sábado, 25 de junio de 2016

La inauguración del túnel de San Gotardo: un ejemplo de cómo se manipula a las masas a través del imaginario colectivo

"Los poetas de la antigüedad animaron todos los objetos sensibles con Dioses y Genios, nombrándolos y adorándolos con las propiedades de bosques, ríos, montañas, lagos, ciudades, naciones y todo lo que sus dilatados y numerosos sentidos podían percibir. 
Y particularmente estudiaron el genio de cada ciudad y pueblo, colocándolo bajo su deidad mental.
Hasta que un sistema estableciose, del cual algunos sacaron provecho y al vulgo esclavizaron con el intento de dar realidad o abstraer las deidades mentales de sus objetos: entonces comenzó el Sacerdocio."
(William Blake, El Matrimonio del Cielo y el Infierno)

"Magia: arte de convertir la superstición en moneda contante y sonante." (Ambrose Bierce, El diccionario del diablo)

Pocos días antes del espectáculo televisivo que se hizo pasar por un atentado terrorista en Orlando, Florida, se celebró en la localidad suiza de San Gotardo, la inauguración del túnel ferroviario más largo del mundo. A esta inauguración acudieron varios de los principales mandatarios de la Unión Europea, importantes hombres de negocios y representantes del Vaticano. El acto principal de esta ceremonia fue una especie de representación teatral en la que, entre otras cosas, se escenificó una confrontación entre Satanás (el macho cabrío) y la homosexualidad. El combate terminó con la victoria de los homosexuales gracias a la ayuda de Lucifer (el Ángel Caído).

A los pocos días, muchas personas en internet empezaron a analizar lo sucedido en San Gotardo como una nueva prueba de las creencias satánicas que, desde hace largo tiempo, vienen guiando la agenda de las elites gobernantes; algo que muchos llevan años denunciando en artículos y vídeos en internet, algunos de ellos, como el multimillonario David Icke, con millones de seguidores.

Sin embargo, nada de esto es cierto. Se trata de un análisis bastante pobre e ingenuo, probablemente guiado por la ignorancia en la mayoría de los casos, por prejuicios de carácter religioso, o, en el caso de David Icke, por las órdenes de sus superiores. A los poderosos lo único que les interesa es el Poder. La religión o el esoterismo sólo les importa en tanto en cuanto les sirva para manipular el inconsciente colectivo de las masas.

Esta pseudorepresentación teatral no fue más que un acto de propaganda, en el que, jugando con el imaginario colectivo de occidente, se trató de asociar la homosexualidad y la mujer con una figura que posee una enorme carga simbólica de herejía y de rebelión: Lucifer (precisamente fue una mujer la encargada de interpretar el papel del Ángel Caído); y a satanás, o al macho cabrío, con el hombre en general y con el estereotipo del terrorista islámico (moreno, con barba) en particular, reforzando de este modo en el subconsciente colectivo occidental, no sólo la necesidad de continuar con el lucrativo negocio de la guerra contra el terrorismo (las nuevas cruzadas), sino también de feminizar a la sociedad, convirtiendo así a los hombres en individuos pusilánimes, gregarios y, por lo tanto, más fáciles de manipular.

Antes de la ilustración, la figura de Lucifer tenía una carga simbólica bastante negativa, al haber sido asociada al mal por la iglesia romana durante muchos siglos. Esto empezaría a cambiar a partir, especialmente, del siglo de las luces, pues, al ser presentado por muchos poetas y pintores de la época como la representación por excelencia de la victoria del nuevo orden sobre el antiguo régimen, Lucifer empezó a cargarse de un contenido simbólico positivo. En nuestros días, aunque aún sigue teniendo una pequeña carga simbólica negativa, tiene mucho más de positivo que de otra cosa. Esto es así porque los símbolos no poseen una carga estática, sino que está va mutando en función de las dinámicas sociales.


Por el contrario, la figura del macho cabrío, otra de las representaciones del diablo para los cristianos y que no es otra cosa que el antiguo dios griego Pan, representación de la virilidad, aún sigue teniendo en nuestros días una carga simbólica bastante negativa, debido a los miles de años que la iglesia lo lleva utilizando como método para reprimir la sexualidad del varón, una labor que parece estar siendo continuada hoy, consciente o inconscientemente, por muchos blogueros y youtubers.

Por todo lo anteriormente expuesto, mientras el Poder consiga revestir el feminismo, la ideología de género o cualquiera de sus políticas con un alto grado de contenido simbólico de carácter luciferino, dotándolas así de un cierto aura de herejía y rebelión, dichas políticas estarán a salvo y serán aceptadas por las masas de un modo totalmente acrítico y sumiso, al ser percibidas como una promesa de liberación, en lugar de como lo que realmente son: políticas de manipulación y de control social.

