lunes, 5 de septiembre de 2016

El deporte mixto: un nuevo recurso para apuntalar el ginocentrismo. (El feminismo como continuador del ginocentrismo judeocristiano)

"(El cristianismo) Hizo la guerra a muerte a ese tipo superior del hombre; desterró todos los instintos fundamentales de ese tipo de hombres y destiló de esos instintos el mal y lo malo; consideró siempre al hombre fuerte como un tipo reprobable." (Friedrich Nietzsche, El Anticristo, 5)

La sustitución de la llamada educación segregada por la educación mixta suele sernos presentada como un logro del feminismo; sin embargo, desde entonces hasta ahora, la calidad de la enseñanza y los índices de fracaso escolar no han hecho más que empeorar. Teniendo en cuenta este hecho indiscutible, es evidente que el grado de enajenación mental de toda aquella persona que aún siga empeñándose en considerar la educación mixta como un éxito del feminismo, no puede ser menor que el de un individuo empeñado en demostrar empíricamente que la caída del Imperio Romano fue un gran logro de sus últimos emperadores.

La educación mixta no se implantó con el propósito de elevar la calidad de la enseñanza, sino con el objetivo de disminuir las potencialidades de los varones, de mediocratizarlos, reduciendo así el peligro que tales potencialidades podían suponer para la estabilidad y supervivencia del actual sistema, un sistema basado en la alianza entre las mujeres en su conjunto y los hombres más miserables y decadentes de nuestra civilización. En esta alianza, las mujeres pondrían sus vaginas como moneda de cambio, y los hombres decadentes, actuando como si fueran esquiroles, su cerebro y su falta de escrúpulos para extorsionar a sus iguales. En cierta forma, es como si las mujeres nos dijeran: "sólo follaremos con quien se someta a nuestros caprichos". De esta manera, las mujeres disfrutan de un mundo en el que ellas son el centro de atención (sociedad ginocentrista), y los hombres con los que éstas han pactado obtienen poder y fácil acceso a las mujeres, al convertirse en los encargados de gestionar el acceso al coño para todos los demás.

La lucha por el poder y las mujeres ha sido una constante en la historia de la humanidad. El problema de nuestra época es que, hoy, esa lucha consiste en enfermar y debilitar a los hombres como nunca antes se había hecho. Si antes era posible establecer una alianza con las mujeres manteniendo un cierto grado de equilibrio social (con el ginocentrismo Abrahámico, el hombre prestaba un servicio a la mujer a cambio de algo), la progresiva condescendencia para con ellas a lo largo de los siglos, nos ha llevado a la actual desventajosa situación en contra de los hombres, donde para contentar a la mujer actual, que se ha vuelto extremadamente ególatra y narcisista, los individuos que aspiran al poder necesitan adoptar medidas mucho más agresivas que en el pasado: feminismo de primera, segunda, tercera ola..., donde los hombres prestan sus servicios a las mujeres a cambio de prácticamente nada.

El varón, por lo tanto, ha de ser convertido en un esclavo aún más dócil y obediente que en el pasado, y para ello, nada mejor que evitar que tome conciencia de su enorme potencial, tanto físico como intelectual. Antiguamente, la escuela, cuando la educación aún era diferenciada, permitía que los alumnos vieran en otros compañeros modelos a imitar: los más fuertes, los más inteligentes, los más hábiles, los más íntegros. Esto desapareció con la educación mixta, pues, con la excusa de la igualdad entre sexos (para alcanzar la cual, se puso como patrón a la mujer), muchas de las potencialidades de los varones empezaron a catalogarse como enfermedades, medicando a los alumnos que más pronto las desarrollaban. El famoso TDAH, o trastorno de hiperactividad, no es más que una excusa para justificar la castración química del varón desde su más tierna infancia. Además de esta castración médica, la confusión que supone para los niños varones el que los maestros valoren como positivos determinados comportamientos femeninos (gregarismo, sumisión, sensiblería...) por encima de los masculinos (iniciativa, valor, fuerza...), hace que sean los mismos alumnos quienes, inconscientemente, repriman el desarrollo de una parte importante de sus potencialidades masculinas, de su virilidad. Por si todo esto fuera poco, elaborar los planes de estudio centrándose fundamentalmente en las necesidades femeninas (feminización de la enseñanza), ha ido haciendo que muchos alumnos varones perdieran el interés por los estudios, convirtiéndose el fracaso escolar en un fenómeno casi exclusivamente masculino.

