martes, 28 de febrero de 2017

La homosexualidad, un efecto colateral del ginocentrismo

"Yo siempre he creído que son muy pocos los que sobreviven a una madre. (...) Mi libro trata sobre los valores en decadencia, ¿comprendes? Verás, resulta que hace años escribí un cuento sobre mi madre, titulado "La sionista castradora", y quiero convertirlo en una novela." (Woody Allen, Manhattan)

Las teorías oficiales sobre la homosexualidad, las llamadas teorías de género, parecen más próximas a la religión que a la ciencia. Y es que, según lo que sostienen estas teorías, parecería que los homosexuales fueran homosexuales debido a una especie de intervención sobrenatural. La homosexualidad aparecería en determinadas personas de repente, sin más, como por arte de magia; a unos les tocaría ser homosexuales y a otros no, y ya está, no hay más que hablar, se trata de una simple cuestión de azar. Sin embargo, las cosas no son tan sencillas.

Hasta la fecha, todas las civilizaciones han sido esencialmente ginocentristas, es decir, se han venido estructurando poniendo en el centro a la mujer, o mejor dicho, su vagina. Esta adoración y sobrevaloración de todo lo femenino, en los períodos de decadencia, acaba degenerando en misandria (odio al hombre), ante lo cual, muchas personas acaban optando por la homosexualidad como una vía de escape a las tensiones sociales, como una forma de adaptarse a una sociedad en la que todo lo masculino es visto cada vez con mayor repulsión. Muchos niños, desde muy pequeños, debido a este clima de misandria, inconscientemente castrarán sus tendencias sexuales naturales con el fin de ganarse algo tan importante para ellos como es el afecto y el amor de una madre, de una hermana o de cualquier otra mujer con la que se críen.

El creciente auge de la homosexualidad en nuestros tiempos no es sino una consecuencia lógica de una sociedad ginocentrista que se hunde en su decadencia debido a la continuada y progresiva condescendencia con todos los caprichos de las mujeres.

El sistema sabe que no puede combatir la decadencia. No puede decirles a las mujeres que se han vuelto unas misándricas insoportables y que ellas son las culpables de la homosexualidad de sus hijos o hijas (hermanos o hermanas), porque perdería su apoyo; por eso prefiere nadar a favor de corriente. Esta sería la razón por la que hoy la homosexualidad es vista con tan buenos ojos. No es que la homosexualidad se esté promocionando con el propósito de convertirnos a todos en maricas, esto es algo que no se puede conseguir a través de la propaganda; lo que se pretende es ganarse el favor de unas masas hiperginocentristas que, inconscientemente, perciben la homosexualidad como el ideal de doma masculina o de liberación femenina.

Además, esta promoción de la homosexualidad es muy útil al sistema para avergonzar a los individuos sexualmente sanos y convertirles en siervos aún más dóciles y productivos. Al poner al mismo nivel algo normal y algo que no lo es y lanzarse con furia inquisitorial contra todo aquel que se niega a aceptar semejante estado de cosas, se consigue generar un profundo sentimiento de inseguridad entre los individuos, haciéndoles así mucho más vulnerables a la manipulación sistémica [1]. Todo muy parecido a lo que lleva haciendo la religión durante siglos, ensalzando, como un ideal, la castidad de curas y monjas y asociando las pulsiones sexuales naturales con lo demoníaco.

A pesar de que hoy muchos ven la homosexualidad como algo liberador, ésta no es más que una consecuencia de la represión sexual ejercida por una civilización radicalmente ginocentrista y misándrica [2]; y, como toda represión, ésta sólo puede acabar teniendo consecuencias devastadoras sobre la psique humana, tanto sobre la de quienes la practican como sobre la de aquellos a los que se les obliga a aceptarla como una tendencia sana.

Una cosa es que haya que respetar a los homosexuales por tratarse de personas cuya tendencia sexual obedece a un trauma infantil irreparable ya a cierta edad (un respeto que no implica ignorar el enorme resentimiento del que están cargados estas personas, fácilmente apreciable en las campañas inquisitoriales lanzadas por el lobby gay contra todo aquel que osa cuestionar pacíficamente sus teorías de "género"), y otra muy distinta es tomarnos a todos por idiotas y hacernos comulgar con ruedas de molino, obligándonos a aceptar como algo natural y propio de personas sanas y equilibradas aquello que no lo es.

"Hay demasiada gente con miedo a hablar contra los maricas, intelectualmente. Lo mismo que hay demasiada gente que tiene miedo a hablar contra la izquierda, intelectualmente. No me preocupa el rumbo que tome el asunto, sólo sé que hay demasiada gente con miedo." (Charles Bukowski, Escritos de un viejo indecente)

Notas:
[1] Algo parecido ocurre con todo el tema de la llamada violencia de género. Al convertir en alarma social algo que no deja de ser un mero suceso (al año mueren más personas durante el coito, por deficiencias cardíacas, que por violencia intrafamiliar), y al hablar sólo de los casos en los que la víctima es una mujer, lo que se busca es criminalizar y avergonzar al conjunto de la población masculina; el objetivo es moralizar a los hombres para que, por miedo a ser considerados machistas o maltratadores, ni siquiera se les pase por la cabeza la idea de llevar la contraria a sus "doñas" y se sometan por completo al carácter femenino, convirtiéndoles así en sujetos débiles y pusilánimes, fáciles de manipular.
[2] En el fondo, los hombres homosexuales son individuos tremendamente atemorizados con el sexo femenino y necesitados, para todo, de su continua aprobación y validación. No es casualidad que las asociaciones de homosexuales trabajen codo con codo con las asociaciones feministas, o que los presentadores o colaboradores de los programas para "marujas" sean mayoritariamente homosexuales.

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