De igual modo, mientras este tipo de ceremonias sigan siendo calificadas por afamados blogueros y youtubers como una clara muestra de la personalidad satánica de las élites, esto, además de impedir que las masas vean cómo se las manipula a través del símbolo (satanizando su sexualidad), servirá para revestir a aquéllas con una apariencia de "poder sobrehumano", muy útil para intimidar a sus opositores. Básicamente, la función de David Icke, la del jesuita Salvador Freixedo y la de muchos de sus discípulos consiste en eso: mantener viva la poderosa carga simbólica de la figura de Satanás (mantener viva la satanización de lo masculino) y sembrar, gracias a su vinculación con las élites, el miedo  de las multitudes hacia éstas. Las élites nunca han tenido el menor problema en quedar como "los malos de la película" si ello les era de  alguna utilidad para alcanzar sus objetivos.

El éxito de las élites para mantenerse en el Poder depende de su capacidad para manipular el imaginario colectivo de las masas, lo cual, a su vez, depende de su capacidad para interpretar los símbolos y la evolución de los mismos a lo largo del tiempo, pues, como ya dije antes, éstos no son estáticos, sino que van mutando según cambian las dinámicas sociales.

La prueba más evidente de la total indiferencia de las élites hacia la religión, las ideologías políticas o lo esotérico y de que su único interés hacia ello radica en lo mucho o en lo poco que esto pueda ayudarles a alcanzar sus objetivos, es viendo cómo lo que hoy pretenden alcanzar con la izquierda política, el Estado y el feminismo es lo mismo que antes trataban de alcanzar con los curas, la iglesia y la religión: la represión de la sexualidad natural de los individuos, en especial la del varón.

El principal objetivo buscado por las élites, especialmente por las élites de las civilizaciones decadentes, ha sido siempre el de conseguir que los individuos se sintieran avergonzados de sus impulsos sexuales naturales, transformándoles así en sujetos acomplejados, timoratos y, por lo tanto, fácilmente manipulables. Lo cierto es que no existen prácticamente diferencias entre el puritanismo de la Inglaterra victoriana y la ideología de género (feminismo y homosexualismo) de la sociedad posmoderna. Probablemente, cuando esto ya no sirva, se inventarán otra cosa, o quizá ya se la hayan inventado. El movimiento de origen anglosajón MGTOW (Men Going Their Own Way), a pesar de su apariencia antisistémica, busca un objetivo muy parecido: conseguir que el varón reniegue voluntariamente de sus impulsos sexuales naturales en aras de un supuesto bienestar emocional. De este modo, cambiando algo para que nada cambie, se mantiene intacta la esencia del sistema de dominación.

No sólo las imágenes son símbolos útiles, las mismas palabras, en ocasiones, pueden representar símbolos mucho más poderosos que aquéllas. Pensemos en términos como homófobo, terrorista, maltratador, etc., que, usados adecuadamente, en el contexto apropiado, pueden constituir un arma terriblemente destructiva. El miedo y el temor a ser señalados con este tipo de modernos estigmas inquisitoriales, crea individuos completamente amedrentados y, por lo tanto, fáciles de manipular; a la vez que son de enorme utilidad para conseguir la ruina social del enemigo. Un ejemplo llamativo de estigmatización de lo masculino a través de la carga simbólica de las palabras, es la sutil forma con la que, desde hace tiempo, se  está tratando de que el gran público haga una asociación de ideas automática entre pederastia y homosexualidad masculina (exclusivamente masculina). Recordemos todo el espectáculo mediático que se montó en torno a los juicios contra el cantante Michael Jackson por supuestos abusos sexuales a dos niños varones, algo muy parecido a lo que la Inglaterra victoriana hizo hace ya más de un siglo con Oscar Wilde y que terminó llevándole a la cárcel. Esta misma estrategia es la que se está empleando actualmente contra los clientes de la prostitución femenina, tal y como hemos podido observar recientemente en el caso Torbe (Muniain-De Gea), tratando de presentar a éstos como una especie de corruptores de menores [1]. El objetivo no es únicamente intimidar al hombre heterosexual (aunque éste es su prioridad), sino al hombre en general, ya sea heterosexual u homosexual, con el fin de domar sus particularidades instintivas, mucho más peligrosas para la estabilidad del actual sistema que las de la mujer.