Mezclar a hombres y mujeres en todos los campos de la vida, a la vez que se reprimen los rasgos más característicos de los primeros para que ellas puedan "integrarse", está teniendo como principal consecuencia una mediocratización y devaluación sin precedentes de la sociedad, lo cual, tarde o temprano, acabará llevándola a su colapso total. Y es que un comportamiento tan absurdo como éste, extrapolado al mundo animal, llevaría a cualquier especie a la extinción, no sólo porque las hembras terminarían perdiendo el interés por los machos (y viceversa), sino porque otra especie o el mismo medio habiente no tardarían más de dos o tres generaciones en hacerla desaparecer. Es posible que todo esto esté haciendo que los siervos se estén volviendo más inoperantes, pero no es menos cierto que también se han vuelto más dóciles e inofensivos. El sistema ha estudiado y valorado los pros y los contras de la actual situación y parece que, por encima del desarrollo, lo que le interesa es la estabilidad (estancamiento): una forma de razonar absolutamente pragmática y cortoplacista, muy propia de la mente femenina. No es malo que las mujeres piensen así -son mujeres y así es como deben de pensar-, lo malo es que la mayor parte de los hombres hayan adoptado y asumido como propio este tipo de razonamiento. Sin duda alguna, este es uno de los síntomas más claros del terminal estado de decadencia en el que se encuentra nuestra civilización, algo irreversible ya y que seguramente se agravará aún más en los próximos años, así que, ¡abrochaos los cinturones!

Lo ideal para el sano desarrollo de una sociedad sería que lo masculino y lo femenino se conjugaran de un modo armónico; sin embargo, tal y como han reflejado filósofos y poetas a lo largo de la historia, y tal y como podemos ver nosotros mismos en nuestros días, lo femenino siempre busca imponer su voluntad sobre lo masculino, no tiene capacidad para el autocontrol [1]. Esta falta de mesura, de justicia, de capacidad para el equilibrio, ha sido históricamente la causa de que muchas civilizaciones terminaran desvaneciéndose en el más absoluto caos. No es casualidad que los antiguos sabios orientales asociaran el ascenso de lo femenino (yin) con la oscuridad.

Todo lo anteriormente expuesto es fundamental para comprender por qué, desde hace tanto tiempo, el sistema lleva haciendo tantos esfuerzos por equiparar el deporte femenino con el masculino; unos esfuerzos que, de aquí a unos años, terminarán por poner punto y final a la actual división por sexos en el deporte profesional, convirtiéndolo en una actividad puramente mixta. Si ya era un absurdo el que las mujeres se enfrentasen unas contra otras en competiciones deportivas (no sólo porque el enfrentamiento cuerpo a cuerpo sea algo totalmente contrario a su naturaleza, sino, sobre todo, porque bajo estas competiciones subyace un espíritu puramente masculino, al haber sido ideadas por hombres para satisfacer unas necesidades exclusivamente de hombres, nunca de mujeres, algo que ya explicaré detalladamente más adelante), como decía, si las competiciones deportivas femeninas ya eran un auténtico absurdo y una aberración, todo esto del deporte mixto sólo contribuirá a aumentar el grado de esquizofrenia social.

