedad de personas libres que luchen en un futuro contra un sistema de mierda que impone sus propias reglas, pero no entiendo que tiene que ver en todo ello que chicas y chicos compartan aulas y educación. ¿Porque las chicas fomentan un sistema perverso de educación en las aulas? ¿Porque por lo que deduzco de su texto una educación diferenciada es mejor? No entiendo este extremo de su articulo, del que si puedo compartir ciertas cosas.

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    1. El principal problema para entender lo que trato de explicar en este texto son los prejuicios pseudoreligiosos feministas que dominan nuestra psique, fuertemente arraigados después de años de adoctrinamiento, y que bloquean nuestras capacidades racionales.

      Los seres humanos, igual que el resto de especies animales, estamos sometidos a una serie de impulsos e instintos naturales, e igual que en las especies animales, estos impulsos son diferentes en los machos y en las hembras (de no haber sido así nos habríamos extinguido como especie). Pretender cambiar millones de años de evolución en cuatro o cinco décadas es algo completamente acientífico. Creer que los seres humanos somos una especie de criaturas divinas, no sujetas a las leyes naturales, es algo a lo que todo el mundo tiene derecho, pero eso no es más que un razonamiento propio de una religión, con ninguna base científica.

      Hecha esta introducción, que consideraba necesaria, cuando tú concentras de una forma forzada, en un pequeño espacio antinatural, a adolescentes de ambos sexos, creas tal desajuste psíquico en los individuos, que haces que se disparen sus pulsiones instintivas, como la búsqueda de los machos más aptos (por las hembras) o la competición por el mayor número de hembras (entre los machos), con todas las estretagias biológicas que ello lleva aparejado (territorialidad). Esto, indudablemente, genera un clima de tensión, hostilidad y beligerancia entre los alumnos, que no es precisamente el mejor para impartir clases.

      Todo esto era algo que nuestros antepasados sabían de sobra; no eran, ni muchos menos, unos tontos; por eso aplicaron la estrategia de la educación diferenciada, con el fin de que el ambiente en las aulas fuera el mejor posible. Negar estas pulsiones instintivas en los humanos, y ser tan ingenuos como para creer que un niño, un adolescente o cualquier persona de la edad que sea, es capaz de controlarlas, durante todo el tiempo que quiera y sin tensión alguna, sin necesidad de ningún tipo de estrategia, es algo propio del pensamiento puritano de la era victoriana, que consideraba a los instintos como tentaciones del diablo, a las que, por lo tanto, el hombre debía y podía resistir. De hecho, si investigas, el feminismo tubo su origen en estos círculos puritanos. Quizás esa sea la razón de que el feminismo se empeñe en negar constantemente nuestra naturaleza animal y algo tan evidente como las tremendas diferencias físicas, psíquicas y fisiológicas entre hombres y mujeres, las cuales, por otra parte, son la clave de la supervivencia de la especie humana sobre el planeta tierra durante millones de años.

      Como digo en el recuadro de comentarios, aunque excepcionalmente respondo a alguna pregunta para completar el texto, éstos están reservados para aportar información que enriquezca el texto, no para mantener conversaciones o para venir a reafirmar nuestras creencias. Espero por ello que mis explicaciones te hayan resuelto la duda. Un saludo

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