El antropólogo francés, Gustave Le Bon, señaló en su obra "La Psicología de las Masas", que el individuo, cuando vive entre multitudes, se idiotiza, pierde el dominio de su voluntad y se convierte en siervo de los deseos de la mayoría, la cual no está compuesta precisamente por los más inteligentes; todo esto facilita mucho su manipulación a través del símbolo.

Esta forma de actuar de las élites puede resultarnos a primera vista perversa y terrible, pero eso no significa que sea producto de mentes no humanas o sobrenaturales, precisamente se trata de un comportamiento muy humano, demasiado humano. Seguramente, en el colegio o en el trabajo te haya tocado sufrir al típico compañero (hombre o mujer) que te odiaba y no sabías por qué. Pues bien, la mayor parte de los individuos que ocupan posiciones de Poder en nuestra sociedad son de ese tipo. Wilhelm Reich explicó muy bien el carácter de estas personas a través de sus conceptos de Coraza Caracterológica y Plaga Emocional; aunque, desde mi punto de vista, fue Nietzsche quien empleó el adjetivo que mejor les define: los Resentidos. Dice Nietzsche: "el lema «hay que luchar contra los instintos» representa la fórmula de la decadencia. Cuando la vida es ascendente, la felicidad se identifica con el instinto." (El ocaso de los ídolos, El problema de Sócrates, 11)

La incapacidad de dejarse llevar y el miedo a sentir la vida en toda su plenitud, debido probablemente a traumas infantiles relacionados con una sobreprotección maternal [2], lleva a estas personas a una actitud de odio y de desprecio inconsciente hacia la vida, que se acaba transformando en una necesidad de hacerse con el control de la misma (para que no les dañe) o incluso de destruirla. Así, con el fin de conseguir un mundo controlado y previsible, no dudan en intimidar y someter a todo aquel cuyo modo de vida constituya una amenaza para sus objetivos. Para ellos, no existen medias tintas; su única posibilidad de triunfo es la anulación del enemigo, es decir, la anulación de la propia naturaleza; esa es la causa de que necesiten estar en un estado de guerra permanente. Ellos lo tienen muy claro: "quien no está con ellos está contra ellos"; quienes no parecen tenerlo tan claro son sus adversarios.

Muchos prestigiosos filósofos, como el chileno José Ingenieros, han venido utilizando el calificativo de mediocracias para definir a las élites de hoy. Las élites dejan de ser aristocracias y se convierten en mediocracias cuando a esta posición ascienden espíritus mediocres, más preocupados por su supervivencia que por la heroicidad, más por lo cuantitativo que por lo cualitativo. Todo esto suele ocurrir cuando aquellos que deberían ser las verdaderas élites renuncian a desempeñar su papel de élites, lo cual, a su vez, se retroalimenta por la incapacidad de las masas para valorar los méritos de quienes realmente deberían convertirse en sus élites.

El triunfo de los espíritus resentidos y el sometimiento de las multitudes a su voluntad suelen ser los síntomas más inequívocos del inminente ocaso de una civilización. A una civilización que odia la vida no le puede esperar otro destino que el suicidio.

"¡Y es la historia del hombre y su locura 

Una estrecha y hendionda sepultura!" 
(Espronceda, El Diablo Mundo, canto I)

Notas:
[1] Para entender un poco mejor el motivo por el que se está fomentando entre las masas la paranoia en torno al tema de la pedofilia, os recomiendo la lectura del sensacional ensayo: "SEXUALIDAD INFANTIL Y CONTROL SOCIAL: EL DISCURSO DE LOS ABUSOS COMO MÉTODO DISCIPLINARIO" de Layla Martínez (Politóloga y sexóloga). Este artículo lo podréis encontrar en la sección Artículos de interés de este blog, o buscándolo en internet.
[2] El que los niños varones estén siendo criados por madres solteras o por mujeres empoderadas que desprecian a sus maridos, está favoreciendo el desarrollo de unas relaciones edípicas y enfermizas entre madres e hijos, cuyo resultado está siendo una generación de individuos con personalidades enfermizas y psicopáticas. El caso del político español de moda, Pablo Iglesias, sería un ejemplo paradigmático en este sentido; aunque, probablemente, todos tengáis a más de un familiar o conocido que, debido a la sobreprotección materna o a un enfermizo amor edípico hacia su madre (consecuencia de lo primero), haya desarrollado un carácter parecido. La solución propuesta por el movimiento MGTOW, de arrebatar el control sobre la natalidad y el cuidado de los hijos a las madres (vientres de alquiler y otras propuestas relacionadas con la ingeniería genética), no es más que una huida hacia adelante para mantener vivo el actual sistema de dominación y una nueva negación de nuestros instintos.

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