Es lógico que ahora mismo nos cueste imaginar que, algún día, deportes como el fútbol, el baloncesto o el rugby puedan llegar a ser mixtos, es decir, que hombres y mujeres puedan llegar a enfrentarse cuerpo a cuerpo en igualdad de condiciones; pero, del mismo modo que en el pasado eran impensables cosas como la educación mixta o la participación masiva de las mujeres en el mundo laboral y en la política, y que hoy están absolutamente normalizadas, en un futuro no muy lejano se verá como algo normal el que los equipos deportivos estén compuestos por hombres y mujeres, o incluso que, en deportes como el boxeo o la esgrima, se permita competir a un hombre contra una mujer. ¿Cómo será esto posible? Pues muy sencillo, exactamente del mismo modo que como hasta ahora se ha venido haciendo con todo lo demás: por imposición, obligando a rebajar el nivel hasta que se ajuste a las capacidades de la mujer. Es muy posible que esto haga perder a muchos hombres el interés por el deporte (lo cual facilitará aún más la nivelación, tal y como ya sucedió en el ámbito escolar), pero para el sistema, eso es lo de menos; lo importante es evitar por todos los medios que los varones puedan desarrollar y descubrir sus enormes potencialidades, para que así, poco a poco, se vayan convirtiendo en individuos aún más acomplejados y pusilánimes, en dóciles súbditos incapaces de rebelarse, siempre dispuestos a obedecer cualquier orden por muy estúpida que ésta pueda llegar a ser.

Como ya he dicho más arriba, el primer paso antes de convertir el deporte en una actividad completamente mixta, es conseguir equiparar al máximo el deporte femenino con el masculino, preparando con ello psicológicamente a la población mundial para que termine viendo como normal la conversión del deporte en una actividad mixta. Para ello, no se ha dudado lo más mínimo en recurrir al engaño masivo y a las más burdas técnicas de manipulación de las conciencias.

A pesar de que el deporte femenino jamás despertó el más mínimo interés entre las masas, y mucho menos entre las propias mujeres (por cuestiones meramente biológicas), los Estados llevan varias décadas promocionándolo con cantidades multimillonarias. Del mismo modo, y especialmente en los últimos años, los medios de comunicación de masas han aumentado de forma significativa la atención prestada al deporte femenino. Evidentemente, si lo que se perseguía con esta promoción del deporte femenino era una rentabilidad económica, todo ha sido un negocio ruinoso. Sin embargo, si el objetivo buscado era disminuir el grado de influencia que, hasta hace pocos años, lo masculino tenía en la sociedad gracias al deporte, el plan ha sido un éxito. Esta equiparación del deporte femenino con el masculino sólo está sirviendo para ridiculizar al varón, para degradar socialmente la masculinidad, convirtiendo al hombre en un ser cada vez más acomplejado y, de este modo, en alguien mucho más fácil de manipular.

En este sentido, me llamó particularmente la atención el gran esfuerzo que se hizo por conseguir que fuera una mujer la entrenadora del equipo masculino español de tenis de Copa Davis. En primer lugar, es importante señalar que el tenis masculino y el femenino no sólo se diferencian en que los partidos de las mujeres suelen durar menos tiempo que los de los hombres (los puntos disputados entre mujeres suelen ser más cortos y los partidos se suelen disputar a menos sets) o en que aquéllas tienen derecho a más descansos que éstos, sino que el material utilizado es diferente (pelotas de menor peso para las mujeres, que hacen que su velocidad sea menor). Dicho esto, es incomprensible que se eligiera a una mujer como entrenadora, y aún más incomprensible que esa mujer fuera Gala León, una extenista que ni siquiera llegó a estar entre las 10 mejores del mundo en toda su carrera deportiva, y que, probablemente, no habría sido capaz de ganar ni un sólo juego a los hombres a los que iba a entrenar, ni aún estando en la misma forma que en su mejor época. Este despropósito podría ser comparable a haber elegido como entrenador a un exjugador de ping-pong (por no hablar de la menor capacidad de las mujeres para el liderazgo). Evidentemente esta decisión levantó ampollas entre muchos jugadores, aunque la corrección política les impidió entrar en la cuestión de fondo, limitándose a decir cosas como: "que si Gala no le había ganado a nadie", "que si había gente mejor preparada que Gala", "que si la decisión de nombrar a Gala era una maniobra del presidente de la Federación de tenis para protegerse de las acusaciones de prevaricación hechas por el Tribunal Administrativo del Deporte" [2], etc. Finalmente, en lugar de Gala León, se puso a Conchita Martínez, una extenista cuya carrera deportiva fue bastante más exitosa que la de Gala. Lo cierto es que la estrategia utilizada fue perfecta, pues sabían que los jugadores jamás se atreverían a tocar la cuestión de las diferencias de sexo, una cuestión tabú en nuestra sociedad, de tal modo que el nombramiento de una extenista muy mala primero, y el de otra un poco mejor después, desmontaba los argumentos políticamente correctos utilizados por los jugadores para evitar que una mujer fuese su entrenadora: "¡Que Gala es muy mala! Pues ahí tenéis a Conchita. Y ahora, si tenéis huevos, decid que no la queréis porque es mujer". ¡Esto es lo que se denomina meterla con calzador!

El tenis parece un banco de experimentación para el ginocentrismo en su actual guerra contra la virilidad, pues fue precisamente ahí donde se implantó hace unos años la primera competición mixta del deporte profesional: la competición de dobles mixtos, una competición que parece haber arraigado con bastante fuerza en el circuito tenístico y que ha llegado a convertirse incluso en modalidad olímpica. También en el tenis, desde hace poco, se ha empezado a poner a mujeres a arbitrar partidos entre hombres. ¿Podrán los jugadores protestarles alguna decisión con la que no estén de acuerdo, o esta actitud será considerada como machista?


Por otro lado, bajo la decisión de las grandes corporaciones mediáticas de incrementar sustancialmente en los últimos años el número de mujeres que comentan competiciones deportivas masculinas, se esconde el mismo objetivo que en los casos anteriores, es decir, inocular en el inconsciente colectivo mundial el acientífico argumento de que las diferencias sexuales no deben ser tenidas en cuenta en el deporte. Además, en este asunto de las comentaristas deportivas, no se debería de subestimar las consecuencias que sus análisis y comentarios podrían acabar teniendo sobre el aparato auditivo y el sistema nervioso de telespectadores y oyentes, lo cual sólo podrá valorarse en su justa medida dentro de unos años.

Por último, no debemos olvidar el enorme esfuerzo que, desde hace tiempo, viene haciendo la escuela para fomentar el deporte mixto entre los alumnos, reprimiendo y estigmatizando la virilidad de los niños desde muy temprana edad para que las niñas se animen a participar en actividades deportivas conjuntas. Una medida propia de todo un IV Reich.

Todos estos esfuerzos han sido necesarios debido a que el deporte es, por su misma naturaleza, una actividad esencialmente masculina. El deporte, tal y como lo entendemos hoy en día, es una actividad que surgió en las Publics Schools británicas a principios del siglo XIX como un método para regular,  en un entorno semicarcelario como aquél, la libido sexual masculina. Es decir, se trata de una actividad esencialmente masculina, pues fue inventada con la intención de dar salida a una serie de necesidades e instintos exclusivamente masculinos, grabados a fuego en los genes de los hombres tras millones de años de evolución. Una prueba de todo esto lo constituye el hecho de que la mujer es incapaz de disfrutar del deporte del mismo modo en que lo hace un hombre. Para ellas, el deporte no es un fin en sí mismo, sino un medio para alcanzar otro fin. Un niño empieza a jugar al fútbol porque, simplemente, disfruta corriendo detrás de una pelota, y no por la perspectiva de hacerse famoso y estar rodeado de bellas mujeres. Sin embargo, una mujer suele hacer deporte para contentar a sus padres o demostrarles su valía, es decir, por necesidades meramente adaptativas, nunca por puro placer. La progresiva incorporación de las mujeres a una actividad tan contraria a su naturaleza como es el deporte [3] sólo ha podido ser posible mediante un proyecto de "ingeniería social" perfectamente diseñado: por un lado, explotando al máximo eso que Freud denominó Envidia Fálica (nacida del rencor producido por la incapacidad de aceptar el dominio físico y mental que sobre ella ejerce el hombre), y por otro, removiendo por completo todas las trabas que impedían que las mujeres pudieran desarrollar su instintiva necesidad de parasitar a los hombres en este ámbito.

Debido al fuerte instinto gregario de las mujeres y a su necesidad de ser aceptadas y admiradas por el conjunto de la comunidad, la única práctica deportiva que podría estar a salvo del parasitismo femenino sería aquella que fuera ilegal o que estuviera socialmente mal vista. Un ejemplo paradigmático es el skateboard, una actividad perseguida por las autoridades durante décadas. Si un policía te veía patinando por la acera o en una plaza, podía caerte una fuerte multa; gracias a eso, se mantuvo a salvo del parasitismo femenino durante muchos años. Desgraciadamente, a partir del momento en que dichas autoridades rebajaron el nivel de control sobre los skaters, las mujeres empezaron a parasitarlo en masa. Algo parecido, salvando las distancias, es lo que ya pasó en su día con los moteros o el satanismo, o lo que hoy está pasando con el tema de los grafitis, donde el parasitismo femenino empieza a ser una plaga.

En el fondo, el ginocentrismo no deja de ser un sistema parasitario (explotación de los machos de la especie humana), y como hacen los parásitos, su táctica se basa en la persistencia, consiguiendo sus objetivos por agotamiento de la víctima; aunque, en este caso, lo más correcto sería decir: por aburrimiento, un modo de actuar típicamente femenina y que recuerda bastante a lo teorizado por la Sociedad Fabiana (la táctica de la contemporización) hace casi un siglo para alcanzar sus objetivos, no en vano, esta sociedad nació bajo los auspicios de una mujer: la Reina Victoria de Inglaterra. En realidad, la Sociedad Fabiana tiene mucho que ver con todo lo que hoy está pasando en nuestro mundo. Esta sociedad británica, de raíces judeocristianas [4], surgió, básicamente, con la misión de renovar el viejo sistema ginocentrista, y para ello ideó un proyecto al que se conocería como Nuevo Orden Mundial, donde el feminismo estaba destinado a jugar un papel capital, casi como el de una nueva religión; de hecho, muchas de las fundadoras de esta sociedad fueron o acabarían siendo importantes activistas feministas.

El feminismo no es más que el sucesor de las viejas estrategias empleadas por el judeocristianismo para sojuzgar la virilidad. Según Nietzsche, estas estrategias tendrían como objetivo debilitar al hombre: "El cristianismo pretende ejercer su poder sobre animales salvajes; el medio que utiliza es ponerles enfermos; la debilitación es la receta cristiana para la domesticación" (El Anticristo, 22). Debido al progresivo aumento de las demandas femeninas, el cristianismo se quedó obsoleto, por lo que se hizo necesario idear un método más agresivo, con el fin de debilitar y domesticar al hombre en función de las nuevas necesidades; así surgió el feminismo. En nuestros días, este debilitamiento del hombre se efectúa, no sólo mediante una demonización sin precedentes de lo masculino, sino, especialmente, mediante el ensalzamiento sin límites de lo femenino.

Si Freud ya vio en su época que muchos trastornos psicológicos (especialmente los de tipo sexual) tenían su origen en una enfermiza relación de los individuos con sus madres (el Complejo de Edipo no era más que una consecuencia del viejo orden ginocentrista judeocristiano), imaginaos lo que puede estar sucediendo en un siglo hiperginocentrista como el nuestro, en el que las mujeres, al ser tratadas desde su nacimiento casi como criaturas celestiales, considerarán que sus parejas (por más dinero o estatus social que puedan tener) se encuentran siempre muy por debajo de su condición "semidivina", lo cual las cargará de un enorme rencor y resentimiento hacía lo masculino, que acabarán transmitiendo a sus hijos. El actual empoderamiento de la mujer y la mitificación de lo femenino sólo está provocando fuertes complejos en los hijos, especialmente en los varones. Por eso, en nuestros días, si alguien quiere recuperar un cierto equilibrio mental, se hace más necesario que nunca desmitificar la idolatrada figura materna, así como decodificar todo el rencor que "mamamos" de nuestras madres hacia lo masculino (por no hablar de toda la mierda que nos transmitieron unos padres adoctrinados durante la destructiva segunda ola del feminismo).

La mentalidad judeocristiana, al dominar durante tantos siglos, se extendió de tal forma sobre nuestra civilización, que, a pesar de la aparente laicidad del occidente actual, apenas hay algo que no esté contaminado por su ponzoñosa influencia. El judeocristianismo no sólo está detrás del feminismo, sino de absolutamente todo lo demás. La manipulación artificial del clima (chemtrails, HAARP, etc...) y la conocida como Guerra Mundial contra el Terrorismo (dirigida esencialmente contra el mundo árabe) no son más que dos de las muchas metástasis de este corrosivo cáncer, cuyo objetivo es terminar imponiendo lo cuantitativo sobre lo cualitativo, la seguridad sobre la libertad, la materia sobre el espíritu, lo femenino sobre lo masculino. Precisamente, el genial Nietzsche, hace más de un siglo, ya dio una explicación bastante esclarecedora sobre el motivo del odio de occidente hacia el mundo árabe, una explicación que nos podría servir para entender un poco mejor por qué el occidente actual se ha tragado con tanta facilidad el infumable cuento del terrorismo islamista: "La maravillosa civilización árabe de España, mucho más afín a nuestros sentidos y a nuestros gustos que Grecia y Roma, fue pisoteada (no diré por qué pies); y lo fue porque debía su origen a instintos nobles, a instintos de hombres, porque afirmaba la vida, aunque lo decía con los refinamientos más raros y preciosos de la vida morisca" (El Anticristo, 60). Extrañamente, muchos antifeministas acaban utilizando su discurso para atacar al mundo árabe, recurriendo a absurdas e irracionales soflamas que parecen sacadas de la época de las cruzadas, como por ejemplo, la majadería, muy extendida en foros antifeministas, de que el feminismo es una estrategia para destruir la cultura occidental y facilitar una supuesta invasión musulmana. Por un lado, hace ya varias décadas que en occidente no hay nada que salvar, pues todo ha caído bajo las destructivas garras del feminismo; y por otro, utilizar el antifeminismo como excusa para atacar a una cultura que aún mantiene a raya a este nuevo tipo de ginocentrismo, sólo sirve para allanarle aún más el camino [5] (¡la destrucción de la cultura occidental sólo ha sido el preludio de la total destrucción del resto de las culturas del planeta!). Todo apunta a que se trata de una estrategia de disidencia controlada: "no importa criticar al feminismo si esto sirve para justificar un ataque al Islam (o, incluso, a los pueblos eslavos), pues una vez suprimido éste, el feminismo podrá por fin campar a sus anchas a lo largo y ancho del planeta, y ¿qué mejor estrategia que utilizar la careta del antifeminismo para ganarse el apoyo de sus más acérrimos enemigos, animándoles a que hagan de perros guardianes del afeminado occidente hasta que la cultura de los visitantes haya sido completamente asimilada?". Una asimilación que, en España, la están llevando a cabo la vanguardia del feminismo: el partido político Podemos y demás grupos izquierdistas, quienes, con su apoyo incondicional a los refugiados (Wellcome Refugees), tratan de ganarse al mundo árabe para que acabe aceptando sus ideas por simpatía; un tipo de estrategia que también encaja mucho con el carácter femenino (me recuerda a la usada por muchas mujeres durante el noviazgo para conseguir llevar al novio al altar).

Debido al espíritu esencialmente femenino que impera en nuestros tiempos, no es muy difícil predecir el futuro que nos espera si todo sigue por el mismo camino, basta con ponerse por unos instantes en la piel de una mujer y pensar como tal:
- Chips de geolocalización subcutáneos que permitirán satisfacer el instinto posesivo y la insaciable curiosidad femenina (tener controlado y saber, en todo momento, dónde se encuentra su hijo, su marido o su amante).
- Desaparición del dinero material (papel-moneda) para sacar de la circulación a vagabundos, alcohólicos y demás varones improductivos que vivan exclusivamente de limosnas o ayudas. Con esta misma finalidad, se dificultará el acceso a alimentos y bebidas naturales (incluido el agua), llegando a sustituirlos por otros de tipo sintético o artificial, que, con la excusa de combatir el sobrepeso o el colesterol, sólo podrán ser adquiridas mediante prescripciones médicas personales e intransferibles, a las que sólo tendrán derecho las personas que tributen impuestos.
- Control total del clima a través de la tecnología, con el fin de conseguir que sólo llueva por las noches y así poder ir a tomar tranquilamente el sol a la playa durante el día. Esta limitación de las precipitaciones se extenderá a las noches de los sábados, para poder "zorrear" a gusto, sin miedo a que el nuevo modelito o el peinado de peluquería puedan estropearse.
- Probablemente todo acabará con la transformación de la vida humana en una especie de simulación virtual-neural, que permita a las mujeres satisfacer sin riesgos y sin límites todos sus caprichos, evitando así tener que enfrentarse a las responsabilidades y riesgos que la vida lleva aparejada.

A continuación os dejo un par de vídeos que quizá puedan seros de alguna ayuda para afrontar con un poco más de objetividad y perspectiva estos duros tiempos de totalitarismo ginocentrista que nos ha tocado vivir... y lo que aún está por venir.





No os recomiendo ver el resto de la peli a la cual pertenecen estas escenas, pues la finalidad de la misma es precisamente la contraria a todo lo que aquí dice el personaje interpretado por Tom Cruise, es decir, adoctrinar a los hombres para que vean la virilidad como algo negativo. Esta estrategia ha sido siempre una constante en el cine de Hollywood, ya se intentó algo parecido con Un Tranvía Llamado Deseo (Elia Kazan, 1951). Sea como fuere, esta película también nos ha legado magníficas escenas de las que extraer grandes lecciones.

Me gustaría terminar planteándoos una sencilla reflexión: ¿Qué pensaríamos de una persona que se pasea ante una multitud hambrienta exhibiendo suculentos manjares pero rodeada de un ejército armado hasta los dientes dispuesto a acribillar a balazos a todo aquel que osara acercársele, aunque fuera tan sólo para disfrutar del aroma? Lo cierto es que esto no parece muy diferente a lo que hacen las féminas occidentales de hoy en día, poniéndonos prácticamente delante de la cara, a cada hora y en todo lugar -bibliotecas, museos, supermercados y hasta en las salas de espera de las consultas médicas-, sus tetas y sus culos, pues ¡pobre de ti como a tus instintos naturales se les ocurra seguir su libre curso!, el simple hecho de soltarlas un piropo puede ser motivo de denuncia (o, como mínimo, de que te ladren). El resultado de todo esto: hombres constantemente cachondos pero al mismo tiempo salvajemente reprimidos, ¡una fórmula perfecta para manejarles como a tiernos corderitos! Y todo ello gracias a la activa y entusiasta colaboración de nuestras queridas bigotudas. Creo que atribuirlas el calificativo de miserables no es suficiente para definir su despreciable actitud. Viendo cómo están las cosas, se puede afirmar, sin temor a equivocarnos, que, en estos tiempos, no hay mujeres más honestas que las prostitutas: desde el primer momento te dejan muy claro que lo único que quieren de ti es tu dinero.

A pesar de todo lo dicho, no creo que la solución sea reprimir a la mujer, convirtiéndola en una amante dulce y servicial, para que el varón desempeñe su rol de esclavo-proveedor con un mayor nivel de motivación, tal y como hace el Islam o hizo el cristianismo en su día (ginocentrismo antiguo), pues, de un modo u otro, su verdadera naturaleza -hipergamia, egocentrismo, falsedad, etc.- siempre acaba saliendo a la luz; aunque me parece mucho peor que no se haga nada de lo anterior y, encima, se impida, ya sea mediante la censura o la mentira masiva (campañas de divinización de la mujer), que los hombres tengan conocimiento de la verdad, tal y como sucede en el occidente actual (ginocentrismo moderno). En el fondo, tanto una cosa como la otra, son formas de enmascarar la realidad y de engañar a los varones para que terminen haciendo lo que a otros les interesa que hagan; un engaño que es la causa de la terrible frustración vital que, tarde o temprano, acaban padeciendo todos los hombres que viven en estos regímenes, al no ver nunca cumplidas las expectativas que el sistema les había creado, lo cual, en muchas ocasiones, puede llegar a tener trágicas consecuencias. Únicamente sabiendo a lo que nos enfrentamos, sabremos a qué atenernos y qué precauciones tomar. Probablemente, hasta que no nos hayamos liberado por completo de esperanzas, ilusiones y demás falsas percepciones de la realidad, no empezaremos a disfrutar plenamente de las muchas posibilidades que este Mundo nos ofrece.

Notas:
[1] En su obra El Paraíso Perdido, John Milton decía por boca de Adán: "Siempre querrá ésta (la mujer) imponer sus deseos y sus caprichos." (Libro noveno)
[2] El propio Rafa Nadal llegó a decir que el deporte no debería ser usado para hacer política. Unas declaraciones un tanto ingenuas, pues el deporte ha sido y será siempre la continuación de la política por otros medios, y si no, que le pregunten a Putin sobre la semiexclusión de Rusia de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro o sobre el polémico caso del doping de la tenista rusa María Sharapóva. Cuando alguien acepta las reglas de un show creado por psicópatas y criminales internacionales, cuyo objetivo es el adoctrinamiento de las masas, tendría que saber que, a partir de entonces, se expone a ser inmolado, como si de un cordero sacrificial se tratase, en el momento más inesperado. Pensemos en todo el espectáculo sensacionalista que se ha montado en torno a los casos de los futbolistas De Gea, Muniain o Benzema, utilizados para criminalizar a los clientes de prostitución femenina (exclusivamente a los clientes varones).
[3] No incluyo aquí actividades como la gimnasia rítmica, la natación sincronizada o el patinaje artístico, actividades mucho mas relacionadas con las artes de seducción femeninas que con el deporte en sí; de hecho, en las mismas, no existe un criterio objetivo que determine la victoria o la derrota (menor tiempo empleado, mayor número de tantos anotados, mayor fuerza realizada o distancia alcanzada), sino uno meramente subjetivo (el gusto estético de unos jueces).
[4] Como ya he dicho, la Sociedad Fabiana nació bajo el auspicio y con el patrocinio de la Reina de Inglaterra, máxima representante de la Iglesia Anglicana (cristianismo inglés).
[5] En cualquier caso, el Islam ya no es ni la sombra de lo que era, además, nunca dejó de ser una cultura esencialmente ginocentrista, por lo que era una simple cuestión de tiempo el que acabara siendo absorbida por otra cultura ginocentrista aún más agresiva (como ya le pasó al cristianismo en occidente). Estos son los riesgos de condescender con las mujeres.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La caja de comentarios no debe ser usada como un medio para descargar bilis, para reafirmar filias, fobias y otras creencias personales y, ni mucho menos, para "trolear" el blog. Los comentarios sobre lugares comunes (oficiales o alternativos) serán también rápidamente desechados. Si vais a comentar algo, ¡sed un poco originales, joder!